El equilibrio del clima depende de un delicado intercambio de carbono entre tierra, océano y atmósfera. Durante décadas, los científicos señalaron a los mares australes como protagonistas en la regulación del dióxido de carbono. Sin embargo, una investigación internacional ha situado el foco en el norte del planeta: el deshielo de los suelos congelados jugó un papel mucho más decisivo de lo imaginado, transformando los niveles de CO₂ y la historia climática de la Tierra.
El permafrost como gran reservorio de carbono
Los suelos congelados del norte almacenaron durante miles de años materia vegetal atrapada por el frío y cubierta por sedimentos de polvo conocidos como loess. Ese material actuó como un gigantesco depósito de carbono. Cuando las temperaturas subieron tras el último máximo glacial, hace unos 21.000 años, la descongelación liberó al aire grandes volúmenes de CO₂.
El equipo liderado por Amelie Lindgren, de la Universidad de Gotemburgo, estima que este proceso podría explicar cerca de la mitad del aumento de dióxido de carbono observado entre 17.000 y 11.000 años atrás. En ese intervalo, las concentraciones pasaron de 180 a 270 partes por millón: un salto del 50 % que marcó la transición hacia un clima más cálido.

Un ciclo natural de pérdidas y compensaciones
El aumento no fue ilimitado. Con el paso de los siglos, la expansión de turberas actuó como sumidero, absorbiendo parte del carbono liberado por el permafrost. Este mecanismo natural permitió estabilizar las concentraciones atmosféricas, evitando un crecimiento descontrolado.
La dinámica demuestra que la Tierra funciona como un sistema con múltiples equilibrios: mientras algunas áreas emiten, otras almacenan, modulando el balance global de gases de efecto invernadero.
Modelos climáticos y reconstrucción del pasado
Para cuantificar estos intercambios, los investigadores recurrieron a polen fósil y simulaciones avanzadas de vegetación y biomas, actualizando el panorama cada 1.000 años desde el máximo glacial hasta la era preindustrial. Con apoyo de inteligencia artificial, reconstruyeron cómo evolucionaron los depósitos de carbono en regiones de Eurasia, China y América del Norte.
El resultado es un mapa de alta resolución que documenta tanto la pérdida de carbono de suelos congelados como la ganancia en sistemas de turberas y suelos minerales, ofreciendo un relato detallado de los ciclos de carbono en el hemisferio norte.
¿Sabías que el deshielo de la Antártida se acelera cada día y puede elevar el nivel del mar en 4,3 metros? #LoQueHacesCuenta pic.twitter.com/r22w2jtRNc
— National Geographic LATAM (@NatGeo_la) October 1, 2021
Implicaciones para el presente y el futuro
El hallazgo aporta una advertencia crucial: hoy las condiciones no son las mismas que tras la última glaciación. La subida del nivel del mar y la reducción de tierras disponibles podrían impedir que nuevos sumideros compensen las emisiones del deshielo actual.
Desde la Revolución Industrial, el CO₂ atmosférico ha escalado de 280 a 420 partes por millón por acción humana. El estudio sugiere que el deshielo moderno podría intensificar aún más este aumento, sin que existan mecanismos naturales capaces de equilibrarlo al mismo ritmo.
Un recordatorio del poder de la Tierra
La investigación subraya que los grandes reservorios terrestres no son meros espectadores, sino actores decisivos en el sistema climático. Entender su dinámica ayuda a anticipar riesgos y diseñar estrategias frente al calentamiento global. Lo que ocurrió hace miles de años sirve hoy como advertencia: si el permafrost vuelve a liberar carbono masivamente, el impacto en la atmósfera será inmediato y profundo.
Fuente: Infobae.