Un hallazgo que reescribe la historia del Levante antiguo
En las áridas colinas del sur de Jordania, un equipo internacional de científicos encontró algo extraordinario: un complejo ceremonial de hace 5.500 años formado por decenas de monumentos de piedra.
El descubrimiento, publicado en la revista Levant, documenta más de 95 dólmenes y estructuras megalíticas en Murayghat, una zona que habría sido escenario de rituales y reuniones colectivas durante los albores de la Edad del Bronce.
Liderada por Susanne Kerner, arqueóloga de la Universidad de Copenhague, la investigación ofrece una mirada inédita sobre cómo las sociedades del antiguo Oriente Próximo afrontaron un periodo de crisis climática y desintegración social tras el fin de la cultura calcolítica.
Murayghat: un paisaje sagrado entre el desierto y la montaña
Las excavaciones realizadas en lo alto de una colina central revelaron un conjunto monumental de dólmenes, piedras erguidas y recintos ceremoniales.
Los dólmenes —tumbas de piedra formadas por losas horizontales apoyadas sobre otras verticales— fueron construidos entre el 3.500 y el 3.000 a. C. y estaban rodeados de espacios donde se realizaban ofrendas y banquetes rituales.
Según Kerner, “en vez de los grandes asentamientos domésticos con pequeños santuarios típicos del Calcolítico, Murayghat muestra agrupaciones de monumentos dedicados a reuniones rituales y entierros comunitarios”.
Este cambio, interpretan los investigadores, refleja una reorganización social: el poder ya no residía en una autoridad central, sino en la cohesión comunitaria a través de la ceremonia y la memoria compartida.
Archaeologists Uncover 5,500-Year-Old Ceremonial Site in Jordan, Unlocking a Bronze Age Mystery https://t.co/bY9DxXxBrJ pic.twitter.com/Y87QI94iKt
— HealthIT Policy (@HITpol) October 20, 2025
Vestigios de una sociedad en transformación
Entre los hallazgos materiales destacan fragmentos de cerámica de la Edad del Bronce Temprano, grandes cuencos comunales, piedras de moler, herramientas de sílex y pequeños objetos de cobre.
Estas piezas, junto con los restos óseos de animales y núcleos de cuerno, apuntan a la realización de banquetes colectivos y rituales funerarios, posiblemente en conmemoración de antepasados.
El análisis del terreno muestra que Murayghat no fue un asentamiento doméstico, sino un centro ceremonial intercomunitario, visible desde grandes distancias. Su posición dominante en el paisaje habría servido como marcador territorial y punto de encuentro entre diferentes grupos nómadas o seminómadas de la región.
Kerner y su equipo interpretan este fenómeno como una respuesta simbólica y social al colapso calcolítico, cuando las comunidades del Levante abandonaron sus aldeas agrícolas y buscaron nuevas formas de cohesión.
“Estos marcadores visibles —explica— ayudaron a redefinir la identidad, el territorio y los roles sociales en una época sin una autoridad central fuerte”.
Ritual, monumento y resiliencia
El colapso de la cultura calcolítica —entre 4.500 y 3.500 a. C.— marcó una ruptura profunda.
El cambio climático, la pérdida de productividad agrícola y la fragmentación política impulsaron transformaciones en las prácticas sociales.
Murayghat parece haber sido una de las respuestas más tempranas a esa crisis, sustituyendo los templos domésticos por espacios abiertos donde la monumentalidad reforzaba la pertenencia colectiva.
El estudio concluye que la innovación ritual y la construcción megalítica actuaron como mecanismos de resiliencia frente a la incertidumbre. Las comunidades, sin una jerarquía definida, usaron la piedra, el fuego y la reunión como lenguajes de resistencia cultural.
https://x.com/archeohistories/status/1945452432512696742
“En Murayghat vemos cómo la gente reconstruyó sus vínculos sociales a través del ritual —explica Kerner—. La arquitectura fue su herramienta para recordar, honrar y reinventar su identidad”.
Un laboratorio para entender la transición al Bronce
Los resultados de la investigación ayudan a reconstruir una de las fases más enigmáticas del Próximo Oriente antiguo: la transición entre el Calcolítico y la Edad del Bronce Temprano.
La evidencia sugiere que las prácticas rituales comunitarias precedieron a las estructuras políticas más complejas, lo que plantea que el origen de las ciudades y de las jerarquías pudo estar anclado en la experiencia del culto colectivo.
Aunque aún es difícil determinar el significado preciso de cada monumento, el estudio abre nuevas preguntas sobre cómo las primeras sociedades usaron la religión, la arquitectura y el paisaje para sobrevivir a la inestabilidad.
Murayghat no solo aporta datos arqueológicos: es también un recordatorio de que, incluso hace milenios, la humanidad encontró en la cooperación y la memoria compartida su forma más duradera de resistencia.
Fuente: Infobae.