Saltar al contenido
Ciencia

El cerebro cambia al morir: un hallazgo que reescribe los cimientos de la neurociencia moderna

Investigadores del Hospital Monte Sinaí de Nueva York descubrieron que más del 60 % de las proteínas cerebrales se modifican tras la muerte, lo que pone en duda décadas de estudios basados en tejido post mortem. El hallazgo, difundido por National Geographic, podría transformar el modo en que se investigan los trastornos mentales y se desarrollan terapias neurológicas.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Un órgano que cambia incluso después del final

Durante siglos, el cerebro ha sido comparado con relojes, circuitos o supercomputadoras. Sin embargo, a pesar de su aparente precisión, sigue siendo el mayor enigma biológico: un sistema de 86 mil millones de neuronas que define la conciencia, el pensamiento y las emociones humanas.

Hasta ahora, gran parte del conocimiento sobre su funcionamiento provenía del estudio de tejidos obtenidos después de la muerte. Pero un nuevo trabajo del Hospital Monte Sinaí y la Escuela Icahn de Medicina de Nueva York acaba de revelar algo inesperado: el cerebro cambia de manera profunda tras morir, alterando su composición molecular y la interpretación de los datos obtenidos durante décadas de investigación.


El Proyecto Cerebro Vivo: una mirada inédita al cerebro en acción

El descubrimiento forma parte del Proyecto Cerebro Vivo, dirigido por el doctor Alexander W. Charney, una iniciativa que analiza tejidos cerebrales obtenidos durante neurocirugías en pacientes vivos.

Los investigadores tomaron biopsias del córtex prefrontal de casi 300 personas sometidas a cirugías cerebrales, preservando la estructura molecular del tejido. Al compararlo con muestras post mortem, hallaron que más del 60 % de las proteínas diferían significativamente, y que el 95 % de las transcripciones de ARN mostraban variaciones en su estructura o cantidad.

“Las relaciones entre ARN y proteínas se alteran completamente tras la muerte”, explicó el doctor Brian Kopell, director del Centro de Neuromodulación del Mount Sinaí. “Estos cambios modifican la interpretación de muchos modelos utilizados para estudiar el párkinson, el alzhéimer y otros trastornos neurodegenerativos”.

El hallazgo sugiere que el cerebro vivo mantiene una dinámica molecular única, que desaparece poco después de la muerte.


Una revolución para la investigación de enfermedades mentales y neurológicas

Las conclusiones del equipo implican un giro en la neurociencia. Si los tejidos post mortem presentan diferencias tan grandes, los modelos actuales podrían no reflejar con precisión el cerebro en funcionamiento. Esto abre la puerta a nuevos biomarcadores y a estrategias terapéuticas más efectivas para enfermedades neurológicas y psiquiátricas.

El doctor Charney destacó la trascendencia del cambio metodológico:

“Para comprender cómo funciona realmente nuestro cerebro, debemos estudiarlo mientras sigue vivo. Los modelos tradicionales no pueden capturar la complejidad molecular que desaparece tras la muerte”.

Aun así, subrayó que el nuevo enfoque no invalida los estudios previos, sino que los complementa: “Las muestras post mortem siguen siendo valiosas; lo que demostramos es que las muestras vivas aportan una dimensión que faltaba”.


Hacia un biobanco de tejido cerebral vivo

El equipo del Monte Sinaí planea crear un biobanco global de tejido cerebral vivo, un recurso sin precedentes que permitiría observar en tiempo real cómo las neuronas responden a estímulos, fármacos o mutaciones genéticas.

Con este tipo de muestras, los científicos podrían entender mejor las bases biológicas del ánimo, la cognición y los trastornos psiquiátricos, desarrollando tratamientos más específicos. Según National Geographic, bastaría con que una fracción de los 10 millones de personas que se someten a neurocirugías cada año donara una muestra de tejido para transformar la comprensión del cerebro humano.


Un nuevo paradigma para la neurociencia

El Proyecto Cerebro Vivo redefine cómo se estudia el órgano más complejo del cuerpo. Su propuesta —pasar de lo estático a lo dinámico, del tejido muerto al tejido activo— marca un antes y un después en la historia de la neurociencia.

Los investigadores afirman que comprender el cerebro mientras aún piensa, siente y reacciona podría ser la clave para resolver enigmas tan diversos como la esquizofrenia, el deterioro cognitivo o las alteraciones del estado de ánimo.

“Estamos entrando en una nueva era”, concluyó Kopell. “Solo estudiando el cerebro vivo podremos entender lo que realmente nos hace humanos”.

Fuente: Infobae.

Compartir esta historia

Artículos relacionados