Imagen: Pax 3 (Carlos Zahumenszky/Gizmodo)

¿Para qué demonios sirve un vaporizador? ¿Es un cigarro electrónico? ¿Qué beneficios tiene, si es que tiene alguno, frente al tabaco tradicional? Si no tienes ni la menor idea de para qué sirve o cómo funciona uno de los productos más nombrados en los últimos años, estás igual que yo hace dos semanas, cuando me llegó el Pax 3.

Antes de continuar hablando de la experiencia y el funcionamiento del dispositivo me gustaría aclarar algo obvio pero que conviene recalcar: fumar es perjudicial para la salud, todo aquello que inhales y contenga productos tóxicos como la nicotina atenta contra tu organismo y puede generar dependencia con el paso del tiempo.

El cigarro electrónico y los vapeadores se consideran menos perjudiciales para la salud del fumador que el tabaco tradicional. Algunas de sus características así parecen confirmarlo, sin embargo, muchas otras consecuencias se encuentran aún bajo estudio, principalmente por la novedad de un producto que no lleva mucho tiempo entre nosotros y que necesitará de años para saber el impacto real que tiene sobre nuestro organismo.

Dicho esto, para un profano como yo, que jamás había “vapeado”, le surgió la primera duda: ¿es lo mismo un vaporizador que un cigarro electrónico? La respuesta corta es que no, aunque tienen muchas similitudes.

Cigarro electrónico vs vaporizador

Imagen: Diferentes modelos de cigarro electrónico (ecigclick (CC BY-SA 2.0))

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Vapear es el simple acto de inhalar y exhalar vapor de un cigarrillo electrónico o dispositivo similar, por ejemplo, un vaporizador o vapeador.

El cigarro electrónico básico comenzó en 2003 con un farmacéutico chino llamado Hon Lik. Su idea fue crear un dispositivo de suministro de nicotina que produjera vapor de humo inhalable y saborizado. Así nacía un producto diseñado para evocar la apariencia de fumar cigarrillos.

Los cigarrillos electrónicos ofrecen una configuración muy simple con piezas mínimas. Usan una batería recargable combinada con unos cartuchos de líquido desechables (denominado líquido de vapeo, e-Liquid o e-Juice) que vienen en una variedad de sabores y niveles de nicotina (y también sin nicotina), lo que significa que no hay que llenar un tanque.

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La batería calienta el líquido en un vapor inhalable, similar a la forma en que se forma el vapor. Generalmente estos cigarros electrónicos se activan presionando el botón de encendido en el dispositivo, o en algunos casos simplemente al inhalar, momento en que la batería calienta un elemento en el cartomizador.

Este es un componente pequeño que contiene una bobina de calentamiento envuelta en un material denominado polyfill, una combinación del cartucho y el atomizador (el elemento de calefacción en un cigarrillo electrónico que convierte el líquido en vapor). La envoltura del polyfill absorbe el líquido de los cartuchos, y luego se calienta hasta que se convierte en vapor para la inhalación.

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Una luz LED en el extremo de la batería se ilumina cuando el usuario inhala, algo muy parecido a la punta encendida de un cigarrillo. El cartucho dentro del cartomizador contiene el líquido y generalmente es desechable una vez vacío. Todo esto tiene lugar en unos pocos segundos.

Por su parte, los vapeadores o vaporizadores utilizan un módulo recargable combinado en ocasiones con los líquidos intercambiables. En general, suelen ser un poco más grandes que un cigarro electrónico, aunque también tienden a ofrecer una mayor duración de la batería.

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El vaporizador está compuesto por una batería grande en un extremo, un tanque de depósito transparente en el medio y una boquilla. Al presionar un pequeño botón el usuario activa el elemento de calentamiento que vaporiza y libera vapor.

Un vaporizador funciona prácticamente de la misma manera que un cigarro electrónico. La batería recargable calienta un pequeño elemento que a su vez vaporiza la hierba en el dispositivo. Sin embargo, a diferencia de los cigarros electrónicos, la mayoría de los vaporizadores usan un tanque para mantener el líquido en lugar de un cartucho. A medida que el tanque se agota, o si deseas cambiar sabores, simplemente agregas hierbas al tanque.

Pax 3, un vaporizador premium de hojas sueltas

Imagen: El kit completo (Miguel Jorge / Gizmodo)

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La referencia al iPhone de Apple en el titular no es baladí. El pack que hemos probado, el kit completo, tiene un diseño, embalaje y precio (249 euros), que en nada tiene que envidiar a los de Cupertino, además de introducir una serie novedades que lo hacen muy distinto al resto de vapeadores en el mercado.

La compañía, con sede en Sillicon Valley, aclara que este vaporizador de hojas sueltas está diseñado “específicamente para hierbas secas y concentrados”. ¿Esto qué quiere decir? En esencia, que el Pax 3 tiene un largo recorrido más allá de vapear tabaco, por ejemplo, con hierbas de esencias y sabores que puedes encontrar en teterías, y mucho más.

Imagen: Carlos Zahumenszky/Gizmodo

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El kit completo que teníamos incluye, además del vaporizador, un kit de mantenimiento y limpieza, una batería de 3.500 mAh, un cargador USB, una pieza para insertar concentrado, dos tipos de boquilla (una corta y otra más larga), una pieza para prensar la hierba, dos tapas de cierra de la carga de hierba (una permite más carga que otra) y un estuche protector para el dispositivo.

Primeros pasos

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Lo primero que hace falta es, por un lado, cargar el vapeador, y por el otro elegir la hierba que vas a vapear. En esencia, comprarla. Para cargarlo es tan sencillo como conectar el cable USB a una fuente (en mi caso el ordenador), colocar el PAx 3 boca arriba y conectarlo sobre la base de carga magnética.

Todo muy sencillo y a la vez extraño. Para alguien que ha sido fumador, el hecho de conectar por primera vez un dispositivo al ordenador, y luego utilizarlo a modo de cigarrillo es una sensación muy rara. Una vez conectado, el logo se ilumina mientras parpadea. La carga está completa aproximadamente a los 90 minutos, cuando las cuatro hojas del logo están encendidas.

En estas dos semanas he probado dos tipos de hierba, de esencias y sabores, y tabaco de liar. El uso que le he dado ha sido esporádico, de entre tres o cuatro veces al día, es decir, como el que sale cuatro veces al exterior a fumarse un cigarro. En todo este tiempo solo lo he tenido que cargar dos veces, lo que da cuenta del buen uso de la batería de 3500 mAh. Y es que aquí está uno de sus puntos fuertes, aunque como todo, dependerá del uso promedio de cada persona.

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Cómo funciona

En primer lugar, y una vez cargado, debemos abrir la tapa de carga que se encuentra en la superficie inferior del vaporizador. Dependiendo de la tapa (tenemos dos en el kit) podemos introducir más, hasta unos 0,3 gramos, o menos, hasta unos 0,15 gramos, luego se prensa con cualquier herramienta a mano que tenga el tamaño de la unidad y se vuelve a cerrar.

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El dispositivo se enciende y se apaga con un solo clic en la parte superior de la boquilla. En ese momento el logo parpadea en blanco mientras que la temperatura interna se pone en marcha para preparar los grados de vapor que hemos seleccionado (o el que viene por defecto).

Y es que este es otro de los puntos por los que destaca Pax 3: la personalización de la temperatura de vapeo.

Para ello, mientras que la temperatura se regula al encenderlo, mantenemos el botón presionado durante dos segundos y accedemos al ajuste, en esencia, cuatro niveles de temperatura que con un simple clic van pasando de menor a mayor graduación (de una a cuatro de las hojas del logo iluminadas de color púrpura).

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Para los más pro o expertos, Pax tiene una app en iOS y Android. La aplicación se conecta al vapeador por bluetooth pudiendo regular los grados centígrados con mayor precisión. ¿Cómo? la herramienta te pide que emparejes tu dispositivo agitando el vaporizador (sí, tiene un sensor de movimiento).

Además de personalizar las temperaturas preestablecidas, el usuario puede elegir diferentes perfiles de calentados desde la app:

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  • Estándar: el que viene predeterminado. Aumenta las temperaturas durante el uso y se enfría cuando está inactivo.
  • Sabor: utiliza temperaturas más altas y calienta más rápido.
  • Boost: se calienta de forma agresiva y se enfría lentamente (recomendado para fumadores “pesados”, aunque afecta a la batería, lo usé muy poco).
  • Eficiencia: utiliza enfriamiento automático y calentamiento gradual. En este caso aprovecha al máximo la experiencia de vapeo y la duración de la batería. El que más utilicé.
  • Sigilo: se trata de enfriar automáticamente para enmascarar los olores y atenuar las hojas del logo LED para evitar llamar la atención.

Por último, la aplicación se puede utilizar para personalizar casi todos los aspectos del Pax 3. Puedes cambiar la cantidad de retroalimentación háptica, personalizar el color y el brillo de las hojas LED, o incluso bloquearlo, todo desde el teléfono.

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El dispositivo se calienta en unos 15-20 segundos tras encenderlo y avisa al usuario con una vibración cuando está listo (junto al cambio a verde de los LEDs del logo). Gracias al sensor de movimiento, cuando lo levantas para vapear se mantiene caliente, por el contrario, se enfría y se pone en modo reposo cuando no está en uso. Agitándolo otra vez se calienta de nuevo.

Vapeando

Imagen: Carlos Zahumenszky/Gizmodo

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El fumador de tabaco se va a encontrar con un producto que ofrece las sensaciones de inhalar humo… sin hacerlo. Esta contradicción es virtud pero también supongo que puede ser un problema según qué tipo de fumador. La primera calada con una hierba de sabor es similar a la de “fumar” en shisha, las pipas de agua de toda la vida.

Sin embargo, con el tabaco cambia. El humo que tanto gusta a los fumadores se siente en una dosis muy pequeña incluso subiendo al máximo el calentador, también más suave, por supuesto, y expulsando un vapor que en ocasiones apenas se aprecia cuando se expulsa. Dicho esto, el sabor de las hierbas en el PAX 3 es notable, suave y agradable, aunque no tengo con qué compararlas ya que es mi primera experiencia con un dispositivo así.

Imagen: Espacio para la carga (Carlos Zahumenszky/Gizmodo)

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Con cada sesión (como salir a fumar un cigarro) el Pax 3 debe limpiarse, expulsar las hojas quemadas y volver a introducir una carga/hierba. Un proceso que me llevó más o menos 2 minutos.

Lo cierto es que en estas dos semanas de prueba el vaporizador me ha resultado curioso e interesante, sobre todo en lo que se refiere a la tecnología que utiliza, más cerca de un iPhone o un Galaxy que de un cigarro.

Imagen: Así queda el tabaco tras una sesión (Miguel Jorge / Gizmodo)

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Sin embargo, no tengo muy claro si un fumador serio podría pasarse a un vaporizador previo paso a dejar de fumar (o simplemente por cambiar). Personalmente me gustaría que ofreciera más vapor. Gran parte de su salida por la boquilla se siente extremadamente ligera en vez de crear esa enorme nube de vapor que uno espera al inhalar (humo).

También encontré que la base del dispositivo se calentaba bastante al poco tiempo de encenderse. Otra vez, no puedo comparar con otro sistema similar, y por supuesto no te quema la mano, pero sí hace lo suficiente como para apreciarse.

Imagen: Interior de la carga tras una sesión (Miguel Jorge / Gizmodo)

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Todo esto me lleva a pensar que posiblemente la clave de la expansión y éxito que está teniendo el dispositivo en Estados Unidos (y con vistas en el futuro fuera de allí) se encuentre en el único elemento que no he probado: la capacidad de insertar concentrado. Porque Pax 3 también se ha convertido en uno de los vaporizadores premium más populares en Estados Unidos gracias al cannabis.

Estos concentrados de cannabis se preparan mediante la extracción de los compuestos principales del material vegetal de la planta (como cannabinoides o los terpenos), todo ello en un solo producto concentrado. Y aquí entran dos públicos bien diferenciados: de consumo lucrativo, obvio, y de uso medicinal.

En este segundo caso tanto Pax como otros vaporizadores pueden encontrar un filón en el CBD (Cannabidiol). Se trata de uno de los cannabinoides primarios que aparecen en la planta de la hierba. El otro, y posiblemente el más famoso, es el THC, o tetrahidrocannabinol. Esta es la sustancia que te “coloca”. CBD, en cambio, no lo hace.

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Imagen: Pixabay

La idea de fondo es que las personas puedan beneficiarse de los aspectos médicos de la marihuana (como la relajación, el alivio del dolor o el manejo de las náuseas), sin tener un impacto negativo en las capacidades cognitiva.

Aunque la compañía jamás se ha promocionado públicamente junto el cannabis, una visita a cualquier página dedicada en Estados Unidos, donde cada vez más estados la han legalizado, nos da una idea del furor de Pax y otros productos similares.

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En lugar de atraer a personas que buscan “colocarse”, se trata de un escenario con un público objetivo que busca salud y bienestar: una industria actualmente con un valor de 170 mil millones de dólares solo en Estados Unidos en 2018.

Dicho de otra forma, un mercado por explotar con muchísimo dinero que repartir.