En el árido desierto de Atacama, donde pocas formas de vida logran sobrevivir, crece un cactus que ha cautivado a coleccionistas de todo el mundo. Su rareza y resistencia lo han convertido en un objeto de deseo, pero también en el centro de una investigación policial que sacudió a Europa.
¿Cómo llegaron miles de estos cactus a manos de un traficante italiano? ¿Y qué consecuencias tuvo este caso para la lucha contra el comercio ilegal de especies?
Un cactus valioso y un robo internacional

Lo que parecía un simple envío sospechoso en el aeropuerto de Milán Malpensa en 2013 terminó destapando una de las redes más grandes de tráfico de cactus en Europa. La aduana interceptó un paquete con 143 ejemplares de Copiapoa, un cactus endémico de Chile, con documentos fitosanitarios falsificados.
Las autoridades siguieron la pista hasta la casa de Andrea Piombetti, un coleccionista de plantas en Italia. Lo que encontraron superó cualquier expectativa: cientos de cajas con más de 1.000 cactus, algunos con cientos de años de antigüedad, extraídos ilegalmente del desierto chileno.
Una red de tráfico global al descubierto

El análisis de su computadora y celular permitió descubrir que Piombetti no actuaba solo. Su red incluía a un cómplice local, Mattia Crescentini, y al menos diez comerciantes ilegales de plantas que vendían los cactus en subastas en línea. Los compradores, provenientes de todo el mundo, pagaban miles de dólares por cada ejemplar.
Uno de los clientes más frecuentes era un coleccionista japonés que enviaba a Piombetti pagos mensuales de 2.600 dólares. El comercio de estos cactus raros se había convertido en un negocio lucrativo que ponía en peligro la biodiversidad del desierto de Atacama.
Un juicio histórico y una decisión sin precedentes

El caso, bautizado como “Operación Atacama”, se convirtió en un referente en la lucha contra los crímenes ambientales. Tras años de investigación, la justicia italiana condenó en 2025 a Piombetti a 18 meses de prisión y una multa de 26.000 dólares, mientras que Crescentini recibió una pena de 12 meses y una multa de 19.000 dólares.
Pero el impacto del juicio fue más allá de las sanciones penales. Por primera vez, un tribunal europeo ordenó a los acusados pagar una compensación directa a una organización de conservación, en este caso, la Associazione per la Biodiversità e la sua Conservazione (ABC). Los 21.000 dólares de reparación se destinarán a la investigación y preservación de especies en peligro.
Además, en un hecho inédito, 840 cactus incautados fueron repatriados a Chile. Ahora, se encuentran en un invernadero del desierto de Atacama, aunque no podrán volver a su hábitat natural por la falta de registros exactos sobre su procedencia.
Una amenaza persistente para el Copiapoa
Aunque el caso sentó un precedente legal, la realidad en el desierto de Atacama sigue siendo preocupante. El tráfico de cactus continúa, impulsado por la creciente demanda en mercados internacionales. Grupos locales como Caminantes del Desierto intentan proteger estas plantas, pero el acceso cada vez más fácil al territorio y la falta de regulaciones efectivas complican su labor.
Además del tráfico ilegal, el Copiapoa enfrenta otro enemigo silencioso: el cambio climático. El aumento de las temperaturas, la disminución de la niebla costera y la expansión de la industria minera amenazan con hacer desaparecer esta especie en estado salvaje.
El futuro del cactus más codiciado del mundo
El caso de Piombetti marcó un punto de inflexión en la lucha contra los crímenes ambientales, pero aún queda mucho por hacer. La batalla por proteger el Copiapoa sigue abierta, y su destino depende de la conciencia global sobre la importancia de preservar la biodiversidad.
Mientras tanto, en algún rincón del desierto de Atacama, un pequeño Copiapoa florece, desafiando las adversidades y recordando que la lucha por su supervivencia está lejos de terminar.