El festival de heavy metal más grande del mundo, el Wacken Open Air de Schleswig-Holstein en Alemania, tiene mucha fama. En parte por su campamento de música para los jóvenes aspirantes a músicos, y además por los espacios temáticos medievales y post-apocalípticos. Por si fuera poco, también hay “Metal Yoga”. Pero a partir de este mes se suma un nuevo aspecto, gracias a un estudio médico revisado por expertos.
Los neurocientíficos del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y del Cerebro Humano, estudiaron a 122 metaleros pesados por su capacidad para soportar el dolor. El experimento se hizo en el Wacken Open Air de 2023, donde se monitoreó a un grupo de control de 60 participantes un día antes del festival, y a 62 personas que, tres o cuatro días después, el estudio dijo que “ponían su mano y antebrazo dominante en agua fría para ver cuánto tiempo podían tolerarlo”.
Tras los ajustes por variables externas, como excluir a los asistentes que estaban bajo la influencia del alcohol o a los participantes que sufrían de dolor crónico, los resultados mostraron algo que resulta prometedor: disfrutar de unos días de metal en vivo parece mejorar la tolerancia al dolor.
“La intensa experiencia musical de varios días consecutivos en el festival de metal no tuvo un efecto negativo en cómo percibían el dolor los participantes del estudio, sino que, por el contrario, lograban soportar el dolor inducido por el frío durante más tiempo que los del grupo de control”, declaró Lydia Schneider, investigadora del doctorado del instituto a cargo del proyecto.
Mirar fijo a la muerte y permanecer quieto

Aunque algunos estudios ya han explorado la relación entre escuchar tu música favorita y cómo percibes el dolor (fenómeno conocido como analgesia inducida por la música), la investigación de los efectos del heavy metal solo se había hecho con encuestas a los asistentes. El científico cognitivo Tom Fritz, que trabajó con Schneider en el nuevo estudio, dijo que los resultados podrían tener un impacto real algún día en pacientes reales.
“Es relevante para el grupo de pacientes con dolor crónico porque en un contexto clínico a menudo se usa la música para inducir sentimientos positivos y relajación, pero cuando se trata de dar rienda suelta a tu enojo, no quieres escuchar música relajante en realidad”, declaró Fritz.
En diversos géneros las investigaciones vinculan la liberación natural de la oxitocina, “hormona del amor”, con el disfrute y el alivio del dolor. Pero los investigadores afirman que hay valores estereotípicos de la subcultura de los fans del metal que podrían contribuir a este proceso.
“Aceptar los estados emocionales desagradables o las situaciones difíciles tiene un rol importante en la resiliencia y la tolerancia al dolor, porque no disfraza ni enmascara las emociones no placenteras», escribieron Schneider y Fritz en el estudio que se publicó este mes en Scientific Reports. “Vale la pena señalar que esto está en línea con los temas comunes a la música del metal que suele expresar emociones difíciles y problemas de la vida, y no busca enmascarar esas cosas como felicidad”.
Palabras que se callan, acciones que se reprimen
Schneider y Fritz se esforzaron por reducir la incertidumbre en su estudio, utilizando herramientas de planificación G*Power, por ejemplo, para encontrar el tamaño mínimo de muestra que aseguraría que su trabajo fuera estadísticamente significativo. Sin embargo, observaron que antes tenían que estudiar muchos factores que estaban fuera de su control para poder afirmar que el heavy metal tiene el singular poder de lograr que la gente pueda tolerar el dolor físico.
Otros ensayos para estudiar la tolerancia al dolor, al calor o a la presión podrían tener resultados diferentes, y repetir estos experimentos en festivales musicales de otros géneros podría respaldar la idea de que la liberación de oxitocina fuera el factor definitorio, más que el sonido del metal.
Con todo, algunas facetas de su experimento apuntan drásticamente en favor del heavy metal. Los sujetos del estudio decían que sentían dolor, y no había evidencia de “mejora emocional de proceso, como lo indicaría la variabilidad en el ritmo cardíaco”, según indican los investigadores.
“Eso parece sugerir que aumentó la resiliencia, lo que significa que tal vez aceptaron las sensaciones desagradables relacionadas con la experiencia del dolor en mayor grado y se centraron en los factores que sí podrían tener influencia en ellos”, dijo Schneider.