Juan Martín Maldacena, físico argentino nacido en el barrio porteño de Caballito y graduado en el Instituto Balseiro de Bariloche, es hoy profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo centro donde trabajó Albert Einstein. Su hallazgo más célebre, la correspondencia AdS/CFT, tendió un puente matemático entre dos teorías que durante décadas parecían matemáticamente irreconciliables: la relatividad general, que describe el comportamiento de los objetos muy grandes como estrellas y planetas, y la mecánica cuántica, que rige el mundo subatómico.
Maldacena estuvo hace unos días en Argentina para participar de la conferencia Advances in Quantum Gravity & Strings, organizada por el Instituto de Física de La Plata, donde repasó en una entrevista algunas de las preguntas más grandes de la física actual: desde si es posible viajar en el tiempo hasta qué esconde realmente el interior de un agujero negro.
¿Se puede viajar en el tiempo? La respuesta es más incómoda de lo que parece

Según explicó, viajar hacia el futuro es, en principio, posible: bastaría con desplazarse a velocidades cercanas a la de la luz, algo que además implicaría no envejecer al mismo ritmo que el resto del universo durante ese viaje. El problema, señaló con humor, es que después no habría forma de volver atrás para contarlo.
Viajar al pasado, en cambio, es harina de otro costal. El propio físico explicó que esa posibilidad chocaría con toda la intrincada red de causas y consecuencias que se despliega después de cada suceso, algo que el futuro, al estar todavía abierto, no plantea de la misma manera.
Por qué los agujeros negros volvieron a estar de moda
Maldacena lleva toda su carrera estudiando los aspectos cuánticos de los agujeros negros, un campo que en los últimos años recuperó protagonismo gracias a nuevas formas de observarlos. La detección directa de ondas gravitacionales, producidas por colisiones entre agujeros negros, permitió por primera vez obtener información de zonas ubicadas muy cerca de su horizonte de sucesos, el límite más allá del cual ni siquiera la luz puede escapar. A eso se sumaron las primeras imágenes reales captadas por el Event Horizon Telescope, que mostraron materia orbitando a apenas tres o cuatro veces el tamaño del propio agujero negro.
Agujeros blancos, el Big Bang y una posible conexión entre ambos

Consultado sobre los agujeros blancos, planteó que serían, en teoría, el resultado de invertir el tiempo dentro de un agujero negro: en lugar de materia cayendo hacia adentro, saldría materia hacia afuera, algo que desde el punto de vista termodinámico resulta tan improbable como que un huevo roto vuelva a recomponerse solo. Aclaró además que esos agujeros blancos teóricos son distintos de los llamados agujeros negros-blancos, un concepto vinculado a la radiación de Hawking, que sí podrían existir pero todavía no fueron observados.
Sobre la posible analogía entre un agujero blanco y el Big Bang, Maldacena fue cauto: aunque conceptualmente comparten cierto parecido, remarcó que la singularidad de un agujero negro no es uniforme en todas direcciones, mientras que el propio Big Bang sí parece haberlo sido. De todos modos, considera que ambos fenómenos están relacionados, y que entender el interior cuántico de un agujero negro podría eventualmente ayudar a explicar también el origen mismo del universo.
El límite que ninguna física actual logra cruzar

El físico fue honesto sobre las limitaciones del conocimiento actual: las leyes de la física que existen hoy son incompletas porque todavía no logran describir la gravedad en términos plenamente cuánticos. Encontrar esa descripción, explicó, es el objetivo de largo plazo que persigue buena parte de su propio trabajo, con la esperanza de que esa futura teoría también permita comprender mejor el origen del Big Bang.
Cómo la inteligencia artificial ya cambió su forma de trabajar
Maldacena también habló sobre el rol creciente de la inteligencia artificial en la física teórica. Contó que ya incorporó la herramienta a su propio proceso de investigación: al someter sus artículos a sistemas de inteligencia artificial, estos logran detectar pequeños errores, y uno de los papers en los que trabaja actualmente se basa, justamente, en un hallazgo que la propia inteligencia artificial había señalado primero.
Según su perspectiva, la tecnología ya empieza a habilitar el abordaje de problemas que antes ni siquiera se intentaban, por exigir cálculos demasiado extensos y tediosos. No descartó que estos sistemas eventualmente puedan superar a los propios físicos humanos en ciertas tareas, aunque prefiere pensarlos como una herramienta más de trabajo que obligará a la disciplina a adaptarse y a plantear preguntas distintas.