Las abejas son responsables de la polinización de una enorme cantidad de cultivos que llegan cada día a nuestra mesa. Sin ellas, frutas, verduras y numerosos alimentos serían mucho más escasos y caros. Por eso, la expansión del avispón asiático de patas amarillas se ha convertido en una de las mayores preocupaciones para los especialistas en biodiversidad de Estados Unidos.
Aunque este insecto mide apenas unos centímetros, su capacidad para destruir colonias enteras de abejas ha obligado a desplegar una campaña de vigilancia que combina ciencia, tecnología y trabajo de campo.
Un depredador extremadamente eficaz
Originario del sudeste asiático, el avispón de patas amarillas fue detectado por primera vez en Estados Unidos en 2023. Los investigadores creen que llegó oculto entre mercancías transportadas por barco hasta el puerto de Savannah, desde donde comenzó a expandirse por Georgia y Carolina del Sur.
Su método de caza es tan sencillo como devastador. El avispón permanece suspendido frente a la entrada de una colmena esperando a que una abeja salga en busca de alimento. En ese instante la captura en pleno vuelo y la despedaza para alimentarse únicamente de las partes con mayor valor nutricional.
El problema es que las abejas europeas presentes en Norteamérica nunca evolucionaron junto a este depredador y carecen de las estrategias defensivas que sí poseen algunas especies asiáticas. Como consecuencia, muchas colonias quedan prácticamente paralizadas por el miedo y dejan de salir a recolectar néctar y polen, lo que termina debilitándolas hasta provocar su desaparición.

Miles de trampas y pequeños espías electrónicos
La respuesta de las autoridades estadounidenses ha sido muy diferente a una campaña convencional de control de plagas. Los inspectores han instalado más de 4.000 trampas distribuidas por las zonas donde se sospecha la presencia del insecto.
El cebo utilizado resulta sorprendentemente simple: una mezcla de zumo de uva con sirope de azúcar moreno que atrae a los avispones sin perjudicar a las abejas. Solo durante este año se han utilizado miles de litros de esta mezcla para localizar las áreas con mayor actividad.
Cuando las trampas capturan suficientes ejemplares comienza la parte más sofisticada de la operación. Algunos avispones son equipados con diminutos transmisores de radio, similares en tamaño a un grano de arroz, que permiten seguir su recorrido hasta el nido.
Los investigadores utilizan receptores para rastrear la señal y localizar colonias escondidas a decenas de metros de altura entre las copas de los árboles, donde resultarían prácticamente imposibles de detectar a simple vista.
Una operación que no deja de crecer
Las cifras muestran la rapidez con la que avanza la invasión. Mientras que durante 2024 los equipos localizaron apenas unas pocas decenas de nidos, en los primeros meses de 2026 la cifra ya supera ampliamente los trescientos.
Cada uno de esos nidos puede albergar miles de individuos capaces de fundar nuevas colonias durante la siguiente temporada, lo que explica la urgencia con la que trabajan los equipos especializados.
Una vez localizado un nido, los operarios utilizan plataformas elevadoras y equipos de protección para sellar las entradas y aplicar tratamientos que permitan eliminar toda la colonia antes de retirarla para su análisis.
Mucho más que proteger la producción de miel
La preocupación va mucho más allá de los apicultores. Las abejas desempeñan un papel fundamental en la polinización de cultivos agrícolas y ecosistemas naturales, por lo que una reducción significativa de sus poblaciones tendría consecuencias económicas y ambientales de enorme alcance.
Por ese motivo, la lucha contra el avispón asiático se ha convertido en un ejemplo de cómo la tecnología puede ponerse al servicio de la conservación. Trampas inteligentes, radiotransmisores, cartografía y seguimiento de campo forman parte de una estrategia que busca contener una invasión antes de que resulte irreversible.
Lo que comenzó con la llegada accidental de un insecto escondido en un carguero hoy es una carrera contrarreloj para proteger uno de los pilares más importantes de la biodiversidad y de la producción de alimentos en Estados Unidos.