La escena no tiene demasiado de gran cumbre internacional como uno se imaginaría.
Hay dos sillones claros, una pequeña mesa redonda, un portátil abierto y unas cortinas beige que ocupan prácticamente toda una pared. Al otro lado, el enorme panel violeta de los Games of the Future Astana 2026 recuerda dónde estamos. Durante unos segundos todavía hay gente entrando y saliendo, alguien acomoda el espacio y Dan Merkley espera de pie, traje azul, camisa blanca, sin corbata.
Después se sienta. Y cambia el ritmo.

Merkley no parece especialmente interesado en ocupar la habitación. Escucha. Durante las preguntas mantiene las manos quietas durante largos tramos y deja que la frase termine antes de entrar. Cuando empieza a desarrollar una idea, esas manos aparecen: se abren, marcan distancias, acompañan conceptos que casi siempre tienen que ver con crecer, conectar o construir.
Tiene cierto sentido. Acaba de asumir como CEO de Phygital International y prácticamente todo lo que tiene delante consiste precisamente en eso: construir.
«La historia no está terminada», dice en un momento de la conversación. Y todavía añade algo más: «Su construcción, su creación, no ha terminado».
No parece una frase preparada para un titular. De hecho, la pronuncia mientras intenta explicar exactamente lo contrario a vender un producto acabado: que el phygital todavía tiene que descubrir hasta dónde puede llegar. Y durante los siguientes minutos queda bastante claro que su primera obsesión será intentar que ese crecimiento tenga una estructura detrás.
Tres ciudades, tres años y una idea bastante sencilla: saber hacia dónde se corre

Cuando le pregunto cuáles serán sus prioridades durante este primer año, Merkley empieza haciendo algo poco habitual entre quienes acaban de ocupar un cargo de dirección: hablar de quienes estuvieron antes.
Dice que llega «sobre los hombros» del trabajo realizado por sus compañeros y amigos dentro del movimiento. Habla de las primeras pruebas de concepto, de los eventos internacionales y de algo que considera ya suficientemente maduro como para dejar de ser solo una idea.
«Soy plenamente consciente de que llego aquí sobre los hombros del increíble trabajo de mis compañeros y amigos del movimiento phygital», explica.
No intenta presentar el cambio de CEO como un punto cero. Más bien al contrario.
Su discurso parte de la idea de continuidad: apoyar a la World Phygital Community, reforzar a sus miembros y conseguir que quienes organizan competiciones en distintos países no sean únicamente ejecutores de disciplinas, sino también quienes transmitan la identidad del movimiento.
Después llega lo concreto.
2027.
2028.
2029.
Merkley quiere que Phygital International pueda tener tres ciclos de planificación funcionando simultáneamente: una ciudad preparando los Games of the Future de 2027 mientras otras dos saben ya que les corresponderán las ediciones siguientes.
«Nuestro objetivo es tener tres ciclos de planificación funcionando al mismo tiempo».
Puede parecer una cuestión puramente organizativa. Para él es mucho más que eso.
Saber dónde se celebrarán los Games of the Future dentro de dos o tres años permite que federaciones, promotores, clubes y organizadores nacionales sepan cuál es el destino final. Pueden buscar jugadores, desarrollar competiciones locales, atraer inversión y construir calendarios sin trabajar siempre con el próximo torneo como único horizonte.
Merkley lo explica desde el punto de vista de quienes están desarrollando el deporte en cada país: «Es mucho más fácil para ellos encontrar talento y desarrollar su ecosistema cuando sabemos, año tras año y con mucha antelación, para qué estamos compitiendo».
También cambia la conversación con las marcas. Y, sobre todo, con los publishers.
Merkley insiste varias veces en ellos. Los videojuegos son una de las piezas fundamentales del formato phygital, pero las disciplinas no pueden evolucionar de espaldas a quienes controlan esos juegos. Los acuerdos plurianuales, explica, permitirían trabajar en integraciones comerciales, branding dentro de los títulos e incluso modificaciones capaces de adaptar mejor determinados videojuegos a una competición phygital.
«Tener acuerdos de varios años nos permite desarrollar la disciplina junto con iniciativas globales de marketing, alianzas comerciales sólidas y los propios publishers», sostiene.
La frase que queda debajo de todo eso es bastante sencilla: para construir algo estable hacen falta relaciones que duren más que una edición. No basta con organizar el siguiente evento. Hay que empezar a organizar los siguientes tres.
España y Latinoamérica ya no aparecen en la conversación como mercados lejanos

Hay un momento en el que la entrevista cambia de escala. Le pregunto por España y Latinoamérica. La respuesta llega rápido.
Merkley considera que ambos territorios ya han demostrado que pueden organizar y que existe talento suficiente. Pero inmediatamente lleva la idea un paso más lejos. «Si tuviera que decir cuál podría ser el siguiente gran paso, sería una ciudad anfitriona en el mundo latinoamericano o en España». No habla de una candidatura concreta ni pone una fecha encima de la mesa. Es importante distinguirlo. Pero tampoco se queda en el habitual mensaje de «es un mercado importante para nosotros».
Plantea algo bastante más específico. Antes incluso de llegar a unos Games of the Future completos, le gustaría ver torneos Contenders continentales.
Actualmente, explica, el clasificatorio Contenders se celebra vinculado a la ciudad anfitriona de los Games of the Future unos meses antes del gran evento. Su visión es otra. «Lo que nos encantaría ver es un torneo Contenders en cada continente, donde las ciudades miembro se turnen para organizarlo en nombre de su continente».
Eso convertiría la clasificación en algo mucho más parecido a un verdadero circuito internacional. Una ciudad latinoamericana podría organizar el gran clasificatorio continental un año. Otra tomar el relevo después. Los atletas tendrían un camino reconocible hasta los Games of the Future y las estructuras nacionales contarían con una competición intermedia que justificara buena parte del trabajo realizado durante la temporada.
Por primera vez en la charla, el mapa del phygital empieza a parecer menos una sucesión de sedes y más una red. Y ahí está probablemente una de las claves de lo que Merkley quiere hacer con Phygital International.
No parece obsesionado con que todos los caminos conduzcan directamente a un único evento gigantesco. Lo que intenta describir es una escalera.
Competición nacional.
Estructura continental.
Un recorrido.
Entonces llega la pregunta que obliga a pensar un poco más

Hasta ese momento, la entrevista se mueve por un territorio relativamente cómodo: crecimiento, nuevos socios, publishers, ciudades, Latinoamérica, España.
Entonces le pregunto qué puede salir mal. Más concretamente: cuál cree que será el principal desafío del movimiento durante los próximos años.
Hay un cambio pequeño, pero perceptible.
La respuesta ya no empieza con una hoja de ruta.
Empieza buscando las palabras.
«Creo que quizá uno de los desafíos posibles…».
La construcción es menos rotunda que las anteriores. Merkley avanza sobre la idea mientras la formula. Repite un «maybe, maybe». No intenta ocultarlo. Y cuando termina incluso agradece la pregunta y reconoce que es la primera vez que se la hacen.
Paradójicamente, acaba siendo una de sus mejores respuestas. Porque el problema que identifica no es la falta de crecimiento.
Es demasiado crecimiento.
«Creo que un posible desafío es que la comunidad phygital, y la capacidad y productividad de los miembros alrededor del mundo, crezcan más rápido o empiecen naturalmente a exigir más de Phygital International de lo que quizá, quizá nuestra organización pueda acompañar».
Durante los primeros doce meses del proyecto internacional, recuerda, 100 miembros de 100 países se incorporaron a la World Phygital Community. «Eso es un crecimiento explosivo».

La palabra importa.
Explosivo.
No necesariamente sostenible.
Merkley imagina entonces qué puede ocurrir cuando esas organizaciones nacionales acumulen experiencia, desarrollen mejores competiciones, encuentren talento y empiecen a ser mucho más productivas. Llegará un momento en el que comenzarán, de forma natural, a exigir más de Phygital International.
Y ahí formula la pregunta que probablemente resume mejor toda la entrevista: «¿Qué ocurre cuando eso pasa y la organización de Phygital International no consigue seguir ese ritmo?»
Phygital International sigue siendo una organización relativamente pequeña frente a una comunidad que ya se extiende por más de cien países. Si todos esos miembros maduran al mismo tiempo, la estructura central tendrá que ser capaz de responderles también al mismo tiempo.
Merkley lo dice de manera bastante gráfica: «Esto está ocurriendo simultáneamente en más de cien países del mundo, y nuestra organización, que es muy ligera, tiene que ser capaz de seguir ese ritmo».
De repente, las tres ciudades planificadas con años de antelación, los acuerdos plurianuales con publishers, las marcas globales y los Contenders continentales dejan de parecer proyectos separados.
Son partes de la misma respuesta. Crear estructura antes de que la velocidad obligue a improvisarla.
La historia todavía no está terminada

Cuando una entrevista acaba, casi siempre quedan dos versiones.
Está la que aparece después en la transcripción: frases ordenadas, respuestas limpias, ideas colocadas una detrás de otra.
Y está la que sucede en la habitación.
La segunda tiene silencios.
Tiene manos que permanecen quietas hasta que una idea necesita espacio. Tiene una respuesta que empieza perfectamente construida y otra que debe encontrarse mientras se pronuncia. Tiene una pregunta que el entrevistado esperaba y otra que, según admite él mismo, nunca le habían hecho.
Merkley deja varias noticias encima de aquella pequeña mesa de Astana. Quiere tres ediciones de Games of the Future planificándose simultáneamente. Quiere acuerdos más largos con publishers y marcas. Quiere Contenders continentales. Y ve a España y Latinoamérica como territorios capaces de asumir un papel mucho mayor dentro del movimiento.
Pero quizá lo más interesante no sea ninguna de esas promesas. Es la conciencia de que el éxito también puede convertirse en un problema de ingeniería.
Construir una comunidad global es difícil.
Conseguir que cien comunidades crezcan al mismo tiempo y que la organización que las conecta pueda seguir respondiendo cuando todas empiecen a pedir más es otra cosa.
Antes había dicho que la historia del phygital no estaba terminada.
Después de escucharlo durante unos minutos, la frase adquiere otro significado. No estaba hablando únicamente de inventar nuevas disciplinas o de encontrar la próxima ciudad anfitriona.
Estaba hablando de conseguir que todo aquello que ya ha empezado a crecer no termine siendo demasiado grande para la estructura que lo hizo posible. Y quizá ahí esté la verdadera tarea de su nuevo cargo.
No demostrar que el phygital puede crecer… Eso ya está ocurriendo. Ahora tiene que conseguir que pueda sostenerse cuando lo haga.