El universo está lleno de objetos redondos. La gravedad moldea planetas, estrellas y grandes estructuras gaseosas hasta acercarlas a la esfera, pero pocas veces deja una forma tan limpia como la que acaba de aparecer escondida en nuestra propia galaxia.
Su nombre es Teleios, una palabra griega que significa “perfecto”. En los catálogos astronómicos figura como G305.4–2.2 y resulta prácticamente invisible para los telescopios ópticos. Fue necesario observar el cielo en frecuencias de radio para descubrir una enorme y tenue circunferencia flotando por debajo del plano de la Vía Láctea.
El hallazgo se produjo de manera fortuita mediante el radiotelescopio Australian Square Kilometre Array Pathfinder, conocido como ASKAP, durante las observaciones del proyecto Evolutionary Map of the Universe. El trabajo, liderado por Miroslav Filipović, fue publicado finalmente en Publications of the Astronomical Society of Australia.
Una esfera que desafía las reglas

Teleios, también conocida como G305.4–2.2, fue detectada por el radiotelescopio ASKAP durante la elaboración del Mapa Evolutivo del Universo (EMU). Su apariencia esférica perfecta y su detección casi exclusiva en ondas de radio la hacen un objeto excepcional. La teoría inicial sugiere que sería el remanente de una supernova tipo Ia, pero algo no encaja: no emite rayos X, como cabría esperar en este tipo de eventos.
Este detalle ha llevado a los científicos a considerar otra posibilidad: que se trate de una supernova tipo Iax, una variante menos energética que podría dejar tras de sí una “estrella zombi”. Aun así, esta hipótesis también tropieza con problemas, como la distancia aparente del objeto, que no concuerda con los modelos actuales para estas explosiones.
Un misterio de tamaño y edad incierta

El equipo ha delimitado dos posibles distancias para Teleios: 7.175 o 25.114 años luz. Dependiendo de cuál sea la correcta, el objeto tendría 45,7 años luz de diámetro o hasta 156,6 años luz, lo que cambia radicalmente el relato sobre su antigüedad. Si está más cerca, se habría formado hace menos de un milenio. Si está más lejos, la explosión ocurrió hace más de 10.000 años.
Como si fuera poco, su extraña morfología recuerda a otros objetos descubiertos en años recientes: los llamados ORCS (Odd Radio Circles), estructuras circulares detectadas también en radiofrecuencia y que siguen sin explicación definitiva. Sin embargo, a diferencia de los ORCS, que suelen encontrarse en el espacio intergaláctico, Teleios está dentro de la Vía Láctea.
Un enigma que sigue creciendo

La forma de Teleios puede recordar a los extraños círculos de radio, conocidos como ORC, que han aparecido alrededor de galaxias muy lejanas. Sin embargo, los autores descartan esa relación: Teleios se encuentra dentro de la Vía Láctea y sus propiedades se ajustan mucho mejor a las de un remanente de supernova galáctico.
Por eso, el misterio ya no consiste tanto en descubrir qué clase de objeto es. Los científicos tienen pocas dudas de que están observando los restos de una explosión estelar. La gran incógnita es comprender qué tipo de estrella explotó, dónde se encuentra exactamente y cómo consiguió dejar una estructura tan grande, tenue y geométricamente perfecta sin producir los rayos X esperados.
Las futuras observaciones deberán buscar emisiones ópticas mucho más débiles, estudiar con mayor precisión el gas que rodea la esfera y obtener datos más profundos en rayos X. Hasta entonces, Teleios seguirá siendo una especie de fantasma galáctico: el rastro monumental de una estrella desaparecida que solo se revela cuando observamos el universo con ojos de radio.