El universo emite señales constantemente, pero solo unas pocas tienen la potencia suficiente para atravesar miles de millones de años luz y seguir siendo detectables desde la Tierra. Un grupo de astrónomos acaba de identificar una de esas rarezas cósmicas: una señal similar a un láser procedente de una galaxia situada a unos 8.000 millones de años luz.
El fenómeno pertenece a una categoría extremadamente energética conocida como megamáser de hidroxilo, una de las herramientas más curiosas que tienen los científicos para estudiar la evolución de las galaxias.
Un láser natural que viaja desde el universo profundo

El hallazgo fue realizado por científicos que trabajan con el radiotelescopio MeerKAT radio telescope, parte de una de las redes de observación radioastronómica más avanzadas del planeta. Los investigadores detectaron una potente emisión procedente del sistema galáctico HATLAS J142935.3–002836, situado a aproximadamente 8.000 millones de años luz de la Tierra.
La señal identificada es lo que los astrónomos llaman un megamáser de hidroxilo, un fenómeno comparable a un láser, aunque en lugar de emitir luz visible produce microondas amplificadas por moléculas de hidroxilo presentes en enormes nubes de gas. En esencia, el proceso funciona como un gigantesco láser natural a escala galáctica.
Este tipo de emisiones se genera cuando grandes cantidades de gas molecular se comprimen en entornos extremadamente violentos, normalmente durante la colisión o fusión de galaxias. Bajo esas condiciones, las moléculas comienzan a amplificar la radiación y liberan una señal intensa que puede detectarse incluso a distancias cosmológicas.
Cuando las galaxias chocan, el universo se ilumina

Los megamáseres no aparecen en cualquier lugar del cosmos. Suelen surgir en regiones donde las galaxias están atravesando episodios de formación estelar extremadamente intensa o donde dos sistemas galácticos están interactuando gravitacionalmente.
Durante estas colisiones, enormes nubes de gas se comprimen y generan las condiciones ideales para que las moléculas de hidroxilo emitan radiación amplificada. El resultado es una señal tan potente que puede viajar miles de millones de años luz.
Para los astrónomos, estos fenómenos funcionan como auténticos faros cósmicos. Su intensidad está estrechamente relacionada con la actividad infrarroja de las galaxias que los producen, lo que permite identificar regiones donde se están formando estrellas a gran velocidad o donde se están produciendo fusiones galácticas.
Un efecto predicho por Einstein hace más de un siglo

Detectar una señal tan lejana no habría sido posible sin un fenómeno descrito hace más de cien años por Albert Einstein en su teoría de la relatividad general: la gravitational lensing o lente gravitacional.
La idea es relativamente simple, aunque sus consecuencias son espectaculares. Cuando un objeto extremadamente masivo —como una galaxia— se encuentra entre la Tierra y otra fuente de luz más distante, su gravedad curva el espacio-tiempo y actúa como una lente natural que amplifica la señal.
En este caso, la gravedad de una galaxia situada entre la fuente del megamáser y la Tierra deformó el espacio a su alrededor y amplificó las microondas emitidas desde el sistema galáctico lejano. Gracias a ese efecto, la señal pudo ser detectada por los 64 radiotelescopios que componen el observatorio MeerKAT.
Una ventana al pasado del universo
Observar una señal que ha viajado durante 8.000 millones de años equivale a mirar el universo cuando tenía aproximadamente la mitad de su edad actual. En aquel período, las galaxias estaban mucho más cerca unas de otras y las colisiones galácticas eran mucho más frecuentes que hoy.
Los megamáseres permiten a los astrónomos reconstruir esos episodios de interacción cósmica y comprender cómo se formaron las galaxias modernas. Cada nueva detección funciona como una pista sobre cómo evolucionó el universo durante miles de millones de años.
El futuro promete aún más descubrimientos. Con instrumentos como el Square Kilometre Array, el radiotelescopio más grande que se está construyendo en el planeta, los científicos esperan detectar muchos más megamáseres y trazar mapas detallados de estas señales que atraviesan el cosmos.
Si algo demuestra este hallazgo es que el universo sigue enviando mensajes desde sus regiones más remotas. Y, a veces, esos mensajes llegan en forma de un gigantesco láser natural que ha estado viajando hacia nosotros durante miles de millones de años.