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Ciencia

Diez años del Acuerdo de París: el mundo avanzó, pero no lo suficiente para frenar el calentamiento

Una década tras el mayor pacto climático global, la ONU reconoce avances reales, pero advierte que los compromisos actuales y la falta de financiación empujan al planeta hacia un calentamiento peligroso. El margen para mantener el límite de 1,5 ºC se estrecha rápidamente.
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El Acuerdo de París cumple diez años convertido en un símbolo ambivalente: por un lado, evitó el peor de los escenarios; por otro, no está logrando acelerar el cambio al ritmo que exige la ciencia. Adoptado en 2015 durante la COP21, el tratado reunió a casi todos los países del mundo bajo un objetivo común. Hoy, la pregunta ya no es si fue importante, sino si será suficiente.

Una década que cambió el rumbo… pero no lo bastante

Antes de 2015, el mundo se encaminaba a un aumento de temperatura superior a los 4 ºC. Según la Organización de las Naciones Unidas, el Acuerdo de París consiguió redirigir esa trayectoria hacia unos 2,5 ºC. Es una mejora notable, pero todavía muy lejos del objetivo más ambicioso: limitar el calentamiento global a 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales.

La última década ha sido, además, la más cálida jamás registrada. Sequías prolongadas, olas de calor extremas, inundaciones y pérdidas económicas crecientes se han convertido en señales constantes de que el sistema climático ya está bajo presión. El pacto existe, pero el termómetro sigue subiendo.

El umbral de 1,5 ºC, cada vez más frágil

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático es claro: para mantener vivo el objetivo de 1,5 ºC, las emisiones globales deben reducirse un 43 % antes de 2030. Sin embargo, los compromisos actuales de los países —las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC)— no alcanzan ese nivel de ambición.

António Guterres, secretario general de la ONU, ha sido tajante: la próxima década será decisiva. Para él, 2026 debería marcar el inicio de una fase de implementación real, en la que las promesas se transformen en políticas efectivas, inversiones y recortes de emisiones medibles.

Financiación, el talón de Aquiles del acuerdo

Uno de los principales obstáculos es el dinero. El Acuerdo de París contempla apoyo financiero y tecnológico para los países en desarrollo, pero los fondos movilizados hasta ahora están lejos de cubrir las necesidades reales de mitigación y adaptación. Sin una financiación sólida y previsible, muchos Estados no pueden acelerar su transición energética ni proteger a sus poblaciones de los impactos climáticos.

Christiana Figueres, figura clave en la negociación de 2015, reconoce que los objetivos iniciales ya no bastan para evitar todos los daños, pero insiste en que aún es posible reducir los impactos más extremos si se acelera la acción climática y la regeneración de los ecosistemas.

Un pacto vivo, pero bajo presión

El Acuerdo de París funciona en ciclos de cinco años, con revisiones periódicas que buscan aumentar la ambición colectiva. Esa arquitectura flexible fue clave para lograr consenso, pero hoy enfrenta su mayor prueba: demostrar que puede traducirse en reducciones rápidas y sostenidas de emisiones.

Diez años después, el balance es claro. El Acuerdo de París no fracasó, pero tampoco ganó la carrera. El tiempo que queda para enderezar el rumbo es limitado, y el coste de no hacerlo ya no se mide en grados futuros, sino en impactos presentes.

Fuente: Meteored.

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