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Ciencia

Descifran un misterio que venía desconcertando a la ciencia desde hace más de un siglo al explicar las cascadas rojizas de la Antártida

Un lago oculto bajo cientos de metros de hielo ha permitido resolver el misterio de una cascada roja en la Antártida que confundió a científicos durante más de un siglo
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En uno de los lugares más fríos y áridos del planeta existe un fenómeno que parece desafiar todas las reglas de la lógica. Desde un glaciar antártico fluye un chorro de agua de color rojo intenso, como si el hielo hubiera comenzado a sangrar. Durante más de cien años, las Cataratas de Sangre fueron un rompecabezas para exploradores y científicos. Hoy, tras décadas de análisis y tecnología avanzada, sabemos qué las origina y por qué se han convertido en uno de los laboratorios naturales más importantes para estudiar la vida en condiciones extremas.

Un fenómeno descubierto hace más de cien años que aún despierta preguntas

Cataratas De Sangre Mcmurdo
© U.S. Department of State from United States, Public domain, via Wikimedia Commons

Las Cataratas de Sangre se encuentran en los valles secos de McMurdo, una de las regiones más inhóspitas de la Antártida. El geólogo Thomas Griffith Taylor las describió por primera vez en 1911, cuando observó una corriente roja que descendía desde el glaciar Taylor hacia el lago Bonney. Aquella imagen desconcertó a los primeros expedicionarios. En un intento de explicación, se pensó que el color podía deberse a algas, una hipótesis lógica para la época, pero completamente errónea, como se descubriría un siglo después.

Las temperaturas en esta zona pueden llegar a los –60 °C, por lo que la presencia de agua líquida ya era en sí un misterio. Pero su color, aún más. No fue hasta 2017 cuando un equipo de investigadores logró reconstruir la historia completa del fenómeno utilizando radares especiales y datos geológicos acumulados a lo largo de décadas.

La verdadera causa del tono rojo: un lago oculto bajo el hielo antártico

Lago Subglacial
© Zina Deretsky / US National Science foundation (NSF), Public domain, via Wikimedia Commons

Las investigaciones revelaron la existencia de un lago subglacial formado hace unos cinco millones de años. Durante aquella época, el nivel del mar era más alto y grandes masas de agua salada quedaron atrapadas bajo capas de hielo a medida que la Antártida se enfriaba. Ese lago permaneció aislado a más de 400 metros de profundidad, sin contacto con la atmósfera, en completa oscuridad y progresivamente más salado.

Con el paso del tiempo, el agua alcanzó una concentración de sal tres veces mayor que la del océano. Esa salinidad extrema impide que se congele incluso en temperaturas bajo cero. Pero la clave del color se encuentra en el hierro presente en el agua, resultado de la fricción entre el glaciar y la roca subyacente. Mientras fluye bajo el hielo, el agua se mantiene sin oxígeno. Cuando aflora a la superficie y entra en contacto con el aire, ese hierro se oxida y adquiere el característico tono rojo que da nombre a las Cataratas de Sangre.

Lo llamativo no es solo su color: también lo es que esa corriente logre filtrarse a través de grietas del glaciar Taylor y salir al exterior sin congelarse, un proceso que demuestra la compleja dinámica interna de los glaciares antárticos.

Un ecosistema oculto que lleva millones de años sobreviviendo sin luz ni oxígeno

Microorganismos Cataratas De Sangre
© National Science Foundation/Peter Rejcek, Public domain, via Wikimedia Commons

La historia del lago subglacial no termina con la explicación del color. El agua que lo compone alberga microorganismos que han sobrevivido aislados durante millones de años en un entorno que, a primera vista, parece incompatible con la vida. Allí dentro no hay luz, apenas hay nutrientes y el oxígeno prácticamente no existe.

Aun así, estos microbios han desarrollado estrategias químicas únicas para obtener energía. Separan los sulfatos disponibles y utilizan el hierro del agua para regenerarlos, creando un ciclo cerrado que les permite mantenerse activos sin depender de elementos externos. Este ecosistema demuestra hasta qué punto la vida puede adaptarse a condiciones extremas, lo que lo convierte en un campo de estudio esencial para disciplinas como la astrobiología.

Las condiciones del lago se consideran un posible análogo de otros mundos congelados del sistema solar. Por eso, estudiar cómo sobreviven estos microorganismos ayuda a comprender qué formas de vida podrían existir en lugares como Marte, la luna Europa de Júpiter o Encélado, el satélite de Saturno, donde también se sospecha la presencia de agua bajo el hielo.

Un rincón remoto que sigue desafiando a científicos y exploradores

A pesar de su fama, las Cataratas de Sangre siguen siendo un destino inaccesible para la mayoría. Solo se puede llegar en helicóptero desde bases científicas o mediante expediciones especializadas en el mar de Ross. Su lejanía y sus temperaturas extremas hacen que la zona reciba muy pocas visitas, pero los datos obtenidos en cada campaña resultan fundamentales para entender cómo funciona este ecosistema único.

Además de su interés científico, la región es clave para estudiar el impacto del cambio climático en los glaciares antárticos. La dinámica del glaciar Taylor, las filtraciones subglaciales y la estabilidad del lago oculto son piezas de un rompecabezas que ayuda a predecir cómo puede evolucionar el hielo continental en las próximas décadas.

La explicación de las Cataratas de Sangre pone fin a un siglo de incógnitas, pero también abre nuevas líneas de investigación. Saber que un lago oculto, saturado de sal y hierro, puede albergar vida durante millones de años obliga a replantear cómo entendemos los límites de la biología. Y confirma que, incluso en los lugares más remotos del planeta, pueden esconderse respuestas que cambian lo que creemos saber sobre la Tierra e incluso sobre otros mundos.

[Fuente: La Nación]

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