A unos 26.000 años luz de la Tierra, en el corazón de la Vía Láctea, se encuentra Sagitario A*, un agujero negro con una masa equivalente a aproximadamente cuatro millones de soles. Aunque está rodeado de estrellas, polvo y enormes nubes de gas, su actividad es sorprendentemente baja.
Ahora, una investigación realizada con el telescopio espacial James Webb ha identificado una característica fundamental de ese entorno: las nubes cercanas contienen una elevada proporción de elementos químicos pesados, conocidos en astronomía como metales.
El descubrimiento ofrece nuevas pistas sobre la composición del material que rodea al agujero negro y los procesos que podrían determinar su alimentación.
Un descubrimiento que revela de qué está hecho el centro de nuestra galaxia
Un equipo de investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, utilizó los instrumentos infrarrojos del James Webb para analizar las emisiones de distintas nubes gaseosas próximas a Sagitario A*.
En astronomía, el término metal incluye todos los elementos más pesados que el hidrógeno y el helio, como el carbono, el oxígeno, el silicio y el hierro. Los resultados mostraron que la composición química del gas presenta similitudes con la de numerosas estrellas que orbitan en la misma región.
Esta coincidencia sugiere que ambos componentes podrían compartir parte de su historia. Una posible explicación es el enriquecimiento producido por antiguas explosiones de supernovas, que liberaron elementos pesados al espacio.

Por qué Sagitario A* consume tan poca materia
Uno de los grandes interrogantes de la astronomía es por qué el agujero negro central de nuestra galaxia presenta una actividad tan reducida en comparación con otros objetos supermasivos.
Aunque su enorme gravedad atrae materia, solo una pequeña fracción del material disponible parece llegar a ser consumida. La nueva investigación podría contribuir a resolver este misterio porque los elementos químicos presentes en el gas influyen directamente en su comportamiento.
Los metales modifican la capacidad del material para enfriarse, condensarse y desplazarse bajo la influencia de la gravedad.
Sin embargo, factores como los campos magnéticos, la turbulencia y la radiación también intervienen en el proceso. Por eso, conocer la composición química constituye una pieza importante, aunque todavía insuficiente, para explicar la baja actividad de Sagitario A*.
El James Webb abre una nueva ventana al pasado de la Vía Láctea
La capacidad infrarroja del telescopio permitió atravesar visualmente las densas regiones de polvo que dificultan las observaciones tradicionales del centro galáctico.
Además, su precisión hizo posible distinguir las señales de diferentes nubes y estudiar sus características individuales. Los científicos esperan combinar estos datos con simulaciones que reproduzcan la evolución del gas durante largos períodos.
El objetivo será determinar cómo las estrellas cercanas aportan material, qué condiciones favorecen su acumulación y cuánto termina acercándose al agujero negro.
Aunque todavía quedan preguntas abiertas, el descubrimiento demuestra que estudiar la química del gas puede resultar fundamental para comprender no solo el comportamiento de Sagitario A*, sino también la evolución de los agujeros negros supermasivos presentes en otras galaxias.