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Descubren un inusual brote de rayos gamma procedente del principio del universo. Era un trozo de basura espacial

Medir distancias en astronomía nunca es tarea fácil

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El Sol, visto desde la Estación Espacial Internacional.
El Sol, visto desde la Estación Espacial Internacional.
Foto: NASA / ESA (Other)

El 7 de abril de 2017, un equipo de astrónomos del Instituto de Astronomía y Astrofísica de China estaba estudiando una galaxia distante llamada GN-z11 cuando detectaron un destello inusual que parecía proceder de un brote masivo de rayos gamma... El brote ha resultado ser un poco más cercano.

Ocurrió cuando el astrofísico Linhua Jiang y su equipo analizaban algo más de cinco horas de datos procedentes del instrumento MOSFIRE en el telescopio Keck I de Hawái. Lo que detectaron fue un destello de 245 segundos procedente del mismo punto en el espacio que la galaxia GN-z11. Tras descartar que fuera un satélite o un planeta cercano, el equipo analizó el destello de luz ultravioleta y llegó a la conclusión de que podía tratarse de parte de un brte masivo de rayos gamma, un fenómeno que a menudo ocurre en los púlsar, las supernovas, o los agujeros negros.

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La cuestión es que los brotes de rayos gamma son muy raros. Apenas hemos registrado un puñado de ellos precisamente porque son muy breves. Encontrar uno en solo cinco horas de datos es un suceso poco menos que extraordinario. Para hacer la pirueta más difícil, el supuesto brote había sido detectado a 13.400 millones de años luz, lo que lo convierte en el más distante nunca registrado. Si calculamos el momento en el que se produjo, hablamos de pocos millones de años tras el big bang.

Tanta casualidad hizo que varios equipos de científicos investigaran con lupa el hallazgo. En un primer estudio, el astrofísico Charles Steinhardt de la Universidad de Copenhague hizo un descubrimiento un poco inquietante al triangular la señal. Esta no procedía de GN-z11, sino de nuestro propio Sistema Solar.

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Que sepamos, no hay nada en nuestro sistema solar capaz de producir brotes de rayos gamma de esa magnitud (si lo hubiera probablemente no estaríamos aquí), así que un segundo equipo dirigido por el astrónomo Michał Michałowski, de la Universidad Adam Mickiewicz en Polonia se puso a comprobar lo único que Jiang y su equipo no había contrastado, la basura espacial. Según sus conclusiones, el supuesto brote de radiación ultravioleta tiene un origen mucho más mundano: nuestro Sol. Concretamente se trata de un rayo de sol reflejado en el metal de una etapa Briz-M procedente de un cohete ruso de la serie Proton-M

lanzado en 2015. La pieza se encuentra a solo 13.758 km de la Tierra y, según los datos de la base de datos de basura espacial Space-Track, su posición coincide con la región del espacio que Jiang y su equipo estaban explorando en aquel momento.

“Es un problema muy habitual en Astronomía”, explica Michałowski. “Un objeto con una determinada magnitud de brillo puede ser algo muy cercano con un brillo muy tenue, o algo muy lejano y muy luminoso. Ambos nos parecerían igual de brillantes desde la Tierra. En este caso ha sido un trozo de basura espacial. Su brillo era comparable al de una enorme explosión estelar en el límite del universo observable.”

Los autores del descubrimiento, sin embargo, descartan la corrección y se aferran a la idea original. Quizá los estudios que apuntan a un trozo de basura espacial estén equivocados, pero cómo decía Carl Sagan, las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y esas pruebas aún no han llegado. [Nature vía Science Alert]