Durante un eclipse solar total hay un instante especialmente extraño justo antes de que el Sol desaparezca por completo. La fina franja luminosa que todavía queda visible empieza a romperse en varios puntos separados hasta formar algo parecido a un collar de pequeñas luces alrededor del borde oscuro de la Luna.
Son las llamadas perlas de Baily, uno de los fenómenos más característicos de los eclipses solares y también una demostración inesperadamente precisa de que el borde de la Luna está lejos de ser una circunferencia perfecta.
NASA explica que estos destellos aparecen cuando los últimos rayos del Sol consiguen atravesar los valles situados entre montañas y cráteres del horizonte lunar. Desde nuestra perspectiva, cada uno de esos pequeños huecos funciona como una abertura por la que todavía puede escapar algo de luz.
La Luna parece redonda, pero su borde está lleno de irregularidades
A casi 400.000 kilómetros de distancia, la Luna parece tener un contorno completamente liso. En realidad, su superficie está cubierta de montañas, cráteres, depresiones y valles que modifican ligeramente su silueta.
Cuando la Luna está a punto de ocultar por completo al Sol, sus regiones más elevadas bloquean primero la luz, mientras que esta continúa atravesando los valles. El resultado es una serie de puntos extremadamente brillantes separados por zonas oscuras.
A medida que ambos discos continúan desplazándose, esos puntos van desapareciendo uno tras otro hasta que solo queda uno. Ese último destello, acompañado por el brillo de la corona solar, produce el famoso efecto de anillo de diamante que precede inmediatamente a la totalidad.
Después ocurre lo mismo a la inversa. Cuando la Luna comienza a dejar nuevamente al descubierto el Sol, la luz aparece primero a través de los valles del otro lado del satélite y las perlas regresan durante unos segundos.

El fenómeno recibió su nombre en 1836
Las perlas llevan el apellido del astrónomo británico Francis Baily, quien describió detalladamente el fenómeno después de observar el eclipse anular de Sol del 15 de mayo de 1836 y presentó sus observaciones ante la Royal Astronomical Society.
Baily no fue necesariamente la primera persona en observar aquellos puntos de luz, pero su descripción ayudó a llamar la atención de la comunidad astronómica sobre el fenómeno y terminó dejando su nombre asociado a él. NASA señala que las perlas pueden aparecer tanto alrededor de la totalidad como durante eclipses anulares, cuando la Luna no llega a cubrir por completo el disco solar.
Cada eclipse produce unas perlas diferentes
El patrón tampoco es idéntico en todos los eclipses. Depende de qué montañas y valles concretos del borde lunar estén alineados con el Sol, además de la posición exacta del observador sobre la Tierra.
Gracias a los mapas topográficos obtenidos por misiones como Lunar Reconnaissance Orbiter, los astrónomos pueden modelar con gran precisión qué valles producirán cada destello y en qué momento aparecerán. NASA utiliza precisamente esos datos para realizar cálculos cada vez más exactos de los límites y tiempos de los eclipses.
Esta relación entre topografía y luz ha convertido a las perlas en algo más que una curiosidad visual. El momento en que cada destello aparece o desaparece puede utilizarse para mejorar mediciones del perfil lunar y estudiar con gran precisión los contactos entre el Sol y la Luna.
Durante unos segundos, las perlas de Baily convierten montañas y valles situados a cientos de miles de kilómetros en pequeñas rendijas de luz visibles desde la Tierra. Y cuando la última desaparece, comienza el momento por el que todos esperaban: la totalidad.