En una de las regiones más áridas del desierto del Sáhara existe una construcción que lleva miles de años desafiando a los arqueólogos. Desde el suelo parece un simple montículo de piedras, pero vista desde arriba revela una forma desconcertante: dos largas hileras de rocas se extienden hacia el este, como si fueran antenas gigantescas.
La estructura mide casi 55 metros de longitud y se encuentra en el Sáhara Occidental, cerca de una zona conocida por sus numerosos grabados prehistóricos. Durante décadas, los investigadores sospecharon que podía tratarse de un monumento funerario, pero desconocían su antigüedad y su función exacta.
En 2018, un equipo de arqueólogos abrió parcialmente la construcción y encontró algo inesperado: los restos de una sola persona, acompañados por cuatro diminutas cuentas fabricadas con cáscara de huevo de avestruz. Sin embargo, tuvieron que pasar ocho años para que la ciencia consiguiera resolver una de las preguntas fundamentales.
Un estudio publicado en African Archaeological Review confirma que la tumba tiene entre 4.100 y 4.400 años de antigüedad, convirtiéndose en la primera estructura de este tipo fechada directamente en el Sáhara atlántico.
Una tumba gigantesca con dos misteriosas antenas en pleno Sáhara

El descubrimiento se encuentra junto al cauce seco de Lawash el Telli, en las proximidades de Sluguilla Lawash, uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes de la región. Allí se han identificado alrededor de 1.140 rocas grabadas y más de 2.000 figuras prehistóricas, una concentración extraordinaria que demuestra la relevancia histórica de este territorio.
El monumento estudiado presenta dos partes claramente diferenciadas. La primera es un montículo ovalado de 12,5 por 10 metros que no supera los tres metros de altura. La segunda está formada por dos alineaciones de piedras que se proyectan desde sus extremos hacia el este.
Las llamadas antenas apuntan aproximadamente a 102 grados respecto del norte geográfico. Según los investigadores de la Universidad de Girona y del Ministerio de Cultura saharaui, esta orientación coincide con la observada en otros monumentos semejantes del desierto. Algunos estudios han sugerido una posible relación astronómica, aunque todavía no existen pruebas suficientes para confirmarla.
Lo más sorprendente es que toda la construcción se realizó utilizando piedras disponibles en el entorno, sin mortero ni herramientas de ingeniería especializadas.
Un solo esqueleto y cuatro cuentas de huevo de avestruz

La excavación se desarrolló entre el 5 y el 8 de abril de 2018. Los arqueólogos decidieron intervenir únicamente en la mitad del montículo para estudiar su interior sin alterar completamente el monumento. Bajo las capas de piedra apareció una estructura protectora que cubría un enterramiento individual.
El esqueleto pertenecía a una persona que murió aproximadamente entre los 25 y los 35 años. Su cuerpo había sido colocado boca arriba, con la cabeza orientada hacia el sur y las piernas flexionadas hacia un costado.
No se identificó ninguna fosa excavada ni señales de que la sepultura hubiera sido reutilizada. Junto a los huesos aparecieron cuatro cuentas circulares fabricadas con cáscara de huevo de avestruz, probablemente pertenecientes a un adorno personal. Pero los restos estaban tan deteriorados que no fue posible determinar el sexo del individuo ni establecer a qué comunidad pertenecía.
La escasez de objetos también complicó los intentos de fechar el enterramiento.
Ocho años después, una nueva técnica consiguió revelar su edad

El principal obstáculo apareció cuando los investigadores intentaron analizar el colágeno de los huesos mediante radiocarbono. La degradación del material impidió obtener resultados fiables en 2018. Ante ese problema, el equipo recurrió en 2025 a una alternativa: estudiar la bioapatita, la fracción mineral del hueso.
Dos muestras, procedentes del húmero y del fémur, fueron enviadas a un laboratorio especializado. Los resultados coincidieron: los restos tenían entre 4.417 y 4.100 años de antigüedad, lo que sitúa el enterramiento aproximadamente entre el 2467 y el 2150 antes de nuestra era. Esta datación representa un avance importante porque permite situar los túmulos con antenas dentro de las tradiciones funerarias del Neolítico final.
Hasta ahora, la función de estas estructuras se había deducido principalmente por su apariencia. El descubrimiento de un enterramiento intacto proporciona evidencia directa de su utilización funeraria. Pero el misterio está lejos de resolverse.
Los investigadores todavía desconocen qué población construyó el monumento, qué significado tenían las dos hileras de piedras y por qué se dedicó una estructura tan extensa a una sola persona. Quizás esas antenas señalaran un lugar especial, respondieran a alguna tradición ritual o estuvieran relacionadas con el paisaje y el cielo. Por ahora, son hipótesis.
Lo que sí sabemos es que, hace más de cuatro milenios, alguien dedicó tiempo y esfuerzo a construir una enorme sepultura en medio del desierto. Y esa construcción ha conseguido conservar una pequeña parte de su historia hasta nuestros días.