El secador de pelo es de esos productos de la cotidianidad doméstica que hace una sola cosa pero lo hace muy bien. Lo sacas del cajón, lo usas y hasta la próxima, sin enredos. ¿Cuánta tecnología puede llegar a haber en uno de ellos? Resulta que, para mi sorpresa, bastante más de la que me imaginaba.

El testigo es el Supersonic, un secador de pelo fabricado por la conocida marca de electrodomésticos Dyson y que cuesta la friolera de $400 dólares (400€ en la mayoría de tiendas que he consultado, un buen ratio de conversión euro/dólar). Dyson se hizo conocida fabricando aspiradoras y a menudo se le compara con Apple por tener varios puntos en común: un diseño cuidado, un precio sensiblemente más alto que la competencia y además, en ocasiones, sus productos te resuelven problemas que ni siquiera sabías que tenías.

Yo no tengo ningún problema con mi pelo (que quede claro eh, internet, no me estoy quedando calvo) pero como lo llevo más o menos corto normalmente el proceso de secado de mi augusta cabellera consiste en salir de la ducha y esperar pacientemente a que la física, cortesía del proceso de evaporación, haga su efecto. Todo esto me hizo darme cuenta, al comenzar a preparar la reseña, de que no era desde luego el mejor sujeto de experimentación para decidir si el Dyson Supersonic valía su precio.

Usando el Dyson Supersonic

Como el cacharro picaba bastante mi curiosidad, decidí resolver el problema acudiendo a tres personas que sí tienen el pelo largo y además usan secadores con frecuencia: mi novia, una amiga que es peluquera y mi compañera de Gizmodo US Alex Cranz. La primera utiliza un secador que costó unos $60 dólares al cambio, la segunda utiliza varios de uso profesional entre los $100 y los $200 dólares y la última uno de $70 que compró hace 14 años.

Eso implica que el Supersonic es el doble de caro en el mejor de los casos y seis veces más en el peor de ellos, así que la conclusión evidente es ¿merece la pena?

La pregunta puede responderse de dos maneras, desde mi experiencia, fiable pero no demasiado ducha en asuntos capilares, y la de las tres encuestadas. Antes de saltar a las conclusiones, con todo, merece la pena explicar qué es lo que hace el Supersonic, sobre el papel, para justificar ese precio en la etiqueta.

El botón de la izquierda selecciona la potencia del aire, el de la derecha admite hasta 3 grados de temperatura.

Los secadores de pelo tienen normalmente tres problemas principales: son ruidosos, manejan un tiempo variable de secado del pelo y, si no cuidas el tiempo de aplicación de calor, generan rizos y dejan el pelo fosco. El Supersonic, por un lado, no utiliza ningún tipo de aspa visible con lo cual consigue reducir considerablemente el ruido, incluso con la potencia al máximo.

El Supersonic por dentro

Dije que “no tiene ningún tipo de aspa” pero eso es, técnicamente, una mentira. En realidad están en un motor que gira a 110.000 revoluciones por minuto escondido, muy inteligentemente, en el mango. Se acompaña de un sensor que mide la temperatura 20 veces por segundo para ajustar hasta cuatro niveles: 100ºC para un secado rápido, 80ºC en lo que sería el modo “normal”, 60ºC para calor más ligero y 28ºC apretando constantemente un botón de frío ubicado debajo del de encendido/apagado. Para eliminar en lo posible la electricidad estática esconde también un desionizador.

Las extensiones son las de la imagen superior, el difusor y los dos concentradores. Se pueden quitar y poner simplemente acercándolos y separándolos, porque el mecanismo funciona con imanes. Simple y cómodo.

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Como dije, hay bastante mas tecnología de la que parece en el dichoso secador pero, como en todo, lo que importan son los resultados. Respondiendo a la pregunta si merece la pena o no, sobre todo teniendo en cuenta el precio, las respuestas son variadas.

En mi caso, lo que más me llama la atención es ese “It just works” (simplemente funciona) que decía Jobs y que de nuevo es tan Apple. Sin utilizar habitualmente secadores ni tener realmente mucha idea sobre cómo usar uno, durante mis pruebas me enchufaba el trasto en el pelo durante unos 2 o 3 minutos y el resultado era sensiblemente mejor al habitual y al que conseguí con otros secadores. No fue mejor, eso sí, al que consiguió mi peluquera, probablemente por falta de habilidad y de experiencia.

Para mi novia y para mi peluquera el principal punto a favor fue la rapidez de secado, hasta un 25% según el caso de lo que se tarda con un secador normal y sin tener que preocuparse mucho sobre la temperatura y el estilismo. En el caso de la peluquera, encontró criticable la escasez de accesorios, no es un secador que pueda funcionar del todo bien según qué pelos y estos deberían poder comprarse por separado. Un peluquero experimentado, añadió también, puede conseguir resultados mejores utilizando otros accesorios y productos, pero son casos más concretos.

¿Me lo compro?

Depende. Si quieres EL, con mayúsculas, secador de pelo, no te importa pagar la diferencia que supone un producto premium y la rapidez de secado es un factor decisivo, realmente no hay secador de pelo mejor que este. Es ligero, bien equilibrado, silencioso y rápido. Cuesta $400 malditos dólares, pero, hasta donde llega mi experiencia y la de las personas consultadas, los vale.

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Si no, lo más probable es que si eres feliz con tu secador de toda la vida sigas siendo feliz con tu secador de toda la vida. Sólo queda desear que el resto de compañías tomen nota, en algún momento, de lo que ha hecho Dyson con el Supersonic para verlo en futuros productos algo más asequibles.