Saltar al contenido

El cometa que la NASA parece haber dejado de mirar. Un visitante interestelar, un silencio incómodo y demasiadas coincidencias

Mientras el cometa 3I/ATLAS se oculta tras el Sol, la NASA calla. Su silencio coincide con el cierre del gobierno estadounidense y con la fase más activa del objeto, justo cuando debía entregar datos cruciales. El resultado: un misterio que mezcla ciencia, política y ecos de la famosa señal “Wow!”.

A veces, el silencio dice más que las palabras.

Y en el caso del cometa 3I/ATLAS, ese silencio proviene de la NASA.

En pleno auge de su actividad, justo cuando atraviesa su punto más cercano a Marte y se prepara para desaparecer tras el Sol, la agencia espacial estadounidense ha guardado un mutismo absoluto.

Sin comunicados. Sin conferencias. Sin imágenes nuevas.

El motivo oficial parece administrativo, pero el momento —y las coincidencias— han desatado algo más grande: un vacío que la ciencia intenta llenar con hipótesis y las redes, con sospechas.

El “shutdown” que apagó también al espacio

Por qué la NASA guarda silencio sobre el cometa 3I/ATLAS justo cuando alcanza su máxima actividad
© NSF’s NoirLab.

El 1 de octubre, Estados Unidos entró en un nuevo “shutdown”, el cierre temporal del gobierno federal por falta de acuerdo presupuestario. El Congreso no aprobó el presupuesto 2026 al presidente Donald Trump, y con ello se paralizaron las funciones no esenciales de las agencias federales.

Entre ellas, la NASA.

La consecuencia inmediata: la suspensión de las actividades públicas y de comunicación, incluidas las actualizaciones científicas sobre el cometa 3I/ATLAS, que se encontraba justo en su fase de mayor interés.

Pero la coincidencia temporal —una agencia muda y un cometa activo— no pasó desapercibida. Y en una era de desinformación global, el silencio se convierte fácilmente en sospecha.

Lo que está ocurriendo allá arriba

Por qué la NASA guarda silencio sobre el cometa 3I/ATLAS justo cuando alcanza su máxima actividad
© Michael Jäger – Gerald Rhemann.

Antes de que se decretara el cierre, el rover Perseverance y varias sondas europeas en órbita marciana habían logrado capturar imágenes del paso de 3I/ATLAS cerca de Marte. Era un momento único: el tercer visitante interestelar detectado en la historia del Sistema Solar se encontraba lo suficientemente cerca para ser estudiado con detalle.

Sin embargo, con la NASA semiparalizada, no hubo confirmación oficial ni análisis público de esas observaciones. La información quedó en manos de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de grupos universitarios independientes, que ahora intentan llenar el vacío con sus propios datos.

Para añadir más misterio, el 29 de octubre, el cometa alcanzará su perihelio, el punto más cercano al Sol. Desde la Tierra, quedará invisible, oculto tras el resplandor solar durante semanas.

Una fase que los astrónomos llaman “ocultamiento”, pero que en esta ocasión parece más bien una desaparición simbólica: el cometa y la NASA, ambos fuera de nuestro alcance.

Las voces que rompen el silencio

Entre los que han decidido hablar está el astrofísico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard. Loeb, famoso por sostener que ‘Oumuamua’ podría haber tenido origen artificial, cuestionó públicamente por qué la NASA no emite información sobre 3I/ATLAS “justo cuando más lo necesitamos”.

Además, lanzó una idea que encendió los foros científicos y las redes sociales: según sus cálculos, la trayectoria del cometa 3I/ATLAS parece alinearse con el origen de la célebre señal “Wow!”, detectada en 1977.

Esa señal fue una ráfaga de ondas de radio de 72 segundos captada por el radiotelescopio de la Universidad Estatal de Ohio, tan potente e inusual que su descubridor, Jerry Ehman, escribió al margen del registro una sola palabra: “Wow!”. Casi medio siglo después, su origen sigue siendo un misterio.

Loeb no ha dicho que exista una conexión directa, pero la coincidencia angular entre ambas direcciones celestes es tan estrecha que resulta difícil ignorarla.

Entre la ciencia y la sospecha

Por qué la NASA guarda silencio sobre el cometa 3I/ATLAS justo cuando alcanza su máxima actividad
© Lowell Observatory/NOIRLab/NSF/AURA.

El debate ha saltado de los observatorios al terreno político. La congresista Anna Paulina Luna, cercana al entorno de Trump, afirmó en la red social X haber conversado con Loeb sobre la “necesidad de transparencia científica ante un hallazgo potencialmente histórico”. Su comentario bastó para que el rumor se viralizara.

Desde España, el astrónomo Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, ofreció una lectura más terrenal: “Si 3I/ATLAS fuera simplemente un cometa o un fragmento rocoso, China ya habría mostrado imágenes para demostrar su superioridad tecnológica, sobre todo ahora que la NASA está parcialmente paralizada”.

El comentario resuena más allá de la astronomía. En plena competencia espacial, el silencio también es una forma de perder terreno.

El cometa y la pregunta que nadie puede responder

Por ahora, la comunidad científica depende de los datos de la ESA y de observatorios independientes. El resto es incertidumbre.

El cometa seguirá oculto tras el Sol hasta noviembre, cuando reaparezca brevemente antes de continuar su viaje interestelar.

Y la NASA, por su parte, seguirá en silencio hasta que el Congreso apruebe su presupuesto.

Mientras tanto, las redes llenan el vacío con teorías: algunas improbables, otras fascinantes. Lo cierto es que, por primera vez en años, un fenómeno cósmico está siendo narrado sin la voz de la mayor agencia espacial del planeta.

Quizás sea solo un paréntesis administrativo. O tal vez —como siempre en ciencia— una historia que aún no entendemos del todo.

También te puede interesar