Photo: Museo Postal Smithsonian

Hoy en día enviar una carta es tan fácil como escribirla y darle a un botón en nuestro dispositivo móvil, pero hace décadas los servicios postales a menudo probaban nuevos y revolucionarios métodos para llevar cartas de un lado a otro. En 1959 tuvo lugar una de las pruebas más exóticas: enviar cartas por misil.

Corr√≠a el a√Īo 1959, y al Director General de Correos de Estados Unidos Arthur Summerfield se le ocurri√≥ la brillante idea de comprobar hasta qu√© punto era efectivo enviar cartas mediante un misil. Para la singular prueba, el servicio postal pidi√≥ la colaboraci√≥n de la marina de Estados Unidos, que por supuesto se mostraron entusiasmados con la idea.

En junio de ese a√Īo, 3.000 copias de una carta escrita por el propio Summerfield se cargaron en dos contenedores blindados que ocuparon la bah√≠a de carga de un misil Regulus-I de 9,8 metros. Los SSM-N-8A Regulus eran misiles de crucero dise√Īados para portar cabezas nucleares. Su alcance m√°ximo era de 926 kil√≥metros y cada uno pod√≠a cargar hasta 1.361 kilos, m√°s que suficiente para llevar cartas.

El misil despegó del submarino USS Barbero y tardó 22 minutos en recorrer los casi 160 km que le separaban de su destino, en la base naval de Mayport, Florida, donde se estrelló con normalidad.

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Photo: Museo Postal Smithsonian

Lo cierto es que el sistema no era precisamente eficiente. Tras ‚Äúaterrizar‚ÄĚ en Mayport, los t√©cnicos del servicio postal tuvieron que recoger los contenedores y llevar las cartas a una oficina de correos en Jacksonville, desde donde se repartieron con normalidad. Las misivas, que estaban dirigidas al entonces presidente Eisenhower, al vicepresidente Richard Nixon y a los miembros del Congreso y el Tribunal Supremo, tardaron ocho d√≠as en llegar a sus destinatarios.

Toda la prueba era en realidad una florida manera de ense√Īar m√ļsculo militar a la Uni√≥n Sovi√©tica en una √©poca en la que la Guerra Fr√≠a estaba en pleno apogeo. Summerfield dijo en una rueda de prensa: ‚Äúahora que sabemos que podemos hacerlo, debatiremos hasta qu√© punto este m√©todo puede ser usado bajo ciertas condiciones‚ÄĚ. Los pol√≠ticos se felicitaron de su ingenio y, por supuesto, el sucesor de Sommerfield en el cargo enterr√≥ el proyecto hasta m√°s ver.

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No es la primera vez que alguien intenta enviar cartas meti√©ndolas en un cohete. El padre de la idea es el dise√Īador de cohetes austr√≠aco Friedrich Schmiedl, que realiz√≥ varias pruebas entre 1931 y 1934, pero las autoridades del pa√≠s prohibieron su uso al considerar (muy juiciosamente) que el uso de sustancias explosivas e inflamables para enviar cartas era un asunto peligroso.

Un a√Īo despu√©s en Estados Unidos, el empresario Frido W. Kessler realiz√≥ una nueva prueba de correo por cohete, pero el artefacto, llamado Gloria en honor a su hija, se estrell√≥ apenas unos pocos cientos de metros tras el despegue. [v√≠a TodayIFoundOut]