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Ciencia

El Sistema Solar tiene un planeta que parece faltar. Un nuevo estudio cree que la respuesta puede llevar 4.500 millones de años escondida dentro del Sol

El Sistema Solar carece de las supertierras que abundan alrededor de otras estrellas. Un nuevo modelo plantea una posibilidad radical: una de ellas pudo caer al joven Sol y dejar allí una huella todavía detectable.
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Mercurio, Venus, Tierra, Marte. Después aparecen los gigantes gaseosos y helados. Entre ambos grupos hay algo que resulta especialmente extraño cuando miramos los miles de sistemas planetarios descubiertos durante las últimas décadas: alrededor del Sol no existe ninguna supertierra.

Son mundos mayores que la Tierra pero menores que los gigantes como Neptuno, y aparecen con frecuencia alrededor de otras estrellas. Nuestro sistema, sencillamente, no tiene ninguna. Un astrónomo de la Universidad de Ege, en Turquía, propone ahora una explicación bastante espectacular: quizá sí tuvimos una, pero terminó dentro del Sol.

No se ha descubierto un planeta enterrado literalmente bajo la superficie solar. El trabajo, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, utiliza modelos de evolución estelar para preguntar algo diferente: si el Sol hubiera devorado una supertierra durante su juventud, ¿quedaría alguna señal reconocible 4.500 millones de años después?

Según sus cálculos, la respuesta podría ser sí.

Hay dos cosas dentro del Sol que los modelos llevan años intentando explicar

El Sistema Solar tiene un planeta que parece faltar. Un nuevo estudio cree que la respuesta puede llevar 4.500 millones de años escondida dentro del Sol
© NASA, ESA, CSA, Ralf Crawford (STScI).

Aunque conocemos nuestra estrella mejor que cualquier otra, los modelos solares estándar siguen encontrando pequeñas discrepancias con las observaciones.

Una de ellas aparece gracias a la heliosismología, que estudia las ondas que atraviesan el Sol para reconstruir su interior. Las mediciones muestran diferencias en la velocidad del sonido justo debajo de la zona convectiva respecto de lo que predicen determinados modelos. La otra pista es química: la superficie solar contiene muchísimo menos litio del que cabría esperar a partir de la composición inicial del Sistema Solar.

Mutlu Yıldız introdujo en sus simulaciones una etapa adicional en la infancia del Sol: la incorporación de material rico en elementos pesados procedente de un planeta.

Los modelos que mejor encajaron con las mediciones apuntaron repetidamente hacia el mismo rango: un mundo de entre aproximadamente cinco y diez masas terrestres. La solución preferida del estudio se sitúa alrededor de 5,6 Tierras, exactamente dentro de la categoría de supertierra.

Parte de aquel material habría acabado acumulándose debajo de la zona convectiva y modificando la composición, opacidad y estructura interna del Sol. Con determinadas condiciones de mezcla y composición, el mismo escenario también permite reproducir la fuerte reducción de litio observada actualmente.

El planeta incluso podría haber sobrevivido a su caída durante más tiempo de lo esperado

El Sistema Solar tiene un planeta que parece faltar. Un nuevo estudio cree que la respuesta puede llevar 4.500 millones de años escondida dentro del Sol
© NASA, ESA, CSA, Ralf Crawford (STScI).

Hay un problema evidente con la idea de arrojar un planeta al Sol: cabría pensar que se evaporaría inmediatamente en sus capas externas.

Los cálculos del estudio sugieren que no necesariamente. Una supertierra rocosa y suficientemente compacta podría atravesar buena parte de la envoltura convectiva del joven Sol sin perder la mayor parte de su masa, penetrando lo suficiente como para depositar material en regiones profundas. La simulación tiene en cuenta efectos como la presión, el arrastre y la ablación, aunque el propio trabajo reconoce que una descripción hidrodinámica completa necesitará investigaciones posteriores. 

La idea tampoco apareció de la nada. Un estudio de 2016 ya había propuesto que supertierras formadas en el Sistema Solar primitivo podían migrar hacia el interior a través del disco de gas y terminar cayendo al Sol. Lo nuevo es intentar averiguar si el propio Sol todavía conserva una huella de aquel episodio.

Eso no significa que hayamos encontrado nuestro planeta perdido

La distinción es importante. El estudio no demuestra que una supertierra existiera ni que el Sol se la tragara. Lo que demuestra es que ese escenario produce modelos capaces de explicar simultáneamente varias propiedades observadas de nuestra estrella mejor que algunas alternativas estudiadas. Tampoco permite concluir que su desaparición fuera necesaria para que apareciera la Tierra o la vida. Esa idea va bastante más allá de lo que establece el trabajo.

La prueba decisiva sería encontrar de manera independiente las señales estructurales y químicas concretas que predice el modelo. El propio Yıldız señala que ese es ahora el siguiente paso: buscar esas posibles “huellas dactilares” mediante heliosismología y otras observaciones.

De confirmarse, resolvería de una manera extraordinaria una de las rarezas de nuestro vecindario cósmico. El Sistema Solar no carecería de una supertierra porque nunca llegó a tenerla. Carecería de ella porque el único lugar donde todavía podríamos encontrar sus restos es dentro del Sol.

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