Image: Reconstrucción artística de la Cenapsis (Campbell et al./Journal of Herpetology)

La naturaleza está llena de sorpresas. El último y fascinante ejemplo lo encontramos en las entrañas de una serpiente de coral (Micrurus nigrocinctus). En su estómago se encontraban los restos de una serpiente desconocida por la ciencia.

Y lo más increíble de todo es que el espécimen se había conservado y almacenado durante más de 40 años, más de cuatro décadas esperando que alguien lo viera. El equipo que ha publicado el hallazgo la ha llamado Cenapsis aenigma, algo así como “la misteriosa cena-serpiente” por su sorprendente descubrimiento.

Los investigadores han explicado que la especie, originaria del estado de Chiapas en el sur de México, se encontró en julio de 1976 cuando atraparon una gran serpiente de coral de América Central, una especie venenosa conocida por comer de otras serpientes, en los bosques de Cerro Baúl.

Image: Micrurus nigrocinctus (Wikimedia Commons)

Cuando los investigadores la abrieron, descubrieron restos en su vientre y se dieron cuenta de que tenían algo inusual, pero en lugar de escribir el hallazgo de inmediato, lo conservaron y lo reservaron para un estudio posterior en un museo.

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No ha sido hasta ahora, gracias al herpetólogo Jonathan Campbell, de la Universidad de Texas, y sus colegas, cuando han completado ese estudio y han podido averiguar sobre la Cenapsis.

Entre las diferencias que la distinguen como una nueva especie se incluyen un tipo de escamas en la parte inferior de su cola, la forma y el recubrimiento de su órgano sexual masculino (los hemipenis) y la forma de su cráneo.

Image: Campbell et al./Journal of Herpetology

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En cuanto a su tamaño, no es especialmente grande. El espécimen encontrado era un macho adulto que medía 258 milímetros, y de acuerdo a los investigadores probablemente es un tipo de serpiente excavadora que pasa gran parte de su tiempo bajo tierra.

Si bien su hábitat podría indicar que se alimenta de presas de cuerpo blando como babosas y lombrices de tierra, su boca y dientes son más parecidos a las de las serpientes que se alimentan de presas de cuerpo duro como insectos, ciempiés y artrópodos. Según le dijo a National Geographic Jonathan Campbell:

El espécimen proporciona evidencia de cuán secretas pueden ser algunas serpientes. Combina sus hábitos esquivos con rangos restringidos.

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Ironías de la vida salvaje, la mala suerte de esta escurridiza serpiente acabando en el estómago de otra, resultó ser una suerte para la ciencia. [National Geographic]