Hace 35.000 años surgieron los primeros ojos azules documentados. Desde entonces, su prevalencia ha variado con la historia y las migraciones. Hoy, gracias al ADN antiguo, sabemos que los vikingos eran en su mayoría de iris claros, que los pueblos esteparios sorprendían con tonos oscuros y que, en Roma, los ojos azules casi desaparecieron. Pero, ¿realmente fue así? La respuesta, según los expertos, está entre la genética, la demografía y los vacíos de datos.
Un rastro genético en el cromosoma 15
La clave está en dos genes vecinos: OCA2, encargado de producir melanina en el iris, y HERC2, que lo regula. Una mutación en el sitio rs12913832 reduce la actividad de OCA2 y genera la típica tonalidad azul o verdosa. Este marcador permite rastrear la frecuencia de ojos claros en distintas poblaciones a lo largo de la historia.
Roma y la gran caída de los ojos claros
El investigador Davide Piffer analizó 4.133 genomas de los últimos 44.000 años. Sus resultados muestran que, en la Roma antigua, un 22% de la población tenía ojos azules. En la Roma medieval, el dato fue similar (21%). Pero durante el Imperio, la cifra se desplomó a apenas 4%.

La hipótesis más aceptada es que el prestigio de los rasgos “latinos” —piel y ojos oscuros— reforzó la presencia de la melanina, mientras que la expansión posterior de pueblos germánicos, como longobardos y ostrogodos, devolvió la proporción de ojos claros en siglos posteriores.
¿Moda genética o falta de datos?
No todos coinciden con esta interpretación. El demógrafo Lyman Stone cuestiona la fiabilidad de las muestras romanas, señalando problemas de datación y de contexto histórico. Según él, más que una desaparición de los ojos azules, lo que ocurrió fue un aumento de inmigración hacia el área metropolitana de Roma, lo que redujo la frecuencia relativa de iris claros en la capital.
De hecho, Stone advierte que la proporción pudo variar incluso dentro del mismo siglo, dependiendo de la expansión territorial y las migraciones internas.
Lo que sí sabemos
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Los ojos azules tienen un origen único, rastreable a una mutación de hace unos 35.000 años.
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Su prevalencia ha fluctuado según migraciones, conquistas y mezclas poblacionales.
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Los datos actuales sugieren que en el Imperio Romano los ojos marrones fueron mayoría, aunque no sabemos con certeza cuán drástica fue la caída de los azules.

Una lección sobre ciencia e historia
El caso romano refleja tanto la potencia como las limitaciones del ADN antiguo. Como señala Stone, “es una herramienta fantástica, pero aún difícil de interpretar”. La falta de muestras suficientes puede llevar a conclusiones exageradas.
En definitiva, el misterio de por qué los ojos azules casi desaparecieron bajo el Imperio Romano sigue abierto. La genética ofrece pistas, pero la historia se escribe también con silencios y ausencias en los datos.
Fuente: Xataka.