El Acuerdo de París cumple diez años convertido en un símbolo ambivalente: por un lado, evitó el peor de los escenarios; por otro, no está logrando acelerar el cambio al ritmo que exige la ciencia. Adoptado en 2015 durante la COP21, el tratado reunió a casi todos los países del mundo bajo un objetivo común. Hoy, la pregunta ya no es si fue importante, sino si será suficiente.
Una década que cambió el rumbo… pero no lo bastante
Antes de 2015, el mundo se encaminaba a un aumento de temperatura superior a los 4 ºC. Según la Organización de las Naciones Unidas, el Acuerdo de París consiguió redirigir esa trayectoria hacia unos 2,5 ºC. Es una mejora notable, pero todavía muy lejos del objetivo más ambicioso: limitar el calentamiento global a 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales.
La última década ha sido, además, la más cálida jamás registrada. Sequías prolongadas, olas de calor extremas, inundaciones y pérdidas económicas crecientes se han convertido en señales constantes de que el sistema climático ya está bajo presión. El pacto existe, pero el termómetro sigue subiendo.
10 años ya… ¿Y si miramos todo el camino recorrido desde el Acuerdo de París?
-20% de emisiones de CO2 en Francia, una trayectoria climática ahora mejor controlada, y una diplomacia francesa que avanza sobre la biodiversidad en alta mar. La dinámica está en marcha, Francia no… pic.twitter.com/KlhH7X9NFa
— Francia Diplomacia 🇫🇷🇪🇺 (@francediplo_ES) December 12, 2025
El umbral de 1,5 ºC, cada vez más frágil
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático es claro: para mantener vivo el objetivo de 1,5 ºC, las emisiones globales deben reducirse un 43 % antes de 2030. Sin embargo, los compromisos actuales de los países —las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC)— no alcanzan ese nivel de ambición.
António Guterres, secretario general de la ONU, ha sido tajante: la próxima década será decisiva. Para él, 2026 debería marcar el inicio de una fase de implementación real, en la que las promesas se transformen en políticas efectivas, inversiones y recortes de emisiones medibles.
Financiación, el talón de Aquiles del acuerdo
Uno de los principales obstáculos es el dinero. El Acuerdo de París contempla apoyo financiero y tecnológico para los países en desarrollo, pero los fondos movilizados hasta ahora están lejos de cubrir las necesidades reales de mitigación y adaptación. Sin una financiación sólida y previsible, muchos Estados no pueden acelerar su transición energética ni proteger a sus poblaciones de los impactos climáticos.
Christiana Figueres, figura clave en la negociación de 2015, reconoce que los objetivos iniciales ya no bastan para evitar todos los daños, pero insiste en que aún es posible reducir los impactos más extremos si se acelera la acción climática y la regeneración de los ecosistemas.
A 10 años del Acuerdo de París. En el 2015 los líderes mundiales se comprometieron a abordar el cambio climático y sus impactos negativos, con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global en este siglo a 2 °C pic.twitter.com/5A34jKes1q
— Ministerio del Medio Ambiente (@MMAChile) December 12, 2025
Un pacto vivo, pero bajo presión
El Acuerdo de París funciona en ciclos de cinco años, con revisiones periódicas que buscan aumentar la ambición colectiva. Esa arquitectura flexible fue clave para lograr consenso, pero hoy enfrenta su mayor prueba: demostrar que puede traducirse en reducciones rápidas y sostenidas de emisiones.
Diez años después, el balance es claro. El Acuerdo de París no fracasó, pero tampoco ganó la carrera. El tiempo que queda para enderezar el rumbo es limitado, y el coste de no hacerlo ya no se mide en grados futuros, sino en impactos presentes.
Fuente: Meteored.