El desempleo juvenil en China ha alcanzado cifras alarmantes y la presión social pesa como una losa sobre quienes no logran entrar en el mercado laboral. En un contexto en el que “no trabajar” no es una opción, ha surgido un fenómeno tan insólito como revelador: pagar para fingir que se trabaja. Una práctica que, más allá de lo absurdo, refleja las tensiones culturales y económicas de la mayor potencia asiática.
Una tasa de paro difícil de asumir
China afronta un 14,5% de desempleo juvenil, lo que se traduce en millones de jóvenes sin trabajo en un país donde la norma social dicta que, tras graduarse, hay que ser productivo de inmediato. La presión de familias y universidades obliga a los recién graduados a demostrar actividad constante: oposiciones, másteres, prácticas o cualquier empleo, aunque sea temporal.
En una sociedad que condena a los llamados nini —jóvenes que ni trabajan ni estudian—, fingir estar ocupado se convierte en una salida para evitar el estigma.

Oficinas falsas, el nuevo refugio social
Empresas como Pretend to Work Company ofrecen un servicio curioso: por unos 3,5 euros al día, alquilan escritorios en oficinas falsas con ordenadores, WiFi y salas de reuniones. Aunque parece un simple coworking, la diferencia es que muchos clientes no tienen empleo real. Allí entrenan su disciplina, hacen contactos, buscan trabajos en línea o simplemente calman la ansiedad de sus padres.
El perfil más común es el de recién graduados que deben entregar pruebas de prácticas a la universidad o jóvenes que no se atreven a confesar a su familia que están desempleados.
Una coraza contra la presión social
Para algunos, estas oficinas son una coraza emocional. Permiten mantener las apariencias y, en cierto modo, conservar la dignidad. Como explica el fundador de una de estas compañías: “Lo que vendo no es un empleo, sino la tranquilidad de no sentirse inútil”.
Según datos internos, el 40% de los clientes son recién graduados, pero también acuden autónomos y nómadas digitales que aprovechan el espacio como si fuera un verdadero coworking. La media de edad ronda los 30 años.
Entre el 996 y el “tumbarse”
El auge de estas prácticas se produce en un contexto de cambios culturales. Tras la pandemia y una crisis de empleo que llegó a rozar el 46,5% en 2023, muchos jóvenes han cuestionado el modelo del 996 (trabajar de 9 a 9, seis días a la semana).
Como respuesta ha nacido el movimiento “tumbarse” (躺平), que reivindica trabajar lo justo, reducir la competitividad extrema y priorizar la vida personal. Fingir que se trabaja se sitúa en medio de esas dos tendencias: mantener las apariencias sin renunciar por completo a la búsqueda de un empleo real.
Una solución temporal a un problema estructural
Aunque las oficinas falsas alivian la presión social, no resuelven la raíz del problema: la dificultad del mercado laboral chino para absorber a los 12,2 millones de nuevos graduados que se incorporan cada año. El fenómeno pone de manifiesto una contradicción cultural y económica: en un país obsesionado con la productividad, la fachada de un empleo llega a ser tan valiosa como el trabajo real.
Fuente: Xataka.