¿Qué pasaría si el mayor enemigo de tu salud no fuera lo que comes ni cuánto ejercicio haces, sino algo mucho más intangible? El doctor Manuel Sans Segarra, referente en cirugía digestiva y divulgador en redes sociales, sostiene que una causa tan silenciosa como extendida está detrás del aumento de enfermedades graves. Su análisis va más allá de lo físico: apunta a una raíz profundamente psicológica y social que afecta a todos, aunque pocos sean conscientes.

El estrés no solo se siente: también enferma
Durante una entrevista en P de Podcast, el doctor Sans Segarra ofreció una visión contundente sobre las enfermedades actuales. A su juicio, el estrés no es solo una molestia pasajera o emocional, sino un factor biológico que debilita directamente el sistema inmunitario. “Está demostrado que un solo minuto de estrés intenso provoca una caída de defensas que dura seis horas”, asegura el médico.
Esa bajada en la respuesta inmunológica, cuando se repite o se prolonga en el tiempo, deja al cuerpo más expuesto a infecciones, enfermedades autoinmunes e incluso cáncer. Pero no se trata únicamente de evitar los picos de tensión: el verdadero peligro aparece cuando normalizamos vivir en estado de alerta constante.
El precio oculto del ritmo moderno
Según Sans Segarra, cuando una persona permanece mucho tiempo estresada, su cuerpo libera en exceso sustancias como el cortisol y las catecolaminas. Aunque estas cumplen funciones importantes en el organismo, en cantidades elevadas y sostenidas alteran el equilibrio general del cuerpo.

Ego y salud: una relación más estrecha de lo que crees
Pero Sans Segarra va aún más lejos. Para él, la causa principal del estrés que nos enferma es una sola palabra: ego. Según su visión, vivimos atrapados en una dinámica vital centrada en el ego, donde las exigencias sociales, la comparación constante y el deseo de validación alimentan un estado de alerta crónico.
Romper con ese ciclo, entonces, no es solo un acto de bienestar emocional. Es una necesidad urgente para preservar nuestra salud física. Cultivar la calma, reducir las exigencias autoimpuestas y reconectar con un ritmo de vida más humano podría ser la medicina más potente que hoy estamos ignorando.
Fuente: El Periódico.