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Ciencia

Las cigüeñas dejaron de migrar a África por una razón inesperada: la comida de los vertederos

Miles de cigüeñas blancas han acortado o abandonado sus antiguas migraciones porque los vertederos de Europa les proporcionan alimento durante todo el año. El problema es que esta “comida basura” también las expone a plásticos, contaminantes y bacterias resistentes a los antibióticos.
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Durante siglos, la llegada del otoño activaba una rutina casi inevitable para las cigüeñas blancas europeas: abandonar sus zonas de reproducción y recorrer miles de kilómetros hacia África. Cruzar el Estrecho de Gibraltar y continuar hacia el sur era una estrategia costosa, pero necesaria para sobrevivir cuando escaseaba el alimento.

Eso empezó a cambiar cuando apareció una fuente de comida mucho más fácil.

Los grandes vertederos de residuos urbanos proporcionan a las cigüeñas cantidades enormes y relativamente predecibles de restos orgánicos durante todo el año. Para un ave que debe invertir una cantidad considerable de energía en migrar, quedarse cerca de casa y alimentarse de basura puede resultar una alternativa muy atractiva.

El efecto ya puede observarse en buena parte de Europa occidental. Estudios con dispositivos GPS han mostrado que la disponibilidad constante de alimento en vertederos ha favorecido la aparición de poblaciones residentes en la península ibérica, donde antes la migración era mucho más habitual.

Algunas cigüeñas recorren decenas de kilómetros solo para ir al vertedero

El atractivo de estos lugares es enorme.

Un estudio que siguió mediante GPS a cigüeñas residentes comprobó que algunas llegaban a desplazarse hasta 48 kilómetros para visitar un vertedero fuera de la época reproductiva. Las aves cuyos nidos estaban más cerca de estas instalaciones utilizaban los vertederos con mayor frecuencia y reducían sus áreas de alimentación en hábitats naturales.

Los vertederos también están modificando el comportamiento de las aves que todavía migran. En determinadas rutas de Francia y España se han convertido en importantes puntos de parada donde cientos o incluso miles de cigüeñas pueden descansar y alimentarse antes de continuar el viaje. 

Esto permite ahorrar energía y evitar parte de los riesgos asociados a los desplazamientos largos.

Pero hay un precio.

Las cigüeñas dejaron de migrar a África por una razón inesperada: la comida de los vertederos
© Magnific

La comida es abundante, pero no necesariamente saludable

En condiciones naturales, las cigüeñas blancas consumen una dieta muy variada formada por insectos, pequeños vertebrados y otros animales que encuentran en humedales y zonas agrícolas.

En un vertedero pueden alimentarse de restos de carne, comida procesada y todo tipo de residuos mezclados con materiales artificiales.

La exposición a basura también supone entrar en contacto con plásticos, metales y microorganismos presentes en los residuos.

Curiosamente, los efectos no son completamente negativos. Una investigación sobre polluelos de cigüeña descubrió que aquellos alimentados en mayor medida con recursos procedentes de vertederos presentaban mejor condición corporal y algunos indicadores nutricionales más elevados.

Es decir, desde el punto de vista estrictamente calórico, la basura puede funcionar bastante bien.

El problema aparece en otros indicadores.

Los vertederos también pueden convertirlas en transportadoras de bacterias resistentes

El mismo estudio encontró que los polluelos asociados a dietas procedentes de vertederos presentaban una mayor presencia de Escherichia coli resistente a múltiples antibióticos. También se detectaron modificaciones en algunos parámetros sanguíneos relacionados con la exposición a contaminantes.

Esto añade otra dimensión al problema.

Las cigüeñas pueden moverse entre vertederos, humedales, zonas agrícolas y áreas urbanas. Investigaciones posteriores han mostrado que estos lugares funcionan como auténticos nodos dentro de sus redes de desplazamiento, conectando los residuos humanos con otros ecosistemas.

Por tanto, modificar la alimentación de las cigüeñas no afecta únicamente a las propias aves.

Los vertederos incluso están cambiando dónde construyen sus nidos

El acceso permanente a comida también parece haber alterado la distribución de las poblaciones.

Un estudio publicado en 2023 analizó cuatro décadas de datos en la provincia de Madrid y concluyó que los vertederos habían influido en la distribución de las parejas reproductoras de cigüeña blanca. Las concentraciones de nidos aumentaron alrededor de estas fuentes artificiales de alimento. 

Eso significa que los residuos humanos no solo están cambiando qué comen las aves o hasta dónde vuelan.

Están modificando dónde viven.

Ahora aparece un problema nuevo: qué ocurre cuando desaparezca la basura

Europa está reduciendo progresivamente la cantidad de residuos biodegradables que terminan en vertederos y mejorando el tratamiento de la basura.

Desde una perspectiva ambiental es una buena noticia. Para las cigüeñas que llevan generaciones utilizando estos recursos, sin embargo, supone un cambio importante.

Los científicos llevan años estudiando qué ocurrirá si desaparecen de repente estas fuentes de alimento. Una población que haya reducido sus desplazamientos, reorganizado sus áreas de alimentación y establecido sus nidos alrededor de vertederos tendrá que volver a adaptarse.

Eso no significa necesariamente que las cigüeñas hayan olvidado cómo migrar ni que vayan a colapsar cuando cierren los vertederos. Su comportamiento migratorio es flexible y está influido por numerosos factores, incluido el clima y la disponibilidad de alimento.

Pero el experimento ya está en marcha.

Durante décadas, los humanos colocamos enormes cantidades de comida fácilmente accesible en el paisaje europeo y las cigüeñas hicieron exactamente lo que cabría esperar: dejaron de recorrer miles de kilómetros cuando podían encontrar un bufé permanente mucho más cerca de casa.

 

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