Hay lugares arqueológicos que parecen desafiar cualquier explicación lógica. El Monte Sierpe, en Perú, es uno de ellos. Sobre una ladera del valle de Pisco aparece una gigantesca franja perforada con miles de agujeros excavados directamente en la tierra. Desde hace más de un siglo, nadie conseguía entender para qué servían.
Las teorías eran casi infinitas. Algunos pensaban que podían ser sistemas agrícolas. Otros creían que almacenaban agua o que tenían algún propósito ceremonial. Pero ninguna hipótesis lograba explicar por qué existían más de 5.000 fosas alineadas a lo largo de casi un kilómetro y medio de montaña.
Ahora, un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Sydney cree haber encontrado por fin una respuesta convincente. Y la explicación podría cambiar lo que sabemos sobre las antiguas economías andinas anteriores al Imperio Inca.
Los arqueólogos creen que la montaña funcionaba como un gigantesco sistema comercial

La llamada “Banda de Agujeros” ocupa aproximadamente 1,5 kilómetros en las estribaciones del valle de Pisco y contiene unas 5.200 perforaciones poco profundas. Cada una mide entre uno y dos metros de ancho y hasta un metro de profundidad.
Para estudiar el lugar, el equipo utilizó drones capaces de mapear toda la estructura desde el aire. Al analizar las imágenes, los investigadores descubrieron patrones numéricos y distribuciones repetitivas que parecían responder a algún tipo de organización deliberada. Eso llevó a una hipótesis inesperada: el sitio podría haber funcionado como una enorme infraestructura de almacenamiento, intercambio y contabilidad.
El arqueólogo digital Jacob Bongers, autor principal del estudio, explicó que las estructuras recuerdan en cierta forma a los khipus incas, los famosos sistemas de cuerdas y nudos utilizados para registrar información numérica y administrativa. Pero aquí la diferencia es enorme: en lugar de cuerdas, el “registro” estaría construido directamente sobre el paisaje.
Dentro de los agujeros encontraron restos de maíz, algodón y antiguos cultivos andinos

Las pistas más importantes aparecieron durante el análisis del suelo. Los investigadores hallaron restos de polen de maíz, fibras vegetales, cañas para fabricar cestas y fragmentos relacionados con productos agrícolas como calabaza, amaranto, algodón y chiles.
La teoría sostiene que estas mercancías eran transportadas hasta el lugar y depositadas dentro de las fosas utilizando cestas o fibras agrupadas que se reemplazaban periódicamente. Eso convertiría al Monte Sierpe en algo parecido a un gigantesco mercado preincaico o un sistema de distribución regional. Y el contexto histórico hace que la idea tenga bastante sentido.
Según los investigadores, la población prehispánica de esta región rondaba las 100.000 personas. Comerciantes marinos, caravanas de llamas, agricultores y pescadores podían reunirse allí para intercambiar productos procedentes de distintos territorios andinos. Bongers incluso plantea que estas estructuras podrían representar una forma temprana de tecnología social destinada a organizar y conectar grandes comunidades mucho antes de la expansión del Imperio Inca.
El descubrimiento podría cambiar la forma de entender las antiguas economías andinas
Lo más fascinante del hallazgo es que sigue dejando abiertas muchísimas preguntas. ¿Por qué este tipo de monumento aparece solamente en esta región? ¿Por qué no existen estructuras similares repartidas por otros sectores de los Andes? ¿Se trataba realmente de una especie de “khipu de paisaje” construido a escala monumental?
Por ahora, ninguna respuesta es definitiva. Pero los investigadores creen que están más cerca que nunca de entender uno de los lugares más extraños y desconcertantes de Sudamérica. Y quizá ahí esté precisamente la magia de la arqueología: descubrir que algunas civilizaciones fueron capaces de convertir una montaña entera en una gigantesca herramienta de organización económica siglos antes de que existieran los sistemas modernos de contabilidad.