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Ciencia

Durante décadas, la industria necesitó cianuro para recubrir metales. Científicos argentinos encontraron una alternativa en un ingrediente que tenemos a mano en la cocina

Un equipo del CONICET lleva años intentando eliminar el cianuro de un proceso utilizado en joyería, grifería y electrónica. La alternativa funciona con un aditivo alimentario, aunque todavía queda un obstáculo importante.
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Hay productos que parecen no tener absolutamente nada en común. Un tornillo, una grifería cromada, una pieza electrónica y un ingrediente utilizado para potenciar el sabor de la comida entrarían perfectamente en esa categoría.

Un grupo de científicos argentinos lleva años intentando demostrar lo contrario. Investigadores del CIDEPINT (centro dependiente del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata y la CICPBA) desarrollaron un proceso capaz de reemplazar el cianuro utilizado para depositar cobre sobre piezas metálicas por glutamato monosódico, la conocida sal empleada como potenciador del sabor en alimentos. El método se llama CuGlu y ya funcionó tanto en laboratorio como en pruebas realizadas en una empresa del sector.

La idea parece casi demasiado sencilla. El problema que pretende solucionar, en cambio, lleva décadas acompañando a la industria.

El cianuro funciona extraordinariamente bien. Ese es precisamente el problema

Durante décadas, la industria necesitó cianuro para recubrir metales. Científicos argentinos encontraron una alternativa en un ingrediente que tenemos en la cocina
© CIDEPINT (Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas y Recubrimientos).

La galvanoplastia utiliza electricidad para cubrir un objeto con una fina capa de otro metal. Sirve para protegerlo de la corrosión y el desgaste, mejorar sus propiedades o simplemente cambiar su acabado. Está detrás de productos tan diferentes como joyas, griferías, piezas mecánicas y componentes electrónicos. Para depositar cobre de forma uniforme y conseguir que quede bien adherido, los baños alcalinos con cianuro son una solución extremadamente robusta. Pero tienen una contrapartida evidente.

Mientras el medio permanece muy alcalino, las condiciones pueden mantenerse controladas. Si esas soluciones se acidifican accidentalmente (por ejemplo, al mezclarse con residuos de otro proceso) pueden liberar ácido cianhídrico, un gas extremadamente tóxico. Por eso trabajar con estos baños exige controles y tratamientos de residuos difíciles de asumir, especialmente para talleres pequeños.

El equipo argentino buscó una molécula que pudiera cumplir una función química parecida sin cargar con ese riesgo. Así apareció el glutamato. En el nuevo electrolito, este compuesto ayuda a mantener los iones de cobre disponibles en la solución de una forma que permite controlar posteriormente su deposición sobre el metal. El CIDEPINT ya ha obtenido depósitos adecuados de cobre sobre acero utilizando formulaciones alcalinas basadas en glutamato monosódico.

El método funciona. Hasta que aparece un metal especialmente complicado

Hay un detalle importante: CuGlu no nació en 2026. El desarrollo lleva años avanzando y ya fue reconocido entre las innovaciones argentinas en INNOVAR 2017. Una tesis posterior del propio CONICET documenta además la formulación, caracterización, patentamiento y transferencia del electrolito a pruebas industriales. Lo que ocurre ahora es otra etapa: conseguir que el proceso sea suficientemente robusto como para funcionar sobre más superficies.

Con tornillos, tuercas y arandelas de acero estándar, los resultados fueron buenos incluso al aumentar la escala. Cuando aparecieron problemas sobre zamak y latón, los investigadores lograron corregirlos colaborando con el INIFTA. Entonces llegó el acero inoxidable.

En cilindros pulidos utilizados por la industria gráfica, el cobre podía desprenderse al someter las piezas a cambios bruscos de temperatura. Una posible solución consiste en intercalar previamente una fina capa de estaño, pero eso introduce justamente lo que los investigadores intentan evitar: otro paso, más tiempo y más costes.

Ahora están intentando descubrir qué ocurre en una zona microscópica

Durante décadas, la industria necesitó cianuro para recubrir metales. Científicos argentinos encontraron una alternativa en un ingrediente que tenemos en la cocina
© CONICET.

Para resolverlo, el equipo incorporó recientemente un electrodo rotante de disco-anillo, comprado con financiación del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires. Combinado con un bipotenciostato, permitirá estudiar con mucha más precisión qué reacciones ocurren exactamente en la interfaz donde el cobre intenta unirse al material.

Las primeras pistas apuntan a que podría formarse un óxido sobre determinadas superficies, debilitando posteriormente la adherencia. El nuevo instrumental permitirá modificar variables y observar sistemáticamente dónde aparece el fallo. Por eso todavía sería prematuro decir que el cianuro está a punto de desaparecer de la galvanoplastia. El propio equipo reconoce que los procesos tradicionales llevan décadas establecidos precisamente porque funcionan muy bien y son difíciles de sustituir.

Pero CuGlu ya ha superado una barrera bastante más importante que encontrar una reacción interesante dentro de un laboratorio: ha demostrado que algo tan cotidiano como un compuesto utilizado en alimentos puede hacer parte del trabajo de una de las sustancias industriales más peligrosas.

El reto ahora es conseguir que lo haga igual de bien en prácticamente cualquier pieza.

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