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Ciencia

El ciervo axis, introducido hace un siglo en Buenos Aires, ya apareció en siete provincias nuevas: los investigadores proponen no tratarlo como una simple plaga

La reacción automática frente a una especie exótica que avanza suele ser exterminarla cuanto antes. Un grupo de científicos plantea que, antes de decidir qué hacer, primero hay que entender qué está pasando realmente
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El ciervo axis (Axis axis), originario de India, Sri Lanka y Nepal, se introdujo en Argentina a comienzos de la década de 1930 con fines de caza deportiva y ornamentales, principalmente en estancias del partido de Magdalena, provincia de Buenos Aires. Desde entonces se dispersó hacia Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, su área de distribución habitual. Un nuevo estudio, elaborado por ocho investigadores de Córdoba, Santiago del Estero, Corrientes y Buenos Aires y publicado en la revista especializada Notas Sobre Mamíferos Sudamericanos, documentó 32 registros nuevos entre 2018 y 2025 en siete provincias donde la especie no tenía presencia documentada hasta ahora: Córdoba, Santiago del Estero, Chaco, San Luis, Salta y Formosa, además de nuevos reportes en el norte de Santa Fe, según relevó TN.

Un animal sin depredadores naturales

Axis Axis
© feathercollector – Shutterstock

En 2021, el entonces Ministerio de Ambiente de la Nación declaró al ciervo axis especie exótica invasora de categoría 2, lo que exige políticas de prevención, control o mitigación sobre sus impactos. Al no tener depredadores naturales en el país (en su hábitat de origen esa función la cumple el tigre), la especie generó conflictos concretos: disputa de pasturas y forrajes con la ganadería, sobre todo en Corrientes, y riesgo vial, ya que se trata de un animal veloz, que se mueve en manadas grandes y tiene actividad nocturna.

Lo que Corrientes ya vivió

Desde 2023, Corrientes habilitó la caza sin tope del ciervo axis para intentar controlar una superpoblación ya consolidada en la provincia. «Esa experiencia muestra que el control puede reducir la presencia o abundancia de la especie cuando el esfuerzo se sostiene, pero que una vez que las poblaciones están consolidadas el manejo se vuelve mucho más difícil y la erradicación es poco probable», explicó Fernando Zamudio, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv-Conicet) y uno de los autores del estudio.

Una alerta temprana, no una condena automática

Los investigadores remarcan que los nuevos registros no implican necesariamente que ya existan poblaciones establecidas en esas siete provincias, sino que la especie muestra un desplazamiento considerable que conviene monitorear a tiempo. «El ciervo axis registra apariciones en ambientes y regiones donde no estaba documentado de esta manera, por eso lo planteamos también como una alerta temprana», explicó el biólogo Matías Wajner, también del Imbiv-Conicet. Según el equipo, todavía no puede reconstruirse una ruta de avance definida, y el trabajo deja abierta la pregunta de si los animales llegaron por dispersión desde poblaciones ya establecidas o por escapes y liberaciones desde establecimientos privados.

Por qué el enfoque cambia: mirar también a las comunidades

El aporte más distintivo del estudio es metodológico: los investigadores proponen no limitar el análisis al impacto ecológico, sino incorporar también una mirada socioambiental sobre cómo las comunidades locales conviven con estas especies. Como ejemplo citaron el caso del jabalí en el norte de Córdoba, donde detectaron reacciones mixtas: para algunos productores representa un problema por el riesgo de cruzamiento con cerdos domésticos, mientras que para otros habitantes funciona como una oportunidad de caza que además refuerza lazos sociales a través de la carne compartida. «No se trata de desconocer los posibles impactos ecológicos, sino de entender que estamos frente a procesos socioambientales», explicó Francis Merlo, investigador del Instituto de Diversidad y Ecología Animal (Idea-Conicet).

Preguntas todavía abiertas

El equipo advierte, además, que los efectos documentados en una región no necesariamente se repiten en otra: «No sabemos si lo que ocurre con el axis en Corrientes puede extrapolarse directamente al Chaco Árido de Córdoba», señaló Zamudio. Por eso, antes de definir cualquier estrategia de manejo (incluso en áreas protegidas donde ya se registró la especie, como los parques nacionales Copo, en Santiago del Estero, y El Impenetrable, en Chaco), los investigadores insisten en la necesidad de determinar primero si se trata de individuos aislados o de poblaciones en reproducción activa, de dónde provienen y cómo interactúan con la fauna nativa y las comunidades locales, antes de que una eventual expansión se vuelva, como en Corrientes, mucho más difícil y costosa de controlar.

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