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Ciencia

Dos cañas al día en la selva: La sorprendente conexión entre chimpancés y el origen de la atracción humana por el alcohol

Frutas fermentadas, etanol en pequeñas dosis y un vínculo inesperado con nuestros antepasados. La investigación sobre los hábitos alimenticios de los chimpancés aporta pistas decisivas para comprender por qué el alcohol ha acompañado a los humanos durante miles de años.
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En lo profundo de las selvas africanas, entre los árboles cargados de frutos maduros, los chimpancés mantienen un vínculo invisible con los humanos. No se trata solo de gestos o comportamientos sociales, sino de algo tan inesperado como el consumo regular de alcohol. Un nuevo estudio revela que, al alimentarse de frutas fermentadas, estos primates terminan ingiriendo dosis de etanol que nos conectan directamente con nuestros propios orígenes.

Una dieta que esconde alcohol

Los chimpancés y el enigma del alcohol: la herencia evolutiva que compartimos con ellos
© Unsplash – Ali Kazal.

Investigadores de la Universidad de California en Berkeley analizaron más de 500 frutos de 20 especies en los parques nacionales de Kibale (Uganda) y Taï (Costa de Marfil). Allí, observaron que los chimpancés consumen unos 4,5 kilos de fruta diarios, con un contenido medio de etanol del 0,31% al 0,32%. En términos humanos, eso equivale a beber entre 13 y 15 gramos de alcohol al día, lo mismo que dos o tres cañas de cerveza.

El dato no es anecdótico. Robert Dudley, uno de los autores del trabajo, sostiene que este consumo confirma la hipótesis del “mono borracho”, planteada hace más de veinte años: la atracción por el alcohol tiene un origen evolutivo. Durante millones de años, los homínidos estuvieron expuestos al etanol de los frutos en fermentación, lo que moldeó tanto su fisiología como su conducta.

La fruta fermentada como señal y estímulo

Los chimpancés y el enigma del alcohol: la herencia evolutiva que compartimos con ellos
© Unsplash – Oleksandr Sushko.

El alcohol, lejos de ser solo un residuo de la descomposición, podría haber funcionado como una guía. Su olor serviría como pista olfativa para identificar alimentos ricos en energía y, además, actuaría como un estimulante que empujaba a los primates a comer más. De esta manera, la fermentación no era un accidente, sino un aliado para sobrevivir.

Los resultados también explican por qué el 85% de la dieta de los chimpancés está compuesta por frutas maduras. El etanol en dosis bajas se convierte en un recurso aprovechable, sin que llegue a producir efectos visibles de embriaguez. Como aclara Dudley, al ingerirlo siempre junto con la pulpa, su estómago se llena antes de que alcancen los niveles que en un humano provocarían ebriedad.

¿Se emborrachan los chimpancés?

La gran incógnita es si estas dosis alteran su comportamiento. Los expertos reconocen que aún no hay pruebas claras: nunca se han observado chimpancés tambaleándose o mostrando conductas similares a la embriaguez humana. Para los primatólogos, lo que importa es la conexión que estos hallazgos trazan entre nuestro pasado remoto y la atracción actual por las bebidas alcohólicas.

Desde los primeros registros de fermentación controlada en China y Oriente Medio hace más de 9.000 años, hasta la caña de cerveza que se pide en un bar, hay un mismo hilo invisible. El alcohol, sugiere Dudley, forma parte de la dieta que heredamos de los bosques tropicales y, con él, de la historia evolutiva que compartimos con los primates.

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