La Vía Láctea todavía guarda secretos sobre su formación. Aunque los astrónomos llevan décadas estudiando su estructura, uno de los grandes interrogantes era comprender cómo adquirió su característica forma de disco y por qué algunas estrellas se encuentran mucho más alejadas de su plano central que otras.
Ahora, un equipo internacional de investigadores descubrió que nuestra galaxia atravesó dos etapas muy diferentes durante su evolución. La primera estuvo marcada por un rápido aplanamiento, mientras que la segunda se desarrolló de manera mucho más gradual durante miles de millones de años.
El hallazgo, publicado en The Astrophysical Journal Letters y liderado por científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), aporta nuevas pruebas sobre cómo se organizó la Vía Láctea hasta adquirir su estructura actual.

Dos discos que revelan la historia de nuestra galaxia
La mayor parte de las estrellas de la Vía Láctea se distribuye en dos componentes principales: un disco grueso, compuesto generalmente por estrellas antiguas, y otro más delgado, donde se concentran poblaciones estelares jóvenes.
Hasta ahora, los científicos manejaban dos explicaciones para comprender esta distribución.
La primera sugería que las estrellas nacían en un disco delgado y que, con el paso del tiempo, las interacciones gravitatorias las desplazaban hacia regiones más alejadas del plano galáctico. La segunda proponía un proceso diferente: las primeras estrellas habrían nacido en un disco mucho más grueso que se fue adelgazando a medida que el gas de la galaxia se estabilizaba.
La nueva investigación encontró evidencias que favorecen esta última explicación.
Un cambio radical hace 10.800 millones de años
Los investigadores identificaron un punto decisivo en la evolución galáctica ocurrido hace aproximadamente 10.800 millones de años.
Durante los primeros 2.000 millones de años analizados, la altura característica del disco estelar disminuyó desde más de 4.100 años luz hasta aproximadamente 1.600 años luz.
Posteriormente, el proceso continuó mucho más lentamente, hasta alcanzar una altura característica cercana a los 400 años luz en las poblaciones estelares más jóvenes. Estos resultados indican que la Vía Láctea experimentó inicialmente una etapa de gran turbulencia, durante la cual el gas y las estrellas se encontraban distribuidos en una estructura más extensa.

Con el tiempo, las condiciones se volvieron más estables y permitieron que nuevas generaciones de estrellas nacieran cada vez más cerca del plano galáctico.
El telescopio Gaia permitió reconstruir el pasado
El descubrimiento fue posible gracias a los datos de Gaia, una misión de la Agencia Espacial Europea que recopiló información sobre las posiciones, movimientos y luminosidades de más de mil millones de estrellas.
Estos registros se combinaron con el proyecto ChronoGal, que permite determinar las edades de poblaciones estelares con una precisión superior a la conseguida anteriormente. Los científicos alcanzaron márgenes de error inferiores al 5%, equivalentes a aproximadamente 500 millones de años incluso para algunas de las estrellas más antiguas.
Esta precisión permitió identificar cambios en la estructura galáctica que antes resultaban difíciles de distinguir.
Un descubrimiento que cambia nuestra comprensión de la Vía Láctea
Los resultados respaldan el denominado modelo upside-down, según el cual las galaxias pueden comenzar formando estructuras estelares gruesas que se vuelven progresivamente más delgadas.
El estudio también ayuda a comprender cómo influyeron las condiciones del gas y la evolución gravitatoria en el desarrollo de nuestra galaxia.
Aunque todavía quedan interrogantes sobre las interacciones y fusiones que marcaron su pasado, la investigación aporta una de las evidencias observacionales más claras sobre el origen de los discos galácticos.
En definitiva, la Vía Láctea no adquirió su forma actual mediante un único proceso continuo, sino a través de una transformación que comenzó de manera acelerada y después avanzó lentamente durante miles de millones de años.