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Franco Vitali, alias VitalDancer, llevaba 16 años bailando para llegar a una noche como esta. En Astana encontró la actuación que terminó convirtiéndolo en campeón de los Games of the Future

Había dedicado media vida a Just Dance y llevaba una década compitiendo por una noche así. En Astana, Franco Vitali encadenó actuación tras actuación hasta llegar a una última canción que podía cambiarlo todo. Y esta vez, cuando terminó la música, el gran título era suyo.
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Cuando el 2-1 quedó confirmado en el Barys Arena, Franco Vitali acababa de ganar una final. Pero aquel momento había empezado mucho antes de Astana.

Tenía nueve años cuando comenzó a jugar Just Dance. Desde 2016 compite en torneos. Había estado entre los ocho mejores, había alcanzado finales, había aprendido a convivir con esos días en los que uno está suficientemente cerca como para imaginar el trofeo pero no para llevárselo a casa. A los 25 años seguía faltando una cosa: el gran título.

En los Games of the Future 2026 encontró una oportunidad. Y durante unas horas también estuvo cerca de perderla. Porque Vitali no fue campeón atravesando Astana como un bailarín intocable. Perdió. Quedó obligado a sobrevivir. Y tuvo que volver a empezar.

Por eso, cuando terminó todo, lo primero que apareció no fue una declaración grandilocuente. Fue incredulidad. “Todavía no puedo creer que soy el campeón. Se siente como un sueño hecho realidad después de un camino tan largo”, reconoció tras levantar el trofeo.

Tres puntos separaron a Franco de derrotar al campeón. Después empezó el verdadero torneo

Franco Vitali, alias VitalDancer, llevaba 16 años bailando y una década compitiendo sin encontrar su gran título. En Astana perdió, sobrevivió y terminó campeón de los Games of the Future
© Martín Nicolás Parolari / Gizmodo-Kotaku-The Phygital Post.

Phygital Dancing reunió a 16 competidores durante dos jornadas en el Barys Arena. Cada enfrentamiento se resolvía al mejor de tres rondas de Just Dance, convirtiendo cada canción en un duelo de precisión, memoria, movimiento y capacidad para responder cuando la puntuación empezaba a apretarse. En total fueron 28 enfrentamientos y 75.000 dólares en premios.

Vitali debutó contra Ariana Katana.

Ganó 2-0.

Parece contundente escrito así, pero la segunda ronda se decidió por un solo punto. Era una advertencia temprana de lo que iba a exigir el torneo: allí una coreografía podía durar minutos y una diferencia casi invisible podía decidir quién seguía respirando.

Después apareció Ivan Vlasov.

No era simplemente otro rival. Era el campeón de los Games of the Future 2025.

Y Franco empezó ganándole.

La primera rutina terminó con apenas tres puntos de diferencia a favor de Vitali. Vlasov reaccionó, se quedó con la segunda y también con la tercera.

2-1.

Primera derrota.

De repente, el recorrido hacia el título dejó de parecer una línea recta. Con una victoria y una derrota, Franco debía disputar el Decider Round. Ya no bailaba para quedar mejor situado en un cuadro. Bailaba para seguir dentro.

Al otro lado esperaba Lala Gevorgyan.

Ganó 2-1.

No había trofeo todavía. Ni semifinal. Ni siquiera cuartos terminados. Pero Vitali había superado posiblemente el momento más incómodo de cualquier torneo: aquel en el que el sueño todavía está lejos y, sin embargo, ya puede desaparecer.

Cuando llegó la eliminación directa, dejó de conceder canciones

Franco Vitali, alias VitalDancer, llevaba 16 años bailando y una década compitiendo sin encontrar su gran título. En Astana perdió, sobrevivió y terminó campeón de los Games of the Future
© Martín Nicolás Parolari / Gizmodo-Kotaku-The Phygital Post.

La clasificación cambió algo.

En cuartos esperaba Dion Visser. Vitali ganó 2-0.

En semifinales apareció Sergio Mayta, que venía de eliminar también por 2-0 a Andrés Guardo, campeón de los Phygital Contenders Astana 2026.

Otro 2-0.

Después de necesitar tres rondas para sobrevivir al desempate, Franco llegó a las rondas decisivas y dejó de entregar puntos. Cuatro canciones de eliminación directa. Cuatro victorias. Final.

Mientras tanto, al otro lado del cuadro estaba ocurriendo algo completamente distinto.

Lina se estaba convirtiendo en la gran sorpresa del torneo.

Su historia parecía escrita para no llegar hasta allí. Ella misma contó después que antes de clasificarse nunca había utilizado correctamente un mando para conseguir puntuaciones competitivas en Just Dance. Había comenzado a entrenar esa faceta apenas un mes antes de viajar a Astana.

Y entonces empezó a eliminar nombres.

Superó en el Decider a Umutcan Tutuncu, tres veces ganador de la Just Dance World Cup. Más tarde llegó hasta semifinales y allí derrotó 2-0 precisamente a Ivan Vlasov, el hombre que había vencido a Franco el día anterior.

La final tenía así dos historias completamente diferentes.

Una competidora descubriendo hasta dónde podía llegar casi de golpe.

Y un jugador que llevaba 16 años con Just Dance y diez compitiendo esperando algo así.

Una última canción para cerrar diez años de intentos

Franco Vitali, alias VitalDancer, llevaba 16 años bailando y una década compitiendo sin encontrar su gran título. En Astana perdió, sobrevivió y terminó campeón de los Games of the Future
© Martín Nicolás Parolari / Gizmodo-Kotaku-The Phygital Post.

Franco ganó la primera ronda.

Lina respondió en la segunda.

1-1.

Después de dos días, una derrota, un desempate, unos cuartos y una semifinal, el campeonato entero había quedado reducido a algo mucho más sencillo y mucho más cruel:

una canción.

Quien ganara aquella tercera ronda sería campeón de Phygital Dancing de los Games of the Future 2026.

Vitali la ganó.

2-1.

Franco Vitali, alias VitalDancer, llevaba 16 años bailando y una década compitiendo sin encontrar su gran título. En Astana perdió, sobrevivió y terminó campeón de los Games of the Future
© Martín Nicolás Parolari / Gizmodo-Kotaku-The Phygital Post.

La recompensa oficial fueron el trofeo y 20.000 dólares. Lina terminó segunda, Sergio Mayta completó el podio e Ivan Vlasov, el campeón anterior y único rival que había logrado derrotar a Franco durante el torneo, acabó cuarto.

Pero para Vitali había algo que no entraba en ningún reparto de premios.

Había comenzado con Just Dance a los nueve años. Competía desde 2016. Había pasado años entrando en torneos, llegando lejos, aprendiendo y volviendo a intentarlo. En Astana tampoco salió todo bien: perdió contra Vlasov y estuvo obligado a jugar una ronda extra para no quedarse fuera.

Un día después estaba sosteniendo su primer gran trofeo.

Quizá por eso su mejor resumen llegó cuando todo ya había acabado: cansancio, alivio y una frase sencilla.

Había llegado la hora.

A veces una carrera no cambia porque alguien aprende de repente a bailar mejor.

A veces cambia porque, después de diez años intentándolo, por fin llega esa última canción y sale bien.

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