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Ciencia

Durante 70 años, nadie volvió a ver al pájaro carpintero más grande del planeta. Unas imágenes de 1956 permitieron reconstruir cómo era y cómo volaba

Científicos estadounidenses recuperaron digitalmente al carpintero imperial, una especie desaparecida de México. Su reconstrucción 3D permite observar movimientos que solo habían quedado registrados en una película.
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En 1956, un dentista estadounidense llamado William Rhein viajó hasta los bosques de la Sierra Madre Occidental, en México, con una cámara de 16 milímetros. Su objetivo era registrar a uno de los pájaros más extraordinarios del planeta. No podía imaginar que aquellas imágenes se convertirían en el último testimonio cinematográfico conocido de una especie que estaba desapareciendo.

El protagonista era el carpintero imperial, un ave que podía alcanzar los 60 centímetros de longitud y que ostentaba un récord impresionante: era el pájaro carpintero más grande del mundo.

Casi 70 años después, ningún avistamiento en libertad ha logrado confirmar su supervivencia. Sin embargo, un equipo científico consiguió algo que hasta hace poco parecía imposible: reconstruir digitalmente al animal y recuperar una aproximación de cómo volaba, trepaba por los árboles y golpeaba la madera con su pico.

La investigación, publicada en la revista Natural History Collections and Museomics, combinó tecnología de escaneo tridimensional, animación informática y los pocos segundos de película que sobrevivieron al paso del tiempo.

Un gigante de los bosques mexicanos que desapareció ante nuestros ojos

Durante 70 años, nadie volvió a ver al pájaro carpintero más grande del planeta. Unas imágenes de 1956 permitieron reconstruir cómo era y cómo volaba
Ejemplar conservado del carpintero imperial, una especie propia de los bosques de pinos de la Sierra Madre Occidental. Los especímenes de museo constituyen una fuente fundamental para estudiar su anatomía. © Museum Wiesbaden / Bernd Fickert.

El carpintero imperial (Campephilus imperialis) habitaba principalmente los bosques maduros de pinos de la Sierra Madre Occidental, una cadena montañosa que atraviesa varios estados mexicanos.

Su tamaño era extraordinario para un pájaro carpintero. Algunos ejemplares alcanzaban alrededor de 60 centímetros de longitud y un peso cercano a los 700 gramos. Su plumaje era predominantemente negro, con grandes zonas blancas en las alas y una cresta particularmente llamativa. Los machos presentaban una cresta roja, mientras que las hembras tenían una cresta oscura. Pero aquel gigante necesitaba un entorno muy específico para sobrevivir.

Dependía de extensas superficies de bosque maduro, donde encontraba árboles adecuados para alimentarse, refugiarse y reproducirse. La tala industrial y la transformación del hábitat redujeron drásticamente esas condiciones.

Según explica el Laboratorio Moore de Zoología, las imágenes captadas por Rhein en 1956 constituyen el único registro cinematográfico conocido del ave viva. Aunque posteriormente surgieron testimonios de posibles avistamientos, ninguno permitió confirmar su permanencia en libertad.

De 288 fotografías de museo a un pájaro que vuelve a volar

La investigación comenzó con un ejemplar hembra conservado en el Laboratorio Moore de Zoología del Occidental College, en Estados Unidos. Los especialistas fotografiaron la pieza desde 288 posiciones diferentes. Después utilizaron fotogrametría, una técnica que permite generar modelos tridimensionales mediante la comparación de fotografías tomadas desde múltiples ángulos.

El resultado fue una reproducción digital del cuerpo con precisión submilimétrica. Pero reconstruir la anatomía no era suficiente. Los científicos también querían representar cómo se movía realmente el ave.

El equipo, encabezado por Joshua Medina, de la Universidad de Massachusetts Amherst, y con participación del artista digital Johnson Martin, utilizó Blender para crear un esqueleto virtual capaz de controlar los movimientos. Según el estudio científico original, las plumas representaron uno de los desafíos más complejos.

Durante 70 años, nadie volvió a ver al pájaro carpintero más grande del planeta. Unas imágenes de 1956 permitieron reconstruir cómo era y cómo volaba
La reconstrucción científica se realizó a partir de un ejemplar hembra conservado en el Laboratorio Moore de Zoología. Los investigadores combinaron fotogrametría, medidas anatómicas y referencias históricas. © Joshua Medina y colaboradores, 2026.

Los investigadores modelaron individualmente diez plumas primarias, diez secundarias y doce plumas de la cola. Cada una podía plegarse o desplegarse mediante un sistema de articulaciones digitales. Como las pieles de museo no permiten reconstruir todos los detalles de un animal vivo, también utilizaron referencias anatómicas del carpintero pileado, una especie emparentada que todavía habita América del Norte.

Finalmente, compararon los movimientos simulados con los registros históricos de 1956.

La tecnología puede recuperar su imagen, pero no devolverlo a los bosques

La reconstrucción no es solamente una animación destinada a mostrar cómo lucía una especie desaparecida. Los investigadores diseñaron el modelo como una herramienta científica que otros especialistas pueden examinar, descargar y utilizar para estudiar aspectos de su anatomía. Por ejemplo, puede servir para estimar superficies corporales, comparar proporciones con especies actuales y desarrollar simulaciones biomecánicas.

El proyecto también plantea aplicaciones en robótica inspirada en animales, especialmente para investigar cómo funcionan las alas y sus movimientos. Los responsables reconocen, sin embargo, que existen limitaciones. La reconstrucción se basa principalmente en un único ejemplar y algunos movimientos fueron estimados utilizando especies emparentadas. Por tanto, no representa una reproducción perfecta del comportamiento del carpintero imperial.

Además, existe un componente cultural importante. El ave formaba parte de las tradiciones de comunidades indígenas mexicanas, pero buena parte de los ejemplares conservados actualmente se encuentra en instituciones extranjeras.

La publicación de modelos digitales de acceso abierto puede facilitar que investigadores, estudiantes y comunidades de México estudien una especie que desapareció de su propio territorio. Los científicos pusieron las reconstrucciones a disposición del público mediante Sketchfab, donde es posible observar al ave en vuelo y examinar su anatomía tridimensional.

El carpintero imperial probablemente nunca volverá a recorrer los bosques mexicanos. Pero ahora podemos verlo moverse nuevamente, aunque sea dentro de una computadora. Y su historia deja una pregunta incómoda: si necesitamos recurrir a esta tecnología para conocer animales que desaparecieron hace apenas unas décadas, ¿cuántas especies actuales podrían terminar teniendo el mismo destino?

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