Durante más de un siglo, los restos de un pequeño mamífero australiano permanecieron guardados en colecciones de museos de distintas partes del mundo. Los científicos podían observar sus huesos, medirlos y compararlos con otros animales, pero había algo que nadie había descubierto: pertenecían a una especie completamente diferente que había desaparecido antes de que la ciencia consiguiera reconocer su existencia.
El hallazgo forma parte de una investigación de diez años encabezada por el Western Australian Museum, cuyos especialistas analizaron cientos de ejemplares históricos y modernos de bandicuts, pequeños marsupiales de hocico alargado que habitan Australia y Nueva Guinea.
Los resultados, publicados en el Australian Journal of Taxonomy, permitieron reconocer dos especies adicionales dentro del género Isoodon, además de siete nuevas subespecies. Lo sorprendente es que el trabajo no comenzó con una expedición a una selva desconocida, sino revisando animales que llevaban décadas almacenados en cajones.
Una especie desapareció hace 100 años y nadie sabía que era diferente

La investigación comenzó en 2016, cuando el paleontólogo Kenny Travouillon recibió una beca para examinar ejemplares australianos conservados en museos de Europa y Estados Unidos.
Al comparar las colecciones históricas con animales modernos, encontró diferencias que no encajaban completamente con las clasificaciones utilizadas hasta entonces.
Para resolver el misterio, el equipo estudió las dimensiones de cráneos y dientes, además de analizar ADN procedente de ejemplares históricos y contemporáneos. Los resultados revelaron que la diversidad de estos marsupiales había sido subestimada.
La primera especie identificada es Isoodon microtis, conocida como pequeño bandicut pardo. Habitaba Australia Meridional, pero los investigadores consideran que desapareció hace aproximadamente un siglo.
La segunda es Isoodon moresbyensis, un bandicut de Nueva Guinea que anteriormente se clasificaba como una subespecie del bandicut pardo septentrional. Según el comunicado del Museo de Australia Occidental, la revisión eleva de cinco a siete el número de especies reconocidas en este género.
El descubrimiento también reveló que Australia perdió más biodiversidad de la que imaginábamos

Los investigadores encontraron otra sorpresa al reconstruir la distribución histórica de los bandicuts. Hasta ahora, el quenda se consideraba principalmente una especie de Australia Occidental. Sin embargo, los registros antiguos mostraron que también había habitado regiones cercanas a Adelaida, la isla Canguro y el archipiélago de Nuyts. Esto significa que Australia Meridional tuvo históricamente tres especies de Isoodon, en lugar de una como se consideraba anteriormente.
Las consecuencias van mucho más allá de cambiar nombres científicos. Una clasificación incorrecta puede hacer que las autoridades subestimen el riesgo de extinción de determinados animales o destinen recursos de conservación a poblaciones que requieren estrategias diferentes. Por ejemplo, la nueva distribución del bandicut pardo meridional (Isoodon obesulus) parece más limitada de lo que se creía, lo que podría indicar una situación de conservación todavía más delicada.
Los autores explicaron en The Conversation que la destrucción del hábitat, los cambios en los regímenes de incendios y la introducción de depredadores han provocado fuertes reducciones en numerosas poblaciones de estos marsupiales.
Ahora los científicos planean revisar otro grupo, los bandicuts de hocico largo, donde varias especies ya han desaparecido desde la colonización europea de Australia.
El descubrimiento deja una reflexión inquietante: podemos perder especies enteras sin haber llegado siquiera a comprender cuántas existían. Y mientras los investigadores continúan buscando animales desconocidos en bosques y desiertos, algunos de los grandes descubrimientos de la biodiversidad todavía podrían estar esperando dentro de los cajones de un museo.