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Ciencia

El observatorio Swift de la NASA volverá en caída a la Tierra esta semana, y te decimos dónde podrían caer sus pedazos

“No sorprendería que sobrevivieran al reingreso unos 100 kilogramos de lo que era el observatorio”.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Falló la misión de rescate que salvaría al Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA y la nave espacial se convertirá en una bola de fuego al caer en la Tierra esta semana. La mayor parte del Swift se desintegrará por el fuego, pero los expertos creen que algunos de los componentes internos podrían sobrevivir al reingreso a la atmósfera terrestre.

“No nos sorprendería”, le dijo a Gizmodo Jonathan McDowell, astrofísico y profesor honorario de la Universidad de Durham, que ha dedicado décadas a rastrear objetos en la órbita. “La nave pesa una tonelada y media y de los satélites de ese tamaño suele sobrevivir al reingreso aproximadamente un 10%”.

Eso vale para los satélites astronómicos como el Swift, que suelen tener equipamiento de telescopios de espejo y otros componentes, según McDowell. “Podrían sobrevivir al menos unos 100 kilogramos. No nos sorprendería”.

El seguimiento del descenso del Swift

El Swift pasó casi 22 años en la órbita estudiando los estallidos de rayos gamma, las explosiones más potentes del cosmos. Se lanzó en noviembre de 2004, y se suponía que la misión duraría dos años. Pero a lo largo de su carrera, tan sorprendentemente larga, el telescopio observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, 1.400 supernovas, y otros fenómenos cósmicos que dieron lugar a unos 7.000 trabajos científicos publicados, según la NASA.

Sin embargo, nada dura para siempre. El Swift ha estado perdiendo altitud poco a poco en las últimas dos décadas, como sucede con todos los satélites, pero los recientes picos en la actividad solar contribuyeron a acelerar su descenso orbital. En septiembre de 2025 la NASA contactó a Katalyst Space Technologies de Flagstaff, Arizona, para que lanzara una misión que elevara la órbita del Swift y extendiera su vida útil.

La misión LINK se lanzó en julio, pero hubo problemas con el control de actitud. Al 23 de octubre la órbita del Swift era de menos de 275 kilómetros de la superficie de la Tierra, según la NASA. Sobre la base de los datos más recientes de la Fuerza Espacial de EE.UU. McDowell dijo que el satélite reingresaría en la atmósfera entre el martes y el miércoles de esta semana.

Como no hay certezas sobre el momento, y el descenso sin control e impredecible, resulta extremadamente difícil pronosticar el punto de reingreso del Swift o de los pedazos de la nave que pudieran caer. La órbita del Swift se extiende a unos 20 grados al norte y sur del ecuador, por lo que los trozos podrían caer entre esas latitudes.

“Obviamente, gran parte de esa banda de latitud es océano”, dijo McDowell. Allí es donde hay más probabilidades de que caiga cualquier componente del Swift que sobreviva al reingreso, pero también hay masas terrestres y comunidades densamente pobladas dentro de la zona de reingreso, como zonas de África, Australia, India, sudeste de Asia y América Central y del Sur.

Las probabilidades de que un trozo del Swift caiga sobre una infraestructura o persona son extremadamente bajas. “Cuando haces los cálculos en detalle, las probabilidades son de 1 en 10.000 de que alguien termine lesionado, pero ya desde el Sputnik hemos tenido unos 10.000 reingresos, así que uno de estos días se nos acabará la buena suerte”, dijo McDowell.

Creciente riesgo de los reingresos orbitales

La órbita de la Tierra se ha poblado cada vez más y la cantidad de basura espacial que cae en la Tierra aumentó drásticamente en los últimos años. Ha habido informes de fragmentos que caen rompiendo techos, o en campos cultivados y áreas pobladas, pero son incidentes excepcionalmente infrecuentes.

“¿Hay que preocuparse porque te caiga encima un pedazo de basura espacial? No.” dijo McDowell. “Como gobierno ¿tienes que preocuparte porque a alguien le caiga basura espacial? Sí. Es un tema de políticas. No tendría que haber reingresos sin control”.

La observación del final de Swift y otras naves espaciales que reingresan puede ayudar a los investigadores a evaluar los riesgos para las personas y la infraestructura. Al entender mejor qué componentes tienden a derretirse y cuáles son los que suelen sobrevivir a las temperaturas extremas del reingreso, el diseño de los satélites podría mejorar y ser más seguro.

“Tenemos que entender además que lo que se derrite afecta la química de la atmósfera superior. Hay preocupación porque estemos perturbando el clima y la capa de ozono con todos estos reingresos”, dijo McDowell.

De modo que aunque es muy improbable que el reingreso del Swift represente peligro para las personas o bienes, sí presenta una oportunidad valiosa que podría ayudar a los científicos a mitigar futuros riesgos. El evento también marcará el final de una de las campañas de astronomía más exitosas que haya lanzado la NASA.

“Todos brindaremos por el Swift”, dijo McDowell.

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