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Esta historia tuvo lugar hace mucho tiempo y rápidamente pasó a formar parte de los anales de la literatura médica. Comenzó una tarde de 1849, momento en que el científico X (su nombre se ha omitido por respeto a su familia) llegó a la consulta del médico pidiendo auxilio.

El relato lo cuenta el médico estadounidense Wirt Bradley Dakin en su libro Orological Oddities (1948), un recopilatorio de historias para no dormir donde Dakin expone una idea de fondo: los médicos siempre saben cuando un paciente tiene una lesión o herida embarazosa porque estos se niegan a dar una explicación plausible sobre los hechos. Como en el caso que nos ocupa.

Como decíamos, ocurrió en 1849, momento en que el doctor Azariah Shipman, un cirujano de Siracusa (Nueva York) recibe a un investigador tambaleándose por el dolor insoportable de la herida que tiene.

No se trata de una situaci√≥n ‚Äúordinaria‚ÄĚ. El hombre ha entrado a la consulta con el pene atrapado dentro de una botella de cristal. Tal y como expuso en su informe Shipman:

Hace unos meses me llamaron a toda prisa por la llegada de un se√Īor que se encontraba en la condici√≥n m√°s rid√≠cula y dolorosa que recuerdo. Al observarlo, le encontr√© una botella que sosten√≠a del tama√Īo de una pinta, con un cuello corto y una boca peque√Īa, firmemente sujeta a su cuerpo por el pene, el cual se dibujaba a trav√©s del cuello de la botella y se proyectaba en la botella.

El pene estaba hinchado y p√ļrpura. La botella, que era blanca, con un tap√≥n de vidrio y perfectamente transparente, ten√≠a solamente una abertura de tres cuartos de pulgada de di√°metro; y el pene extremadamente hinchado hac√≠a que su extracci√≥n fuera absolutamente imposible.

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Shipman expon√≠a con crudeza el escenario. El m√©dico explicaba que el paciente estaba muy asustado y ped√≠a a gritos que no le preguntara c√≥mo hab√≠a llegado a esa situaci√≥n y que simplemente actuase, ‚Äúme suplic√≥ que lo liberara instant√°neamente, ya que el dolor era intenso y la angustia mental y el miedo intolerables‚ÄĚ.

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El doctor no ten√≠a muy claro cu√°l deb√≠a ser el primer paso. Por m√°s que tratara de recordar casos propios o le√≠dos de colegas, ninguna se parec√≠a a la ins√≥lita situaci√≥n. Su primer intento no tuvo √©xito y lleg√≥ acompa√Īado de un grito ensordecedor por parte del paciente: hab√≠a tratado de liberar el pene encerrado con sus dedos. El simple tacto con el miembro hinchado fue demasiado para el paciente:

Luego agarré un cuchillo grande que estaba sobre la mesa, y con la parte de atrás le di un golpe en el cuello de la botella. La botella, que hizo estremecer a los átomos, liberó el pene en un instante para suerte del joven aterrorizado.

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Cuando el pene ‚Äúcedi√≥‚ÄĚ, parec√≠a de todo menos un miembro viril. Tal y como detall√≥ el m√©dico, la punta del miembro reci√©n liberada estaba enormemente hinchada y negra, con ampollas como si se hubiera quemado en un incendio y la primera capa de piel oscurecida. En cuanto al investigador:

Se quej√≥ de tener ‚Äúlatigazos‚ÄĚ y dolor en el pene despu√©s de retirar la botella; y la inflamaci√≥n, la hinchaz√≥n y la decoloraci√≥n continuaron durante varios d√≠as.

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Pasadas unas semanas el investigador le relató a Shipman qué había ocurrido realmente. Tal y como reflejó en su investigación:

Una botella en la que se había mantenido algo de potasio en nafta, y que se había usado en experimentos, estaba de pie en su habitación. El hombre, en un deseo irrefrenable por orinar sin salir de su habitación, sacó el tapón de vidrio y puso el pene en la boca.

El primer chorro de orina fue seguido por un sonido explosivo y un destello de fuego, y tan r√°pido como se puede pensar, el pene se introdujo en la botella con una fuerza y ‚Äč‚Äčuna tenacidad que parec√≠a familiar como si fuera un vicio. La quema del potasio cre√≥ un vac√≠o instant√°neo, y el suave tejido del pene excluy√≥ el aire. La botella actu√≥ como un vaso de ventosa enorme. El peque√Īo tama√Īo de la boca de la botella comprimi√≥ las venas, mientras que las arterias continuaron vertiendo su sangre en el glande, prepucio, etc. Por esta raz√≥n el aire hizo que las partes se hincharan hasta llegar al enorme tama√Īo.

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Explicaba Shipman que aquella situaci√≥n le llev√≥ a querer repetir lo conseguido por el miembro del investigador (la raz√≥n, de existir, no la explica). El m√©dico contaba que para dicho prop√≥sito tom√≥ una peque√Īa cantidad de potasio, lo mezcl√≥ con aproximadamente una cucharada de nafta y lo coloc√≥ tofo en una botella de pinta.

Luego introdujo un poco de orina a trav√©s de un fino tubo, mientras que el extremo de uno de sus dedos se insert√≥ en la boca de la botella (sin apretar la dosis por completo). El resultado fue una explosi√≥n donde el dedo se introdujo a la fuerza en la botella y se mantuvo, lo que verific√≥, en cierta medida, el ‚Äúexperimento‚ÄĚ del paciente. [The Mystery of the Exploding Teeth]