«No todos los miembros tienen la posibilidad de organizar un gran evento. Pero todos pueden hacer algo desde la base».
David Feng acaba de resumir en dos frases un problema que normalmente necesita informes, reuniones y decenas de diapositivas para ser explicado. La World Phygital Community se ha expandido por más de cien países, pero poner cien puntos sobre un mapa no convierte esos cien lugares en ecosistemas equivalentes. Algunos tienen dinero, instituciones, universidades y competiciones. Otros apenas están empezando.
Feng lo sabe. Y cuando llega hasta esa idea, lleva ya varios minutos hablando.
La entrevista ocurre en la misma sala de Astana donde, unas horas antes, Dan Merkley había dibujado su propia hoja de ruta para Phygital International. Los sillones claros siguen allí, la pequeña mesa blanca también, y detrás vuelve a imponerse el enorme panel violeta de los Games of the Future Astana 2026. El escenario apenas ha cambiado; la conversación, completamente.

Esta vez somos dos quienes preguntamos, un periodista de La Razón de España y quien firma esta crónica. Eso altera la cadencia. Una pregunta abre un camino y la siguiente lo corta en diagonal. Feng escucha, se inclina ligeramente hacia delante y responde con rapidez. Intenta permanecer dentro de los límites de lo que se le pregunta, pero varias veces ocurre algo mucho más interesante: encuentra una derivación, la sigue y termina hablando de algo que no parecía estar previsto al comienzo.
Las manos acompañan ese recorrido. Se abren cuando amplía una idea, vuelven sobre la mesa cuando intenta ordenarla y reaparecen cuando el argumento se desplaza hacia otro terreno. No todas sus respuestas llegan en línea recta. Algunas regresan sobre sí mismas, incorporan ejemplos y encuentran una segunda conclusión cuando parecían haber terminado.
Con Feng, muchas veces, lo mejor empieza justamente ahí.
El problema de crecer rápido aparece después de haber crecido

Su llegada a la presidencia interina de la WPC ocurre en un momento extraño para cualquier organización joven. Durante una primera etapa, el objetivo parece evidente: sumar miembros, países, competiciones y reconocimiento. Cuando eso sucede, aparece la pregunta menos vistosa y probablemente más difícil: qué hacer con todo lo que ya creció.
«Hemos llegado a un momento en el que realmente hemos crecido muy rápido», reconoce Feng al comienzo. Poco después introduce el matiz que atravesará casi toda la charla: «Los miembros están en diferentes etapas de desarrollo».
La transición desde la etapa de Dan Merkley no la presenta como una ruptura. Feng habla de responsabilidad, de continuidad y de una frase que repite hasta convertirla casi en principio de gestión.
«Tenemos que trabajar juntos».
En inglés la pronuncia con una sencillez todavía mayor: We have to work together. Podría quedarse en una de esas fórmulas universales que sobreviven a casi cualquier discurso institucional, pero Feng empieza enseguida a llenarla de contenido. Para él, trabajar juntos significa conectar organizaciones deportivas, instituciones educativas, empresas, tecnología e inversión alrededor de una misma estructura.
«El futuro solo puede construirse juntos. Cada actor tiene un papel importante», explica antes de llegar a una frase aparentemente elemental: «Porque, en última instancia, el deporte trata de personas».
Ahí empieza a aparecer una mirada bastante más amplia que la administración de un calendario competitivo. Feng no habla únicamente de organizar torneos. Habla de construir relaciones capaces de sostenerlos, multiplicarlos y, sobre todo, hacerlos posibles en lugares donde el contexto es completamente diferente.
«Si podemos reunir a todos los actores del phygital, combinando innovación con integridad y creatividad mediante la cooperación, entonces podemos hacer mucho más que deporte solamente».
La frase marca una de las primeras salidas del carril institucional. Y habrá varias más. Porque la dificultad real comienza cuando la palabra global deja de ser un adjetivo atractivo y se convierte en un problema operativo.
Más de cien países no son más de cien versiones de lo mismo

Le planteamos una cuestión que, en el fondo, tensiona la propia idea de comunidad internacional. Los miembros pueden compartir reglas y responsabilidades, pero eso no significa que compartan capacidades.
Hay países donde el deporte cuenta con financiación estatal. Otros funcionan alrededor de empresas privadas. Algunos tienen universidades capaces de convertirse rápidamente en centros de desarrollo. Otros dependen de organizaciones pequeñas que tienen que construir primero una comunidad antes siquiera de pensar en una gran competición.
¿Cómo se evita que un sistema así termine produciendo miembros de primera y de segunda? Feng empieza por el lugar más lógico: los estándares.
«Tenemos que asegurarnos de que nuestros estándares y reglamentos del deporte phygital sean consistentes», señala. Es imprescindible que un mismo ecosistema competitivo comparta reglas reconocibles, especialmente cuando las competiciones locales terminan conectándose con rankings, clasificatorios y eventos internacionales. Pero una cosa son las reglas y otra, las circunstancias.
«Estamos hablando de más de cien países y, en cada región, en cada país, la realidad y las necesidades son diferentes. Algunos países son mucho más pequeños, otros son más grandes. Así que no podemos centrarnos siempre en una sola forma de desarrollo».
La WPC puede internacionalizar un reglamento. No puede internacionalizar la realidad económica, deportiva y cultural de cada país.
Por eso Feng plantea la creación de grupos de trabajo regionales. La idea rompe, al menos parcialmente, con la lógica tradicional de una estructura que transmite conocimiento siempre desde el centro hacia la periferia. Europa, África, Oriente Medio y otras regiones podrían compartir experiencias internamente, permitir que un miembro aprenda de otro y convertir soluciones locales en herramientas útiles para territorios con problemas similares.
«Las mejores prácticas de una región pueden compartirse entre los miembros», sostiene. «Cuando estás en la misma región entiendes algunos de los mismos desafíos».
En su respuesta empieza a aparecer una organización menos vertical. La dirección central sigue estableciendo estándares, pero no pretende comportarse como si todas las soluciones estuvieran necesariamente allí. Una pequeña organización africana puede aprender más de otra estructura africana que ya atravesó sus mismos obstáculos que de un modelo diseñado para un mercado europeo completamente distinto.
Es entonces cuando Feng baja todavía más la escala.
Empieza a hablar de colegios, universidades y programas educativos. Menciona experiencias desarrolladas durante la última temporada, estudiantes que tuvieron su primer contacto con el phygital y países donde la educación ya empieza a convertirse en una vía de entrada al movimiento. Y llega a la frase que cambia el sentido de toda la respuesta: «No todos los miembros tienen la posibilidad de organizar un gran evento. Pero todos pueden hacer algo desde la base».
Ese planteamiento modifica por completo la definición del éxito. Si la única forma de demostrar crecimiento fuera organizar un estadio lleno o una gran competición internacional, los países con más recursos ganarían antes de empezar. Para Feng, una organización también puede aportar formando árbitros, trabajando con universidades, introduciendo el formato en escuelas, creando una pequeña liga o simplemente construyendo la primera comunidad estable de jugadores.
«Esas contribuciones, esos esfuerzos, los reconocemos. Así es como crecemos». No está explicando únicamente cómo ayudar a los miembros menos desarrollados. Está discutiendo qué significa realmente desarrollar un movimiento.
La entrevista cambia de periodista y Feng cambia de escala

La presencia de dos entrevistadores introduce pequeñas rupturas que terminan jugando a favor de la conversación. Feng puede estar pensando en la estructura interna de la WPC y, apenas un minuto después, tener que responder sobre mercados internacionales. Una pregunta lo lleva hacia la gestión; otra, hacia la cultura.
Cuando hablamos de los territorios que podrían resultar estratégicos para la siguiente fase, no elige simplemente una lista de países. «En cualquier deporte, cuando miras globalmente, cada continente o país tiene su propio sistema para el deporte. Así que es muy diferente», explica.
Algunos gobiernos intervienen directamente. En otros mercados, el sector privado pesa mucho más. Hay sistemas universitarios profundamente vinculados al deporte y otros donde esa relación apenas existe. Feng cree que ese rompecabezas no es exclusivo del phygital.
«Creo que todas las federaciones internacionales tienen la misma pregunta: ¿cómo entras en un país donde el sistema es diferente?».
Menciona entonces mercados enormes, entre ellos Estados Unidos y China, pero no habla de ellos como territorios vacíos que haya que conquistar. El razonamiento es bastante más pragmático: estudiar qué estructura ya existe y encontrar la manera de conectarse con ella.
En Estados Unidos, por ejemplo, ve una cultura deportiva, empresarial y universitaria lo suficientemente desarrollada como para ofrecer múltiples puertas de entrada. La ambición no consiste necesariamente en imponer desde fuera una arquitectura nueva, sino en aprovechar mecanismos que ya funcionan.
Cuanto más avanza la respuesta, más clara resulta una idea: Feng no parece creer en una expansión basada en fotocopiar modelos. Y la siguiente pregunta lleva ese razonamiento todavía más lejos.
Hablamos de accesibilidad, clasificatorios y rankings. Feng empieza respondiendo sobre la generación joven y la tecnología, pero acaba entrando en algo bastante más profundo: la propia forma del deporte.
«Tenemos que mirar dónde está la generación joven. ¿Cómo podemos conectar con los jóvenes?».
Para Feng, la respuesta no pasa únicamente por utilizar pantallas o videojuegos. También afecta al ritmo. Habla de una generación que consume entretenimiento de otra manera y de formatos competitivos capaces de ser más intensos y condensados.
«La generación joven consume las cosas de una manera diferente hoy», explica. «Nuestro formato puede durar apenas unos minutos. Es muy competitivo, muy ofensivo y es fácil de seguir».
Hasta ahí, la conversación podría permanecer dentro del debate habitual sobre atención y nuevas audiencias. Pero Feng vuelve a extenderla. Los jóvenes no solo consumen diferente: tampoco crecen rodeados de las mismas tradiciones deportivas. Cada país tiene las suyas. «Cada región, cada país, tiene intereses diferentes. Tienen deportes diferentes y tradiciones diferentes».
Feng pone ejemplos de disciplinas que pueden tener mucho más arraigo en determinadas zonas del mundo que en otras y conecta esa diversidad con algo tan estructural como el propio ranking internacional.
«Cada región tiene que aprender cómo desarrollar sus propios deportes phygital», sostiene. «Ayudar a que esos deportes sean mucho más reconocidos dentro de los rankings es algo en lo que tenemos que trabajar». Eso ya no consiste únicamente en organizar más competiciones, sino en permitir que el propio ecosistema se adapte al lugar donde aterriza.
La consecuencia es enorme. Un movimiento verdaderamente internacional quizá no pueda limitarse a exportar siempre las mismas disciplinas hacia cada país y esperar que la respuesta sea idéntica. Puede necesitar descubrir qué combinaciones entre deporte físico y competencia digital tienen sentido en cada cultura y, después, encontrar la manera de integrarlas dentro de un lenguaje común.
Uniformar las reglas no obliga a uniformar la imaginación.
Lo más interesante aparece cuando parece que ya terminó de responder

Hacia el final de la conversación le pedimos algo deliberadamente sencillo: qué le diría a un atleta o a alguien procedente del deporte tradicional que todavía observa el phygital desde fuera.
Feng comienza por lo básico. «En el nivel más simple, lo que estamos haciendo es combinar competición física con experiencia digital».
Podría acabar ahí.
No lo hace.
«Pero, en realidad, va mucho más allá del deporte».
Esa segunda frase resume bastante bien su manera de responder durante toda la entrevista. Feng encuentra continuamente una capa debajo de la primera. Si la pregunta es sobre deporte, termina hablando de educación. Si es sobre miembros, aparece la desigualdad entre regiones. Si hablamos de rankings, termina preguntándose qué deportes deberían formar parte de ellos. Y si le pedimos una definición, acaba mencionando empresas, habilidades digitales, innovación, salud e incluso nuevas oportunidades laborales.
«Puede ayudar a los jóvenes a desarrollar habilidades (habilidades digitales) mientras promueve un estilo de vida saludable, innovación y nuevas oportunidades profesionales».
No todas esas posibilidades tendrán necesariamente el mismo peso en el futuro del movimiento. Algunas acabarán siendo centrales y otras quizá no prosperen. Lo interesante es que Feng no parece demasiado preocupado por cerrar ahora esa discusión.
Su mirada parece ir en la dirección opuesta: mantener suficientes puertas abiertas como para descubrir qué puede ser el phygital en lugares que todavía están aprendiendo qué quieren hacer con él.
Cuando termina la entrevista, la sala conserva todo el aparato visual de un proyecto que quiere hablar a escala mundial. El panel violeta sigue detrás. También los logos, los nombres internacionales y la estética de un evento construido para ser visto mucho más allá de Astana.
Pero después de escuchar a Feng durante varios minutos, las imágenes que quedan son otras.
Un colegio que organiza su primera actividad.
Una universidad que encuentra una nueva competición para sus estudiantes.
Una federación pequeña que aprende de la experiencia de otra del mismo continente.
Un país sin recursos para montar un gran evento, pero con gente suficiente para empezar.
David Feng recibe una World Phygital Community que ya puede señalar más de cien países sobre un mapa. Su trabajo probablemente no consista simplemente en seguir añadiendo puntos. Será lograr que esos puntos signifiquen algo. Y para hacerlo tendrá que resolver una paradoja que atraviesa prácticamente toda su conversación: cuanto más global quiere ser el phygital, más tendrá que aprender a ser diferente en cada lugar.