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Ciencia

En Noruega, salir de la oficina a las 15 no se interpreta como falta de compromiso. Ahora algunas empresas están probando algo todavía más radical: trabajar un día menos sin cobrar menos

En muchos empleos noruegos, 37,5 horas semanales y horarios flexibles ya forman parte de la normalidad. Un experimento con la semana de cuatro días sugiere que reducir todavía más el tiempo de trabajo no implica necesariamente producir menos.
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Hay países donde abandonar la oficina a las tres de la tarde puede provocar alguna mirada incómoda. En Noruega, en cambio, quedarse sistemáticamente hasta tarde puede generar justo la pregunta contraria: ¿por qué sigues trabajando?

No existe una ley nacional que ordene apagar los ordenadores a las 15. La jornada ordinaria máxima establecida por la legislación es de 40 horas semanales, pero los convenios y contratos han convertido las 37,5 horas en una fórmula habitual en numerosos sectores. La propia inspección laboral noruega reconoce expresamente ese esquema como uno de los acuerdos más comunes.

Eso permite algo que en otros mercados laborales sigue pareciendo un lujo: empezar a trabajar temprano y conservar buena parte de la tarde. Y ahora un experimento realizado en Noruega y Suecia plantea una pregunta bastante lógica: si ya nadie necesita demostrar su productividad permaneciendo sentado hasta la noche, ¿hace falta siquiera trabajar cinco días?

El verdadero choque cultural ocurre cuando alguien se queda trabajando demasiado tarde

En Noruega, salir de la oficina a las 15 no se interpreta como falta de compromiso. Ahora algunas empresas están probando algo todavía más radical: trabajar un día menos sin cobrar menos
© Ad Curis.

La municipalidad de Oslo presenta oficialmente la semana de 37,5 horas, los horarios flexibles y el trabajo híbrido como características habituales de su cultura laboral. A eso se suman vacaciones amplias, permisos parentales y una organización del trabajo que concede un peso considerable al tiempo familiar y personal.

El contraste va más allá de las horas escritas en un contrato. En una guía publicada por la propia ciudad para extranjeros que llegan a trabajar a Oslo, una profesional con 15 años de experiencia en el país explica que hacer horas extra no funciona como una medalla de compromiso. Salir cuando termina la jornada es normal; quedarse regularmente hasta tarde puede hacer que los compañeros se pregunten por qué ocurre.

La lógica es sencilla: se espera que el trabajo ocurra dentro del tiempo reservado para trabajar. Eso tampoco significa que todos los noruegos estén a las 15 camino de una pista de esquí. Sanidad, industria, hostelería, comercio o empleos por turnos funcionan con horarios diferentes. La legislación incluso establece límites especiales de 36 o 38 horas semanales para determinadas modalidades de trabajo intensivo, nocturno o durante fines de semana.

Lo peculiar es otra cosa: la cantidad de horas visibles no funciona necesariamente como sinónimo de productividad.

Once organizaciones decidieron averiguar qué pasaba si quitaban todavía más horas

En Noruega, salir de la oficina a las 15 no se interpreta como falta de compromiso. Ahora algunas empresas están probando algo todavía más radical: trabajar un día menos sin cobrar menos
© Posten Bring AS.

Entre 2024 y 2025, 11 organizaciones de Noruega y Suecia participaron en un ensayo sobre reducción del tiempo de trabajo. Había empresas, entidades públicas y organizaciones sin ánimo de lucro, y no todas utilizaron exactamente el mismo formato: algunas probaron cuatro días, otras jornadas de seis horas o sistemas de días libres rotativos.

El principio era aproximadamente el conocido modelo 100-80-100: mantener el 100% del salario, trabajar cerca del 80% del tiempo y tratar de conservar el 100% del rendimiento. No consistía simplemente en meter cinco jornadas dentro de cuatro.

Las organizaciones tuvieron que reorganizar reuniones, procesos, prioridades y formas de colaboración para intentar eliminar tiempo improductivo. El ensayo se prolongó durante seis meses y sus resultados fueron publicados en febrero de 2026 por investigadores vinculados, entre otros, a la Universidad de Karlstad.

La muestra fue pequeña, por lo que no permite afirmar que toda la economía noruega podría pasar mañana a cuatro días. Pero el resultado sí es llamativo: diez de las once organizaciones decidieron mantener o prolongar el esquema reducido después del ensayo. El estudio reportó mejoras en bienestar y capacidad de trabajo sin un deterioro general de los resultados económicos de las organizaciones participantes.

La semana de cuatro días quizá no sea realmente sobre tener un viernes libre

En Noruega, salir de la oficina a las 15 no se interpreta como falta de compromiso. Ahora algunas empresas están probando algo todavía más radical: trabajar un día menos sin cobrar menos
© Geir Olsen.

Ese es posiblemente el punto más interesante del experimento. Noruega todavía no tiene una semana laboral nacional de cuatro días, ni parece estar a punto de decretarla para todos sus trabajadores. Lo que está cambiando es una discusión mucho más profunda sobre qué significa realmente trabajar de forma productiva.

En un sistema donde 37,5 horas ya son habituales, salir a tiempo está culturalmente aceptado y la flexibilidad forma parte de muchos empleos, recortar otro 20% deja de parecer una ruptura completa con el modelo existente. Y ahí aparece una idea bastante diferente de la vieja oficina.

Durante décadas, el trabajo se midió en gran medida por una unidad extremadamente sencilla: cuántas horas alguien estaba allí. Los experimentos escandinavos están poniendo a prueba otra posibilidad. Que quizá la pregunta correcta no sea cuánto tiempo podemos mantener a alguien trabajando, sino cuánto de ese tiempo hacía falta realmente desde el principio.

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