Durante años, los geólogos discutieron si el cráter Silverpit, descubierto en 2002 bajo el lecho del Mar del Norte, era fruto de procesos internos de la Tierra o de un impacto cósmico. Ahora, un estudio publicado en Nature Communications ofrece pruebas concluyentes: un asteroide de 160 metros abrió esta cicatriz hace entre 43 y 46 millones de años. La confirmación no solo resuelve un debate científico, también aporta claves sobre la historia planetaria.
Un debate científico que duró veinte años
Desde su descubrimiento, el cráter Silverpit generó controversia. Con tres kilómetros de diámetro y rodeado de fallas circulares de hasta 20 kilómetros, sus rasgos parecían propios de un impacto de alta velocidad. Sin embargo, muchos geólogos atribuyeron su origen al ascenso de sal subterránea o al colapso del lecho marino. En 2009, incluso una votación profesional inclinó la balanza hacia estas hipótesis internas.

Evidencias que despejan dudas
El equipo liderado por Uisdean Nicholson, de la Universidad Heriot-Watt, utilizó imágenes sísmicas avanzadas y análisis microscópicos de rocas para reexaminar la estructura. Encontraron cristales de cuarzo y feldespato “impactados”, minerales que solo se forman bajo presiones extremas generadas por choques cósmicos. Fue, según Nicholson, “como hallar una aguja en un pajar”. La prueba definitiva que confirma su origen: la huella inequívoca de un asteroide.
El día del impacto
Los modelos numéricos muestran que un asteroide de unos 160 metros golpeó el mar a baja altura desde el oeste. En cuestión de minutos levantó una columna de roca y agua de 1,5 kilómetros y generó un tsunami de más de 100 metros. Aunque no dejó las consecuencias globales del Chicxulub en México, sí fue un evento violento capaz de remodelar el paisaje de la región.

Rareza y valor científico
Hoy se conocen apenas 200 cráteres de impacto confirmados en la Tierra, y solo 33 bajo el océano. Silverpit destaca por su excepcional conservación en un planeta donde la tectónica y la erosión borran estas huellas con el tiempo. “Es un laboratorio natural para entender cómo los impactos moldean los planetas”, señaló Gareth Collins, del Imperial College de Londres.
Mirar al pasado para prever el futuro
La confirmación de Silverpit como cráter de impacto no solo enriquece la paleogeografía europea, también ayuda a anticipar riesgos. Conocer cómo y dónde han caído asteroides antes permite modelar qué ocurriría en un futuro impacto. Silverpit se suma así al selecto club de cráteres como Chicxulub o Nadir, recordatorios de que el cosmos sigue siendo un actor imprevisible en la historia de la Tierra.
Fuente: Infobae.