Se acerca Halloween y es un buen momento para hablar de una de las muertes m√°s espantosas que un ser humano puede tener: el llamado entierro prematuro en un ata√ļd. Historias reales y leyendas se juntan para conformar una de las fobias m√°s comunes.

En realidad no tiene por qué ser un accidente. Por supuesto, cuando se trata de sepultar un cuerpo humano que todavía respira puede ser accidental, pero la historia también nos indica que ha formado parte de las torturas más terribles para ejecutar a una persona.

La literatura y el cine también han ayudado a que esta forma de sucumbir, aunque solo sea un pensamiento fugaz, se vea como una de las muertes más terroríficas. Por ejemplo, Buried de Rodrigo Cortez, o la Beatrix Kiddo de Tarantino.

Screenshot: Buried

En Kill Bill 2 ve√≠amos como la hero√≠na del filme emerg√≠a con unos pocos aunque sangrientos golpes de nudillo de su propia tumba. Ese grado de fuerza y ‚Äč‚Äčperseverancia, aunque √ļtil a unos cent√≠metros del suelo, desafortunadamente existe solo en la ficci√≥n. En la vida real, la v√≠ctima enterrada se muere, aunque el proceso mortal hasta ello no es tan malo como se podr√≠a pensar.

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Imaginar cómo una persona sucumbe a la muerte cuando está enterrada viva ha proporcionado material para la imaginación depravada de muchos a lo largo de los siglos. Poe escribió The Premature Burial durante el apogeo de la epidemia de cólera en el siglo XIX, el cual dio origen a una fobia general a ser enterrado vivo.

En respuesta a ello, los ‚Äúata√ļdes de seguridad‚ÄĚ, equipados con campanillas para los enterrados por error para alertar a los vivos, aumentaron en popularidad. Si bien el error del sepulturero se ha reducido considerablemente desde entonces, la fobia no, en parte gracias a la m√≥rbida fascinaci√≥n por la forma en que el entierro prematuro realmente nos mata.

Image: Wikimedia Commons

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De encontrarte en esta improbable situaci√≥n, se calcula que una persona normal y saludable pueda tener de 10 minutos a una hora, o de seis a 36 horas, dependiendo de las variables de cada cuerpo humano, antes de que ese ata√ļd se convierte en una tumba de verdad.

En cualquier caso, los cient√≠ficos no se ponen de acuerdo en los tiempos exactos, aunque una cosa es segura: no ser√≠a mucho. Todo se reduce a la cantidad de aire disponible en el propio ata√ļd. Cuanto m√°s peque√Īo seas, m√°s tiempo sobrevivir√°s, principalmente porque ocupas menos espacio, lo que significa m√°s espacio para el ox√≠geno.

El momento en que tu suministro de oxígeno se va, ha llegado tu hora. Y no importa demasiado que hayas sido un gran deportista, los nadadores o corredores de maratón con excelente capacidad pulmonar pueden ganar un minuto extra al contener la respiración.

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Image: Wikimedia Commons

Seg√ļn le contaba a Popsci el profesor de la Universidad de Chicago, Alan R. Leff, ‚Äúno hay nada que alguien enterrado vivo pueda hacer. Una vez que est√°s all√≠, est√°s ah√≠‚ÄĚ. El profesor se basaba en datos objetivos: el ata√ļd est√° probablemente bien sellado, y eso sin mencionar que est√° enterrado unos metros bajo tierra.

Leff explicaba que incluso si pudieras salir del ata√ļd sin agotar tu suministro de aire primero, te encontrar√≠as en una situaci√≥n similar a ser enterrado en un mega derrumbe o avalancha. La tierra ser√≠a tan densa y pesada que tu pecho no podr√≠a expandirse, y caer√≠a en tu boca o fosas nasales, lo que probablemente acabar√≠a obstruyendo las v√≠as respiratorias.

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Image: Wikimedia Commons

Sin embargo, y seg√ļn el profesor, hay un momento donde la aterradora situaci√≥n se tornar√≠a a un ‚Äúdulce‚ÄĚ sue√Īo. Y es que a medida que el di√≥xido de carbono se acumula, te dar√° sue√Īo y normalmente caer√°s en coma antes de que tu coraz√≥n se detenga y el resto de tu cuerpo le siga. ‚ÄúEs posible que sientas la asfixia y, obviamente, ser√≠a aterrador‚ÄĚ, dice Leff, ‚Äúpero al menos no estar√≠as consciente durante esos √ļltimos momentos‚ÄĚ.

Por cierto, el truco para ralentizar el proceso de asfixia es tomar respiraciones lentas y poco profundas, algo que no ser√° f√°cil una vez que comiences a sentir p√°nico. Conservar el aire que no has desplazado con tu cuerpo es clave. En promedio, el volumen de una persona es de 66 litros, y el ata√ļd promedio tiene capacidad para 886 litros: el resto de 820 litros de aire, 164 litros de los cuales es ox√≠geno, es tu raci√≥n.

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Como dec√≠a el estadista Felipe Stanhope de Chesterfiels, ‚Äútodo lo que deseo para mi propio entierro es que no me entierren vivo‚ÄĚ. [Wikipedia, Popsci, Ranker]