Durante siglos, la Amazonia fue representada como una inmensa extensión de naturaleza prácticamente intacta antes de la llegada de los europeos. Sin embargo, cada nuevo estudio arqueológico parece alejar un poco más esa imagen. Bajo el espeso dosel de la selva existen zanjas, terraplenes y enormes recintos construidos por comunidades humanas que habitaron la región mucho antes de la colonización.
Un estudio publicado en Nature en 2026 acaba de llevar esa idea a una escala sorprendente. Mediante tecnología LiDAR, un equipo de investigadores analizó sectores de la Amazonia suroccidental y calculó que podrían existir más de 20.000 obras de tierra precoloniales distribuidas por la región.
La cifra no significa que los científicos hayan encontrado y excavado 20.000 estructuras individuales. Se trata de una estimación obtenida a partir de las construcciones detectadas en las zonas escaneadas y de modelos estadísticos utilizados para calcular cuántas podrían permanecer todavía escondidas bajo el bosque.

El LiDAR permite retirar la selva sin cortar un solo árbol
El secreto está en una tecnología que está transformando la arqueología tropical. El LiDAR, o Light Detection and Ranging, utiliza pulsos láser disparados desde una aeronave para medir con enorme precisión la distancia hasta el terreno.
Aunque la mayor parte de esos pulsos rebota contra hojas y ramas, algunos consiguen atravesar pequeños espacios del dosel y alcanzar el suelo. Al procesar millones de mediciones, los investigadores pueden eliminar digitalmente la vegetación y reconstruir el relieve que permanece oculto debajo.
Fue así como empezaron a aparecer estructuras prácticamente invisibles desde el suelo: recintos rodeados por zanjas de entre 9 y 13 metros de anchura y hasta cinco metros de profundidad, además de terraplenes y otras modificaciones del paisaje. Algunas instalaciones ocupan apenas fracciones de hectárea, mientras que las mayores conocidas llegan a aproximarse a las 50 hectáreas.
No son simplemente dibujos gigantes como las famosas líneas de Nazca. Son auténticas arquitecturas construidas mediante el movimiento de enormes cantidades de tierra.
De 220 estructuras a una estimación de miles
La campaña aérea se realizó en 2024 sobre zonas de Acre y Amazonas, cubriendo unos 4.497 kilómetros cuadrados. En una de las áreas estudiadas con mayor detalle, los investigadores identificaron 220 obras en aproximadamente el 10% del territorio analizado.
A partir de esa densidad calcularon que podrían existir unas 2.200 estructuras en el bloque completo. Al combinar diferentes sectores y regiones periféricas, el modelo elevó la estimación a alrededor de 16.660 obras asociadas al llamado periodo Aquiry, a las que se sumarían estructuras pertenecientes a otras etapas.
Muchas de estas construcciones estarían relacionadas con ocupaciones humanas de aproximadamente los siglos I al III d.C., aunque otras son considerablemente posteriores y no todas pueden agruparse dentro del mismo periodo cultural.
La región pudo albergar hasta tres millones de personas
Los investigadores también intentaron calcular cuántas personas pudieron vivir allí durante el momento de máxima ocupación. El resultado propone un rango de entre 1,25 y 3 millones de habitantes.
Es una estimación, no un censo. Para obtenerla, el modelo supone que solo entre el 25% y el 60% de las estructuras estaban ocupadas simultáneamente y utiliza una media aproximada de 300 habitantes por recinto. Modificar cualquiera de esos valores cambiaría considerablemente el resultado.
Aun así, la conclusión general resulta difícil de ignorar: algunas zonas de la Amazonia precolombina estuvieron mucho más densamente ocupadas de lo que durante décadas se creyó.
Eso tampoco significa que existiera una única “civilización perdida” gobernando la selva. Las construcciones podrían haber pertenecido a comunidades diferentes, conectadas mediante redes sociales, rituales y económicas, capaces de organizar grandes trabajos colectivos sin necesidad de formar un imperio centralizado.
Lo que el LiDAR está revelando es algo quizá todavía más interesante. La Amazonia que conocemos no es únicamente el resultado de procesos naturales: también conserva bajo sus árboles las huellas de sociedades que modificaron profundamente el paisaje miles de años antes de que pudiéramos verlas desde el aire.