El gato de Schrödinger es uno de los experimentos científicos más populares que existen. Lo propuso Erwin Schrödinger en 1935 para explicar la superposición, uno de los principios que se aplica a la mecánica cuántica. Ahora un grupo de físicos quiere demostrarlo poniendo un organismo vivo en dos lugares a la vez.

El gato que está vivo y muerto

La paradoja de Schrödinger consiste en imaginar a un gato en una caja con un material radiactivo que tiene un 50% de probabilidad de liberarse y matarlo. La idea es que, hasta que no abrimos la caja, el gato está vivo y muerto a la vez. El estado del gato se entrelaza con el estado del material radiactivo.

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El concepto no es nada intuitivo (Schrödinger dejó la mecánica cuántica para dedicarse a la biología), pero es así como funcionan las ondas a nivel atómico: los electrones pueden estar en dos lugares distintos al mismo tiempo. Aferrarnos a este concepto nos permite desarrollar los semiconductores con que se fabrican el PC o el smartphone que estás usando en este momento.

Ahora es una bacteria

Lo que el equipo de científicos pretende es replicar el experimento imaginario del gato de Schrödinger con un ser vivo muy real, un microbio común. Pero no se trata de conseguir que el microbio esté vivo y muerto a la vez, sino de ponerlo en dos lugares al mismo tiempo y demostrarlo.

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El proyecto está liderado por Tongcang Li, de la Universidad Purdue en Indiana, y Zhang-Qi Yin, de la Universidad Tsinghua de Pekín. Lo que pretenden es, textualmente “suspender al microbio en una superposición de dos estados espaciales”. En otras palabras: que una bacteria esté en dos posiciones a la vez.

“En muchos cuentos de hadas, las hadas pueden estar en dos sitios a la vez o cambiar de ubicación instantáneamente. Esto va a ser similar, sólo que con un microbio” explica el autor Tongcang Li.

Aunque el concepto ha atraído un enorme interés, especialmente gracias a Schrödinger, la superposición cuántica no se ha probado nunca con organismos vivos. Sí se había demostrado en 2013 con una pequeña membrana de aluminio.

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Habrá que esperar tres años para que este equipo de físicos consiga el apoyo de científicos con laboratorios mejor equipados y puedan realizar el experimento.

VĂ­a: The Guardian. Imagen: Cath Ennis

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