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Ciencia

El error silencioso que podría estar distorsionando la medicina moderna

Durante años, la ciencia creyó estar descifrando el manual de la vida, pero una pieza clave quedó fuera del mapa. Un nuevo estudio revela hasta qué punto la investigación genética ha ignorado a la mayor parte del planeta y cómo ese vacío puede estar afectando a diagnósticos, tratamientos y a la comprensión real de muchas enfermedades.
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Cuando el genoma humano fue descifrado, el mundo celebró haber alcanzado una de las mayores conquistas científicas de la historia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese logro comienza a mostrar sus grietas. Investigadores españoles acaban de demostrar que el mapa genético que usamos como referencia podría estar incompleto y sesgado, con consecuencias mucho más profundas de lo que imaginábamos.

Un triunfo científico con una grieta inesperada

En 2006, la humanidad vivió un momento histórico: se completó la secuenciación del último cromosoma pendiente del Proyecto Genoma Humano. Por primera vez, era posible leer las “instrucciones” básicas que sostienen la vida. Fue un hito comparable a descifrar, de una sola vez, todas las letras de un libro monumental escrito en el lenguaje de la biología.

Sin embargo, con los años quedó claro que aquel logro era solo el inicio. Tener la secuencia de letras no significaba comprender su sentido. Faltaba entender qué eran exactamente los “genes”, dónde comenzaban y terminaban, cómo se activaban y por qué variaban entre personas. El avance fue enorme, pero también incompleto.

Hoy sabemos cuántos genes existen y en qué regiones del ADN se encuentran. Incluso conocemos muchas de las variantes que difieren entre individuos. Pero existe una limitación crucial que ha pasado casi desapercibida durante décadas: la mayoría de esos datos provienen, casi de forma exclusiva, de personas de origen europeo. Esa falta de diversidad ha dejado fuera una parte gigantesca de la humanidad.

¿A quién representa realmente “la población”?

El nuevo estudio, realizado por investigadores del Barcelona Supercomputing Center, el Centre for Genomic Regulation y la Universitat Pompeu Fabra, ha puesto cifras concretas a este problema. Sus resultados, publicados en Nature Communications, muestran que los mapas genéticos utilizados a diario por científicos de todo el mundo están construidos sobre una base incompleta.

Según los autores, durante años se ha asumido que los catálogos genéticos de referencia eran universales. Sin embargo, al estar basados mayoritariamente en muestras europeas, podrían estar omitiendo genes y variantes que solo existen en otros grupos humanos. Esto implica que, cuando una mutación cae en una región no bien representada, muchas veces se interpreta como irrelevante, aunque en realidad podría tener un impacto biológico crucial.

Este sesgo afecta tanto a quienes forman parte de las poblaciones estudiadas como a quienes han quedado fuera. La gran pregunta que emerge es inquietante: cuando la ciencia habla de “la población”, ¿a quién está describiendo realmente?

El mensaje oculto en los transcritos

En lugar de analizar directamente el ADN, los investigadores decidieron centrarse en el transcriptoma. Los transcritos son copias temporales que el ADN produce en forma de ARN para fabricar proteínas. Lo fascinante es que un mismo gen puede dar lugar a diferentes transcritos, dependiendo de cómo se “edite” ese ARN en un proceso llamado splicing.

Para ilustrarlo de forma sencilla: de una palabra original pueden surgir muchas variantes si se reorganizan o se eliminan letras, pero siempre a partir del mismo origen. Esas pequeñas diferencias pueden provocar grandes cambios en las proteínas que producen las células.

Con la ayuda de la supercomputadora MareNostrum 5, los científicos analizaron los transcriptomas de 43 personas pertenecientes a ocho poblaciones distintas: tres africanas, una asiática, una sudamericana, judíos asquenazíes y europeos de Utah. Esta diversidad permitió mirar la expresión genética desde un ángulo mucho más amplio que el habitual.

El impacto de ampliar la mirada genética

Los resultados fueron tan llamativos como reveladores. Al comparar los datos con los grandes proyectos de referencia, surgieron más de 41.000 transcritos que no figuraban en los catálogos más utilizados. Incluso entre los ya conocidos, una parte significativa correspondía a variantes capaces de generar proteínas diferentes a las previamente descritas.

Además, se identificaron más de dos mil transcritos exclusivos de determinadas poblaciones, inexistentes en las demás. Aún más sorprendente fue que cientos de estos transcritos provenían de regiones del ADN que prácticamente no habían sido estudiadas, lo que sugiere la presencia de genes todavía desconocidos.

Todo ello se obtuvo a partir de una muestra relativamente pequeña. Para los investigadores, esto no hace más que confirmar que la diversidad genética humana es mucho mayor de lo que reflejan los mapas actuales. Lo descubierto hasta ahora sería solo una mínima fracción de lo que aún queda por desvelar.

Lo que podría cambiar en la medicina del futuro

El hallazgo va mucho más allá de una simple curiosidad científica. Muchos de los genes implicados en estos nuevos transcritos están relacionados con enfermedades cuya prevalencia varía entre poblaciones, como el lupus, la artritis reumatoide, el asma o ciertas alteraciones del colesterol.

Si los mapas genéticos están incompletos, también lo están las bases sobre las que se desarrolla la medicina de precisión. Esto podría explicar por qué algunos tratamientos funcionan mejor en unas poblaciones que en otras, o por qué ciertas patologías se comportan de forma tan distinta según el origen de los pacientes.

Los autores del estudio hacen un llamado claro a la comunidad científica internacional: ampliar la representación poblacional en los estudios genómicos no es solo una cuestión de equidad, sino una necesidad para comprender de verdad la biología humana. Solo con un esfuerzo colectivo será posible construir un mapa completo, inclusivo y realmente útil para una medicina más justa y precisa.

Lo que hasta hace poco parecía un detalle técnico se revela ahora como una de las grandes asignaturas pendientes de la genética moderna. Y sus consecuencias podrían transformar la forma en que entendemos la salud, la enfermedad y, en definitiva, nuestra propia naturaleza biológica.

 

[Fuente: La Razón]

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