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Ciencia

El misterio genético que permitió a los humanos caminar erguidos

Un nuevo estudio de Harvard y un equipo internacional de investigadores revela las claves genéticas que transformaron la pelvis de los primeros homínidos, haciendo posible la marcha bípeda. Este hallazgo reescribe la historia evolutiva y arroja luz sobre cómo nuestra especie adquirió una de sus características más definitorias.
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Durante millones de años, los ancestros humanos compartieron con otros primates un modo de vida trepador y cuadrúpedo. Sin embargo, un cambio anatómico crucial modificó el destino de nuestra especie: el bipedismo. Hoy, un análisis publicado en Nature desvela cómo mutaciones y procesos de desarrollo reestructuraron la pelvis, convirtiéndonos en caminantes erguidos.

Una pelvis que cambió el rumbo de la historia

La pelvis humana es muy distinta a la de chimpancés o gorilas. En lugar de ser alta y estrecha, está girada hacia los lados y ensanchada, lo que proporciona estabilidad al andar y correr. Este diseño no surgió de un día para otro, sino gracias a transformaciones genéticas que alteraron el crecimiento óseo en etapas embrionarias.

Dos procesos clave en la evolución del bipedismo

El equipo liderado por Terence Capellini identificó dos innovaciones críticas. Primero, la rotación de una placa de crecimiento óseo en un ángulo de 90 grados respecto a la de otros primates, lo que permitió que el ilíaco se acortara y ensanchara. Segundo, un retraso en la osificación interna del hueso, prolongado durante semanas, que aseguró una pelvis más abierta desde la formación embrionaria.

Los genes detrás de la transformación

El análisis de más de 300 genes reveló el protagonismo de SOX9 y PTH1R, que regulan el desplazamiento de la placa, y RUNX2, vinculado a la osificación. Alteraciones en estos genes aún hoy provocan anomalías esqueléticas en humanos, lo que confirma su papel esencial en la evolución del esqueleto. La pelvis no solo fue una pieza clave para andar, sino también un punto de equilibrio entre la locomoción y la reproducción, marcado por el llamado “dilema obstétrico”.

Evidencia fósil y evolución gradual

Los fósiles acompañan esta historia genética. Ardipithecus, de 4,4 millones de años, ya mostraba una pelvis intermedia entre la trepa y la marcha bípeda. Lucy, el célebre Australopithecus de 3,2 millones de años, presentaba una pelvis ancha más cercana a la nuestra. Estos restos ilustran el camino evolutivo que culminó en la marcha erguida característica de los homínidos posteriores.

Más que un hallazgo anatómico

Para Capellini, se trata de “un cambio mecanicista completo en la evolución humana”. Su equipo sugiere que el crecimiento del cerebro en los últimos dos millones de años se produjo sobre una pelvis ya moldeada por este nuevo modelo evolutivo. En otras palabras, caminar sobre dos piernas no fue solo un paso físico, sino el cimiento de lo que hoy entendemos como humanidad.

Fuente: Infobae.

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