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Ciencia

Durante siglos, distintas generaciones siguieron grabando barcos en el mismo templo de Chipre. Un escáner láser encontró hasta 23 que nadie había visto y reveló que aquella pared no era una escena, sino una historia escrita durante generaciones

Durante 40 años se creyó que un templo de Kition conservaba 19 barcos de la Edad del Bronce. Un escaneo 3D encontró hasta 23 más y reveló que las imágenes se añadieron durante siglos.
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Durante cuatro décadas, una pared de piedra de un antiguo templo de Chipre parecía contar una historia bastante sencilla. Los arqueólogos conocían 19 barcos grabados sobre su fachada y los interpretaban como un conjunto perteneciente a los últimos siglos de la Edad del Bronce.

El problema era que estaban mirando una pared erosionada de más de 3.000 años a simple vista.

Cuando un nuevo equipo regresó al yacimiento de Kition Kathari, en la actual Lárnaca, y escaneó sus enormes bloques de piedra con láseres capaces de registrar la superficie en tres dimensiones, empezaron a aparecer líneas que prácticamente habían desaparecido. El análisis identificó hasta 23 posibles grabados desconocidos, suficientes para transformar no solo el número de barcos de Kition, sino también la historia que parecía contar aquella fachada.

Los investigadores creen ahora que las embarcaciones no fueron dibujadas juntas. Diferentes personas habrían seguido añadiéndolas durante cientos de años, desde finales de la Edad del Bronce hasta comienzos de la Edad del Hierro.

El láser encontró dibujos que el ojo ya casi no podía distinguir

Durante siglos, distintas generaciones siguieron grabando barcos en el mismo templo de Chipre. Un escáner láser encontró hasta 23 que nadie había visto y reveló que aquella pared no era una escena, sino una historia escrita durante generaciones
© G.C. Braun.

Los primeros grabados fueron estudiados sistemáticamente en los años 80. Pero cuatro décadas de exposición al sol, lluvia y erosión habían seguido degradando la piedra.

En 2024, Graham Braun, Caroline Barnes y Tzveta Manolova utilizaron escaneo láser terrestre de alta resolución y fotogrametría para crear modelos tridimensionales de siete grandes ortostatos de la fachada sur del Templo 1 y de otro bloque situado junto a una entrada.

El sistema registra millones de puntos y permite analizar diferencias diminutas en la profundidad y el ángulo de cada marca. Así pueden distinguirse incisiones humanas de grietas, golpes y deterioro natural.

Aparecieron hasta 23 candidatos nuevos. Los investigadores clasificaron nueve con alta confianza, seis con confianza media y ocho como casos más dudosos. Al mismo tiempo, algunas marcas que hace décadas habían sido interpretadas como barcos resultaron ser daños naturales.

Incluso los dibujos conocidos cambiaron. Algunos conservaban elementos que las ilustraciones originales no habían detectado, como mástiles, formas de proa o estructuras superiores que permiten relacionarlos con diferentes tradiciones navales del Mediterráneo oriental. Y entonces apareció el detalle que cambió la cronología.

Un barco estaba grabado sobre una piedra que todavía no existía cuando construyeron el templo

Durante siglos, distintas generaciones siguieron grabando barcos en el mismo templo de Chipre. Un escáner láser encontró hasta 23 que nadie había visto y reveló que aquella pared no era una escena, sino una historia escrita durante generaciones
© T.V. Manolova.

Uno de los bloques estudiados, denominado T1.8, no pertenece a la construcción original. Es una pieza de arenisca amarilla añadida durante una reparación realizada después de la Edad del Bronce. Sobre ella hay al menos un barco claro (posiblemente dos) junto a una línea de puntos similar a las que aparecen en el resto de la fachada.

Eso plantea un problema bastante contundente: ese barco no pudo ser grabado cuando se hicieron los primeros dibujos porque su piedra todavía no estaba allí. El bloque probablemente fue instalado durante una fase correspondiente al período Chipriota Geométrico, alrededor de los primeros siglos de la Edad del Hierro. Para entonces habían transcurrido aproximadamente 150 años desde la construcción original de la fachada.

Los investigadores estudiaron tres posibilidades. Una era que existiese un conjunto inicial y que generaciones posteriores simplemente lo imitaran. Otra, que todos los barcos fueran posteriores a la Edad del Bronce. Pero la evidencia arquitectónica, estilística y estratigráfica favorece una tercera explicación: los barcos fueron apareciendo poco a poco durante cientos de años.

Generaciones separadas por siglos parecen haber respetado la misma pared

Durante siglos, distintas generaciones siguieron grabando barcos en el mismo templo de Chipre. Un escáner láser encontró hasta 23 que nadie había visto y reveló que aquella pared no era una escena, sino una historia escrita durante generaciones
© T.V. Manolova.

Eso convierte los grabados en algo bastante más interesante que una antigua ilustración naval. Las embarcaciones pertenecen a seis grandes grupos morfológicos y muestran semejanzas con barcos chipriotas, levantinos y egeos. Kition era precisamente un puerto profundamente conectado con las rutas marítimas del Mediterráneo oriental.

Además, toda la fachada mantiene una extraña coherencia. Prácticamente solo aparecen barcos y filas de pequeños puntos, al menos once identificadas ahora mediante los modelos digitales. Los autores plantean que podrían representar el mar, olas o reflejos, aunque su significado continúa siendo incierto. Tampoco sabemos quién llevaba una herramienta hasta aquella pared. Una posibilidad es que fueran marineros realizando ofrendas antes o después de sus viajes. Otra es que habitantes de Kition dibujaran los barcos que observaban entrar y salir del puerto. La función exacta sigue abierta.

Durante siglos, distintas generaciones siguieron grabando barcos en el mismo templo de Chipre. Un escáner láser encontró hasta 23 que nadie había visto y reveló que aquella pared no era una escena, sino una historia escrita durante generaciones
© T.V. Manolova.

Lo que sí parece cada vez más difícil de sostener es que alguien llegara un día y dibujara una flota completa. Durante siglos, personas que probablemente nunca llegaron a conocerse volvieron al mismo muro y añadieron otro barco. Cuando una generación desaparecía, la siguiente encontraba allí aquellas naves y continuaba la escena.

Tres mil años después, hicieron falta millones de puntos de un escáner láser para volver a verlas.

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