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Ciencia

Era tan alto como una jirafa y podía volar: cómo despegaba uno de los animales más grandes de la prehistoria

Con una envergadura de hasta 11 metros, el Quetzalcoatlus fue uno de los animales voladores más grandes que existieron. Durante décadas, los científicos intentaron comprender cómo conseguía despegar con semejante tamaño. Investigaciones biomecánicas revelan que sus extremidades y una particular técnica de salto podrían explicar este sorprendente fenómeno.
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Hace aproximadamente 70 millones de años, los cielos de nuestro planeta estaban habitados por criaturas que superaban ampliamente el tamaño de las aves actuales. Entre ellas se encontraba el Quetzalcoatlus northropi, un reptil volador cuya altura podía compararse con la de una jirafa y cuyas alas extendidas alcanzaban una envergadura cercana a los 11 metros.

Sin embargo, durante décadas, su capacidad para volar representó un verdadero desafío para la paleontología. ¿Cómo podía un animal de semejantes dimensiones despegar desde el suelo sin necesitar un acantilado o una pendiente elevada?

La respuesta podría encontrarse en una combinación de adaptaciones anatómicas y un mecanismo de despegue muy diferente al utilizado por las aves modernas.

El secreto estaba en sus cuatro extremidades

Una de las principales hipótesis plantea que los pterosaurios gigantes utilizaban un método conocido como despegue cuadrúpedo, mediante el cual aprovechaban tanto las extremidades delanteras como las traseras para impulsarse. A diferencia de las aves, que dependen principalmente de sus patas para iniciar el vuelo, estos reptiles podían utilizar los músculos asociados a sus alas para generar un impulso inicial considerable.

El mecanismo habría comenzado con el animal apoyado sobre sus cuatro extremidades. Posteriormente, una extensión explosiva de sus patas y brazos le permitiría elevarse antes de desplegar completamente las alas.

Un estudio presentado por la Universidad de Bristol en 2024 utilizó modelos musculoesqueléticos para analizar diferentes técnicas de despegue en pterosaurios y encontró resultados favorables al impulso cuadrúpedo.

Era tan alto como una jirafa y podía volar: cómo despegaba uno de los animales más grandes de la prehistoria
© Animalogic En Español – Youtube.

Huesos livianos para sostener un cuerpo gigantesco

La capacidad de estos animales para volar también estaba relacionada con su estructura ósea.

Los pterosaurios poseían huesos neumáticos, caracterizados por presentar cavidades internas que ayudaban a reducir el peso corporal sin eliminar completamente su resistencia.

Además, sus alas estaban formadas por membranas de tejido blando sostenidas principalmente por un cuarto dedo extraordinariamente alargado. Estas estructuras contenían fibras de refuerzo que contribuían a mantener su forma y resistencia durante el vuelo.

Sin embargo, las estimaciones de masa corporal de Quetzalcoatlus varían según las reconstrucciones utilizadas, lo que continúa influyendo en los cálculos sobre sus capacidades aerodinámicas.

¿Cómo conseguía mantenerse durante horas en el aire?

Una vez alcanzada la altura necesaria, estos gigantes probablemente aprovechaban las corrientes de aire ascendentes para desplazarse sin necesidad de aletear constantemente.

Este comportamiento, conocido como planeo térmico, es utilizado actualmente por numerosas aves de gran tamaño.

Un estudio publicado en PNAS Nexus analizó el rendimiento aerodinámico de grandes animales voladores extintos y destacó la importancia de las corrientes atmosféricas para explicar sus desplazamientos.

Aunque todavía existen debates sobre la frecuencia de sus aleteos y su capacidad exacta de despegue, los modelos permiten comprender cómo un animal tan grande pudo aprovechar las condiciones del aire.

Un misterio que la ciencia continúa investigando

Pese a los avances tecnológicos, no todos los investigadores coinciden en que el despegue cuadrúpedo explique definitivamente el vuelo del Quetzalcoatlus.

Algunos especialistas consideran posibles otras estrategias, como impulsarse principalmente con las extremidades posteriores. Los modelos presentan limitaciones debido a la información incompleta que ofrecen los fósiles.

Aun así, las investigaciones muestran que estos reptiles desarrollaron adaptaciones extraordinarias para dominar los cielos del Cretácico.

El Quetzalcoatlus demuestra que la evolución encontró soluciones aerodinámicas muy diferentes a las de las aves, permitiendo que animales de dimensiones sorprendentes desarrollaran la capacidad de volar.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y de la Tecnología.

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