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Ciencia

El INTA logró hacer crecer maíz en la Patagonia con híbridos diseñados para sobrevivir heladas: así está cambiando la ingeniería genética la frontera agrícola del planeta

Investigadores del INTA realizaron ensayos exitosos con híbridos de maíz hiper-precoces en Santa Cruz y Chubut, zonas con temperaturas base de 6°C y ventanas de cultivo de apenas 100 a 120 días. Los rendimientos alcanzaron hasta 12.000 kg de grano por hectárea en El Hoyo. El avance ilustra cómo décadas de mejoramiento genético están desplazando hacia el sur la frontera de lo que es posible cultivar en ambientes históricamente considerados imposibles para el maíz
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El maíz es un cultivo tropical por naturaleza. Su origen está en las tierras cálidas de Mesoamérica, y durante milenios su distribución geográfica estuvo limitada por una barrera simple: el frío. Por debajo de los 10 °C, la planta deja de crecer. Por encima de esa temperatura pero con heladas impredecibles, el riesgo de perder la cosecha completa es tan alto que ningún productor razonable apuesta por él. La Patagonia, con sus heladas tardías, sus veranos cortos y sus temperaturas base de apenas 6°C, estaba del otro lado de esa barrera.

Hasta ahora. El INTA acaba de publicar los resultados de ensayos realizados en Santa Cruz y Chubut con híbridos de maíz de ciclo ultracorto, específicamente diseñados por mejoramiento genético para funcionar en condiciones que antes hacían imposible el cultivo. Los números son más que alentadores: en El Hoyo, Chubut, los mejores híbridos superaron los 12.000 kilogramos de grano por hectárea. En Perito Moreno, Santa Cruz, la producción de planta entera para silaje alcanzó entre 80 y 120 toneladas por hectárea.

Qué tiene de especial un híbrido hiperprecoz

Patagonia
© Diego Jimenez – Unsplash

La palabra clave es «precoz»: estos híbridos completaron todo su ciclo de vida, desde la siembra hasta la cosecha, en apenas 100 a 120 días, frente a los 150 o más días que necesita un maíz convencional. Eso no es solo una diferencia de velocidad: es la diferencia entre alcanzar la madurez antes de las primeras heladas otoñales o perder todo lo sembrado.

El mejoramiento genético que hace posible ese ciclo acortado combina varias modificaciones. La temperatura base de crecimiento, el umbral mínimo por debajo del cual la planta no crece, fue reducida a 6 °C en estos materiales, frente a los 10 °C del maíz convencional. La velocidad de secado del grano fue aumentada, lo que permite cosechar más rápido una vez alcanzada la madurez fisiológica. Y la resistencia a heladas moderadas fue incorporada para los estadios tempranos del cultivo, cuando la planta es más vulnerable.

«Actualmente estamos estudiando nuevos desarrollos de híbridos de maíz de distintas empresas semilleras que pusieron a disposición materiales que, por sus características, son prometedores, especialmente en nuestras zonas frías, donde el riesgo por heladas condiciona el crecimiento del cultivo», explicó Santiago Toledo, especialista del INTA Santa Cruz, en declaraciones recogidas por Agroempresario.

Los resultados: hasta 12.000 kg por hectárea donde antes no había nada

Los ensayos del INTA compararon seis híbridos hiperprecoces en distintas localidades de Santa Cruz y Chubut. En El Hoyo, Chubut, los híbridos LS Joalia y Zeta 125 superaron los 12.000 kilogramos por hectárea de grano, rendimientos que serían aceptables en zonas agrícolas tradicionales de la pampa húmeda, y que en la Patagonia cordillerana resultan extraordinarios.

En el Campo Experimental Trevelin, la mayor producción de planta entera para silaje la logró el híbrido Tirnavia con 22.120 kilogramos por hectárea de materia seca, un 88% más que el Zeta 125, el de ciclo más corto probado. En Santa Cruz, bajo condiciones de manejo intensivo con riego complementario, los rendimientos de grano alcanzaron los 7.000 kilogramos por hectárea, con hasta 120 toneladas de material verde por hectárea para silaje.

Guillermo Lexow, del INTA Esquel, advirtió que «la experiencia es de solo una temporada, por lo cual es recomendable repetir los ensayos durante más tiempo». La variabilidad entre híbridos fue alta (coeficiente de variación del 24,9%) y las diferencias estadísticas entre materiales no siempre fueron significativas, lo que indica que la elección del híbrido correcto para cada microambiente específico seguirá siendo clave.

Por qué importa más allá de la Patagonia

El caso de la Patagonia no es un experimento aislado: es un ejemplo local de una tendencia global. En Canadá, Rusia y Escandinavia, el mejoramiento genético de cultivos adaptados al frío viene desplazando la frontera agrícola hacia el norte desde hace décadas. El calentamiento global acelera ese proceso, pero la ingeniería genética lo hace posible incluso donde el clima todavía es hostil.

El maíz en particular tiene una historia de expansión geográfica impulsada por el mejoramiento vegetal. Las primeras variedades híbridas comerciales en los años 30 ya duplicaban los rendimientos del maíz de polinización abierta. La introducción de la temperatura base reducida y los ciclos ultracortos en los últimos 20 años abrió regiones que antes eran directamente inviables.

Para la Patagonia, las implicaciones son concretas: la ganadería extensiva de ovejas y vacas que domina esa región sufre históricamente de escasez de forraje en otoño e invierno. El maíz hiperprecoz producido localmente podría cubrir ese bache estacional con energía y fibra de alta calidad sin depender del transporte desde provincias productoras del norte, lo que reduciría costos de nutrición animal y aumentaría la autosuficiencia productiva de una región que representa casi el 30% del territorio argentino.

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