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Ciencia

El centro de la Vía Láctea es un infierno de radiación, choques y turbulencia. Acaban de descubrir una segunda fábrica con más de 120 moléculas y eso cambia lo que creíamos sobre la química de la galaxia

G+0.633 no destaca únicamente por su enorme inventario químico. Su extraordinario parecido con otra nube situada en el mismo complejo demuestra que la fabricación de moléculas complejas cerca del corazón galáctico podría responder a una receta repetible.
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A unos 100 pársecs (326 años luz) de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, hay un entorno que parece diseñado para desmontar moléculas. La radiación es intensa, los rayos cósmicos atraviesan el gas y enormes nubes chocan mientras se desplazan por la región central de la galaxia.

Sin embargo, ese caos no está esterilizando el espacio. Puede estar haciendo justamente lo contrario.

Un equipo encabezado por David San Andrés, del Centro de Astrobiología de Madrid, ha identificado más de 120 especies moleculares en G+0.633-0.0604, una nube situada en el extremo sur del gigantesco complejo de Sagitario B2. Hay etanolamina, glicolamida, cianometaniminas y compuestos que contienen los seis elementos esenciales para la vida terrestre.

La gran noticia no son las 120 moléculas: es que la nube tiene una gemela

El centro de la Vía Láctea es un infierno de radiación, choques y turbulencia. Acaban de descubrir una segunda fábrica con más de 120 moléculas y eso cambia lo que creíamos sobre la química de la galaxia
© ALMA(ESO/NAOJ/NRAO)/S. Longmore et al. Stars in inset: ESO/D. Minniti et al. Milky Way: ESO/S. Guisard.

G+0.633 no apareció completamente sola. A unos 10 pársecs de distancia proyectada se encuentra G+0.693-0.027, una nube ya famosa por albergar cerca del 40% de las moléculas detectadas hasta ahora en el medio interestelar.

Durante años existió la posibilidad de que G+0.693 fuera una anomalía: una combinación excepcional de condiciones difícil de repetir en otra parte. La nueva nube debilita esa explicación. Según la caracterización astroquímica depositada en arXiv, ambas presentan inventarios y abundancias estrechamente relacionados, incluidas segundas detecciones sólidas de moléculas que antes solo se habían observado en G+0.693.

Los autores la describen como su primer “gemelo astroquímico” confirmado. Eso permite pasar de estudiar una curiosidad aislada a comparar dos laboratorios naturales sometidos a procesos aparentemente similares.

El inventario se reconstruyó combinando observaciones del radiotelescopio de Yebes, el IRAM de 30 metros y APEX. Cada molécula deja varias líneas de emisión al rotar, una especie de código de barras que los astrónomos pueden reconocer dentro del espectro.

No son fotografías de las sustancias ni muestras recogidas en el espacio. Son identificaciones realizadas al comparar esas señales con las frecuencias medidas previamente en laboratorios terrestres.

Los choques no solo destruyen moléculas: también abren sus congeladores

El centro de la Vía Láctea es un infierno de radiación, choques y turbulencia. Acaban de descubrir una segunda fábrica con más de 120 moléculas y eso cambia lo que creíamos sobre la química de la galaxia
© J. Vieira/APEX (MPIfR/ESO/OSO).

La posible receta empieza sobre diminutos granos de polvo. En sus superficies heladas pueden acumularse átomos y moléculas durante largos periodos. Cuando dos masas de gas colisionan, las ondas de choque erosionan esas capas y liberan su contenido al espacio, donde pasa a ser detectable.

La caracterización física de G+0.633 encontró tres componentes de gas con temperaturas de entre 55 y 90 kelvin. El principal coincide con una elevada emisión de ácido isociánico, utilizado para rastrear regiones afectadas por impactos, y presenta otras señales compatibles con una colisión entre nubes.

El resultado da la vuelta a una idea intuitiva. En esta región, un choque no tiene por qué limitarse a romper estructuras químicas: también puede sacar a la luz una complejidad que permanecía almacenada en el hielo.

Una nube donde las moléculas más débiles se escuchan mejor

G+0.633 ofrece además una ventaja inesperada. Sus líneas espectrales tienen una anchura cercana a 10 kilómetros por segundo, aproximadamente la mitad que las de su gemela. En términos prácticos, hay menos señales solapándose y resulta más sencillo separar moléculas poco abundantes.

La reciente detección de benzonitrilo en ambas nubes demuestra el potencial de este entorno para buscar estructuras aromáticas más difíciles de reconocer. Nada de esto prueba que exista vida cerca del centro galáctico. Tampoco significa que la etanolamina esté formando membranas o que las cianometaniminas estén produciendo ADN. La relevancia es anterior: demuestra que algunos de los peldaños químicos aprovechados por la biología pueden aparecer incluso en uno de los lugares más agresivos de la galaxia.

El catálogo detallado todavía está desarrollándose. Pero si una nube era una rareza y dos empiezan a parecer una receta, el centro de la Vía Láctea podría esconder muchas más fábricas químicas esperando a ser escuchadas.

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