¿Cómo puede una comunidad prosperar en uno de los lugares más inhóspitos del planeta? En el árido norte de Kenia, los turkana han sobrevivido durante generaciones con escasez de agua, temperaturas extremas y una dieta basada en productos animales. Un estudio publicado en Science descubrió el secreto: mutaciones genéticas que favorecen la conservación de líquidos y protegen de enfermedades ligadas al consumo de carne roja. La evolución, una vez más, muestra su ingenio.
Adaptaciones genéticas que marcan la diferencia
El proyecto, liderado por la Universidad de California – Berkeley en colaboración con instituciones kenianas, analizó 367 genomas completos y más de siete millones de variantes genéticas. Entre las regiones bajo fuerte presión evolutiva, destacó el gen STC1, expresado en los riñones.
Este gen cumple dos funciones vitales:
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Conservación de agua: potencia la respuesta a la hormona antidiurética, concentrando la orina y reteniendo líquidos.
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Protección frente a dietas ricas en carne roja: evita daños renales derivados del exceso de purinas, reduciendo el riesgo de enfermedades como la gota, muy poco frecuente en la población turkana.
The Turkana people of northern Kenya have lived in one of the world’s driest places for thousands of years.
Researchers have discovered the #genetic secrets that help them thrive — and what happens when those same traits meet urban life.#Evolution @vuartsci pic.twitter.com/rriQWq4lHH— EvolutionVU (@EvolutionVU) September 18, 2025
Vivir en condiciones extremas
El entorno donde habitan los turkana se caracteriza por la ausencia de sombra, lluvias escasas e imprevisibles y largas jornadas en busca de agua para personas y animales. Su dieta, basada en un 70–80% en leche, sangre y carne, refleja la dependencia del ganado en un territorio casi sin agricultura.
Aun así, los científicos constataron un dato llamativo: el 90% de los individuos estudiados estaban deshidratados, pero gozaban de buena salud general. Para Julien Ayroles, coautor del trabajo, la permanencia de este modo de vida durante milenios ofrece una ventana única para comprender la evolución humana en tiempo real.
Una adaptación con raíces históricas
El surgimiento de estas variantes genéticas estaría vinculado a un periodo de aridificación hace unos 5.000 años, cuando el norte de África se volvió más seco. La selección natural favoreció los cambios que aumentaban la supervivencia en el desierto.
Además, los investigadores hallaron adaptaciones similares en pueblos vecinos, como los rendille, lo que refuerza la hipótesis de una respuesta evolutiva regional ante el cambio climático ancestral.

Más allá de los turkana: lecciones para el futuro
El estudio no solo ilumina la historia de una comunidad africana, sino que ofrece pistas para entender la resiliencia humana ante la crisis climática actual. Según Epem Esekon, funcionario de salud en Turkana, estas conclusiones demuestran cómo nuestros ancestros superaron transformaciones ambientales extremas gracias a la genética.
El trabajo también subraya el valor de la ciencia participativa: la colaboración directa con los turkana fue decisiva para interpretar los hallazgos en su contexto cultural y ecológico. La integración entre conocimiento tradicional y ciencia moderna abre nuevos caminos para comprender la adaptación y la supervivencia de nuestra especie.
Fuente: Infobae.