En 2006, investigadores que estudiaban almejas frente a las costas de Islandia encontraron un ejemplar de Arctica islandica que terminaría convirtiéndose en uno de los animales más famosos de la biología de la longevidad. Al analizar los anillos de crecimiento de su concha, similares a los utilizados para determinar la edad de los árboles, calcularon que había vivido 507 años.
El ejemplar fue apodado Ming porque habría nacido alrededor de 1499, durante la dinastía Ming en China. Más allá de la curiosidad histórica, su existencia abrió una pregunta mucho más interesante: ¿cómo puede un organismo mantener sus tejidos funcionales durante más de cinco siglos?
La respuesta no parece depender de un único “gen de la longevidad”. Los estudios realizados sobre esta especie apuntan hacia una combinación de mantenimiento celular eficiente, metabolismo extremadamente flexible y una elevada resistencia al daño molecular.
Una extraordinaria capacidad para conservar sus proteínas
Uno de los procesos asociados al envejecimiento es la pérdida progresiva de la proteostasis, el conjunto de mecanismos que permiten fabricar, plegar, reparar y eliminar proteínas correctamente.
Cuando esas funciones comienzan a deteriorarse pueden acumularse proteínas dañadas o mal plegadas, un fenómeno relacionado con diferentes enfermedades asociadas a la edad.

En Arctica islandica, en cambio, los investigadores han observado una notable estabilidad de las proteínas y de los sistemas encargados de controlar su calidad. Sus células parecen conservar durante períodos extraordinariamente largos la capacidad de eliminar componentes deteriorados y mantener funcionando su maquinaria molecular.
Esta resistencia resulta especialmente interesante al compararla con otros moluscos emparentados cuya esperanza de vida es considerablemente menor.
Membranas celulares más resistentes al daño
Otra posible pieza del rompecabezas está en los lípidos que forman las membranas celulares.
Determinados ácidos grasos poliinsaturados son particularmente vulnerables a la oxidación. Cuando reaccionan con especies reactivas de oxígeno pueden desencadenar procesos de peroxidación lipídica, capaces de dañar las membranas y generar nuevos compuestos reactivos.
La almeja de Islandia presenta una composición lipídica relativamente resistente a este proceso, lo que podría ayudar a limitar parte del deterioro molecular acumulativo.
No significa que sus células estén completamente libres del estrés oxidativo, sino que parecen disponer de características que reducen su vulnerabilidad frente a sus consecuencias.
Puede reducir su metabolismo de manera extrema
Su estilo de vida también podría ayudar.
Arctica islandica habita las frías aguas del Atlántico Norte y puede enfrentarse a períodos de escasez de alimento o concentraciones muy bajas de oxígeno. Para sobrevivir, es capaz de reducir profundamente su metabolismo y permanecer enterrada en el sedimento durante determinados períodos.
Cuando disminuye la actividad metabólica también cae el consumo de oxígeno y la producción de algunos subproductos celulares. Repetido a lo largo de décadas o siglos, este comportamiento podría contribuir a disminuir parte del desgaste asociado con un metabolismo continuamente elevado.
Es una estrategia que aparece, de diferentes formas, en varios organismos extraordinariamente longevos.
#MesDelMar 🌊 | La almeja oceánica es un molusco nativo del Atlántico Norte, y se trata del animal más longevo👵🏼: su edad se estima en 507 años pic.twitter.com/ZFf56Zxu2F
— Sociedad Civil por la Acción Climática (@SCAC_Chile) May 12, 2021
Qué puede aprender la medicina de una almeja de cinco siglos
Otro requisito inevitable para alcanzar edades tan extremas es conservar la integridad del material genético. Las células están expuestas constantemente a daños en el ADN y necesitan sistemas capaces de detectarlos y repararlos.
Por eso, los investigadores estudian en Arctica islandica cómo funcionan sus mecanismos de reparación celular, respuesta al estrés y eliminación de componentes dañados, buscando entender qué distingue a un organismo que puede sobrevivir varios siglos de otro que envejece mucho más rápido.
Eso no significa que sus mecanismos puedan trasladarse directamente a los seres humanos ni que este molusco esconda una fórmula para vivir 500 años. Su importancia está en otro lugar.
Durante décadas, buena parte de la investigación sobre envejecimiento utilizó animales de vida relativamente corta, como ratones o moscas. Especies como Arctica islandica permiten hacer la pregunta inversa: en vez de estudiar únicamente por qué los organismos envejecen, observar qué hacen de manera diferente aquellos que parecen extraordinariamente buenos evitando el deterioro durante siglos.